¿Que no hay padrino? ¡Pues no hay bautizo! A la Iglesia no le gusta que el padrino de un bautizo sea transexual y a la familia del transexual no le gusta que a la Iglesia no le guste su pariente. ‘Tour de force’ en la parroquia de San José Artesano, en San Fernando, que se arriesga a perder un nuevo inscrito pese a estar los tiempos tan difíciles como están para captar nuevos parroquianos. La hermana de Álex Salinas, el joven transexual al que la Iglesia impide ser padrino de su sobrino, ha decidido cancelar esta celebración, prevista para el mes de septiembre, hasta que las autoridades eclesiásticas cambien de parecer. Toda una declaración oficial de guerra. En teoría, padres y padrinos deben implicarse de manera más activa en bautismo y hasta iniciar una preparación catequética obligatoria. Pero eso es en teoría. Muy, pero que muy en teoría. El problema está donde siempre: en la abusiva discrecionaldiad con que la Iglesia aplica sus propias normas, inflexibles para unos e inexistentes para otros. El problema, en fin, está en esa obsesión de la Iglesia con ciertas inclinaciones sexuales de las personas, que Roma solía disculpar históricamente siempre, eso sí, que fueran debidamente negadas, ocultadas, reprimidas y enterradas, es decir, siempre que el culpable se comportara como un redomado hipócrita y se pasara toda su desgraciada vida mintiendo. Y si además de mentir a los demás el pobre se mentía también a sí mismo, miel sobre hojuelas: no había ni que ponerle penitencia. Pues bien, el joven Salinas y su familia, muy en contra del criterio de la Iglesia, han decidió no mentir. ¿Quién ganará la batalla de San Fernando? ¿Álex o la Iglesia? ¿La verdad o la mentira? ¿La libertad o la hipocresía? El joven gaditano piensa que el Papa está con él, pero hasta que el pontífice lea su memorial de agravios y tome una decisión será tarde porque para entonces el sobrino de Álex habría ido a la universidad, habrá ingresado en las filas del paro y será muy probablemente un redomado ateo que en las descreídas noches del verano gaditano de dentro de veinte años contará a sus amigotes cómo la Iglesia no le dejó otra opción que hacerse un ateazo de los de Padre y muy Señor mío y cómo el burlón cineasta Álex de la Iglesia había hecho una exitosa película sobre el asunto.