Paren ya si consulta sí o consulta, no. Entierren de una vez  el cuento de la independencia catalana. En Cataluña -rica i plena- 69.000 niños pasan literalmente hambre. El Gobierno de un presidente títere llamado Artur Mas sólo se dedica a ver, de cuando en cuando, a Mariano Rajoy, otro que tal baila, para hablar ambos de la consulta. ¡Váyanse ambos al carajo!

¡Dimitan de sus cargos! Llevamos unos años en Cataluña dándole la vuelta a la barretina. El oasis que se inventó  Jordi Pujol  era una ficción, una mentira, una asquerosa tomadura de pelo. ¿A dónde vamos? ¿Es que el sucesor de Pujol y de su peligrosa familia  ha de conducirnos a un paraíso inexistente?

Todas las energías de CiU las conseguía el Gobierno nacionalista gracias al 3%  o más del 5%. Y eso, al menos, se sabía por toda Cataluña y el resto de España. ¡Qué vergüenza, qué sinvergüenzas, envueltos en la estelada!  Quieren la libertad para Cataluña, como si  no la tuvieran desde que firmaron en 1978 -tanto Pujol como Roca Junyent- la Constitución vigente.



Gritan contra España y también hay  demasiados españoles que odian a Cataluña. Son 69.000 niños catalanes los hambrientos. Y entre Artur Mas y Oriol Junqueras se frotan las manos pensando en la independencia. Viven en las nubes, alejados de la realidad, y así estamos.

En lugar de perder el tiempo, estos salvadores de la Patria de hace trescientos años gobiernan que dan pena. En Andalucía, la tierra de cientos de miles de charnegos, los niños pobres pueden ir al colegio y comer en la escuela. Susana Díaz no es ni Mas ni Junqueras. Y puso en marcha algo tan necesario como que los niños andaluces -los que no tienen sus familias dinero para darles de comer- coman. ¡Quo vadis, Catalunya, en manos de unos cuantos vividores que sueñan con una independencia que sólo conduce al abismo!