Castilla y León está atravesando una de las mayores emergencias forestales de su historia. Veinte días de fuego constante en provincias como León, donde las llamas siguen calcinando hectáreas y se suman a las ya más de 140.000 que han quedado arrasadas en toda la comunidad en este verano. Y mientras todo esto está ocurriendo, el consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, está desaparecido de la esfera pública, y el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, se ha despojado de las responsabilidades que le competen para culpar de todo, siguiendo la estrategia del PP nacional, al Gobierno de Pedro Sánchez.
Una vez en veinte días se ha visto a Suárez-Quiñones. Fue al tercer día del comienzo del fuego en León que arrasó el patrimonio de la humanidad de Las Médulas. Y se le vio únicamente para escucharle decir otra desafortunada frase que se suma a su hemeroteca. “Tenemos la mala costumbre de comer”, afirmó para justificar su presencia en una feria gastronómica en Gijón mientras las tierras leonesas ardían.
El consejero de Medio Ambiente ni siquiera ha asistido a las reuniones sobre el plan de recuperación y reconstrucción de las zonas afectadas por los incendios. Y Mañueco no ha podido hacer mejor cosa para justificarlo que alegar que prefiere que su consejero “se vuelque en la gestión del operativo”.
Un operativo que consideró un despilfarro. Fue en 2018 cuando sin despeinarse señaló que mantener el operativo anti incendios todo el año era “absurdo y un despilfarro”. “El mismo operativo todo el año de ninguna manera, es absurdo y un despilfarro. Sería tirar el dinero público que es de los castellanos y leoneses. El operativo tiene que estar como tiene que estar”, fueron las palabras textuales.
Pero no es el único en la Junta de Castilla y León que piensa esto, a la vista están las catastróficas consecuencias de años de recortes y privatizaciones en la prevención de incendios. El abandono y abuso que sufren en esta comunidad -no la única- los bomberos forestales que este miércoles se plantaron ante Mañueco y mientras saludaron a los reyes le retiraron la mano al artífice de sus malas condiciones laborales, ha dejado verse con su imposibilidad para afrontar la oleada de incendios.
Además, el PP en Castilla y León también ha votado en contra de la profesionalización de los bomberos, impidiendo la aprobación de una ley que solicitaba reconocer su categoría profesional, unas condiciones laborales dignas para estos trabajadores, un operativo de incendios público y todo el año...
Castilla y León tiene un problema. Mientras posee la mayor superficie forestal de España, su Gobierno esquiva su competencia de prevenir y extinguir incendios, y culpa al Ejecutivo central de no destinar suficientes medios para atajarlos. Los incendios se apagan en invierno, con trabajos de cuidado del monte, con cortafuegos, con mantenimiento -porque de poco sirve hacer un cortafuegos y olvidarse de cuidarlo-, con medios para el medio rural, abandonado por la Junta desde hace años.
Y mientras esto no se entienda, y no se exija a cada administración cumplir con sus competencias, los fuegos en verano seguirán siendo catastróficos, incluso cada vez más catastróficos ante una emergencia climática que acecha pese al negacionismo.