A quienes no son expertos en marketing político les dejó algo perplejos saber que la campaña electoral del Partido Popular en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, impulsada bajo el lema ‘Garantía de cambio’, había sido galardonada nada menos que con tres distinciones en los Napolitan Victory Awards, entregados en septiembre pasado en Was: Mejor Campaña Electoral del año, Mejor Campaña Digital y Mejor Campaña de Ataque.

¿Cómo era posible que a alguien se le ocurriera premiar la campaña de un partido que había sufrido una de las más abultadas derrotas de toda su historia?

En realidad, nadie puso entonces en Andalucía demasiado interés en saber qué era exactamente una ‘campaña de ataque’ (¿acaso no lo son todas las campañas electorales?), ni tampoco en escudriñar las interioridades de una estrategia propagandística que, a fin de cuentas y más allá de las burlas a Juanma Moreno por haberse fotografiado hablándole a una vaca, no parecía haber dado precisamente buenos resultados.

Con él llegó el escándalo

Aquella perplejidad ya olvidada ha encontrado respuesta esta semana tras ponerse de relevancia un hecho ya conocido, pero al que nadie pareció dar mucha importancia ni cuando el consultor Aleix Sanmartín presumió de haber llevado a Juanma Moreno a San Telmo ni cuando, hace solo tres semanas en un acto público, el propio consejero de Presidencia se jactaba del éxito conseguido: ese hecho era que, el 2-D, el PP había apostado sin complejos por “la desmovilización de la izquierda”.

En descargo de la imprudente locuacidad Bendodo hay que decir que cuando hizo esa revelación, entonces inocua pero hoy bastante embarazosa, no había saltado el escándalo conocido esta semana y protagonizado por el mismo Aleix Sanmartín que inspiró y dirigió la campaña de Moreno, aquella cuyo primer acto fue una rueda de prensa ante el puticlub de Sevilla donde hace diez años un exalto cargo socialista se había gastado en una sola noche 14.000 euros pagados con una tarjeta de la Junta de Andalucía.

De haber sabido lo que ha venido después, ni Sanmartín había presumido como lo hizo ni Bendodo habría admitido en público que su partido apostó por algo tan contrario al 'fair play' como la desmovilización de los votantes de tu adversario.

10 millones de impactos

Descubierto por eldiario.es, el escándalo debería avergonzar al Partido Popular, pero no lo ha hecho. Y eso que lo sabido hasta ahora deja pocas dudas sobre quién puede estar detrás del juego sucio revelado por el digital madrileño: personas directamente vinculadas a Sanmartín han invertido decenas de miles de euros en propaganda de Facebook, propugnando la desmovilización del votante de izquierdas en las elecciones del 10 de noviembre. En total fueron 59 anuncios con unos 10 millones de impactos o visualizaciones.

El juego sucio lo era por partida doble: por pedir en público la participación electoral pero gastar en privado miles de euros a favor de la abstención y por suplantar fraudulentamente la personalidad de un partido político de izquierdas –Más País– para hacer más creíble el llamamiento a los simpatizantes progresistas a no votar.

Que el PP andaluz dio una gran importancia a los Napolitan Victory Awards, otorgados a su campaña del 2-D por The Washington Academy y señalados por distintos medios como ‘los Oscar de la comunicación política’, queda demostrado por el hecho de que el consejero y portavoz del Gobierno andaluz, Elías Bendodo, interrumpió su agenda institucional para viajar a la capital norteamericana junto con Sanmartín para recogerlos.

El tutorial

El catalizador de la campaña desmovilizadora de diciembre era la página de Facebook ‘Socialistas por el Cambio’, que sigue apareciendo los buscadores de internet, pero cuyo contenido ha dejado de estar disponible: “Es posible que el enlace que has seguido –se explicar al clicar la página– haya caducado o que la página no pueda verla una audiencia a la que no perteneces”.

El propio Sanmartín explicaba recientemente en una entrevista televisiva que él “invertía millones” en Facebook porque esta red segmenta con precisión extrema los colectivos en los que desea influir el cliente.

Uno de los contenidos de la página era un ‘tutorial’ encabezado por este titular: “Aquí te explicamos cómo puedes votar al PSOE sin votar a Susana”. El segundo paso del mismo era ‘Tacha el primer nombre’ y mostraba una papeleta de la candidatura socialista sobre la cual alguien tachaba con rotulador rojo el nombre de Susana Díaz Pacheco, con lo cual el voto se computaba como nulo. Es lo que los expertos de The Washington Academy deben llamar ‘campaña de ataque’.

Un hecho fuera de lo común ocurrido en esas elecciones de diciembre pasado parece avalar la sospecha de que el juego sucio funcionó: el total de votos nulos fue de 81.133, prácticamente el doble de los 40.939 registrados en 2015 y casi cuatro veces más de los 23.369 registrados en los comicios de 2012.

Lo que nunca sabremos   

¿Qué influencia real tuvo en los resultados del 2-D la publicidad desmovilizadora ‘Socialistas por el Cambio’, al parecer ideada por Sanmartín y financiada por el PP? Es difícil, por no decir imposible, saberlo. Faltan datos que, naturalmente, el partido de Moreno no va a facilitar.

La división en la familia socialista, a cuenta del enfrentamiento entre pedristas y susanistas, era bien conocida y podría haber favorecido por sí sola la abstención. Como podrían haberlo en una franja del electorado socialista hecho los coqueteos de Pedro Sánchez con el independentismo y de los que la extrema derecha acabaría sacando petróleo.

El hecho de que la abstención también fuera devastadora para Adelante Andalucía, que no era objeto –que se sepa– de malas artes propagandísticas aconseja prudencia a la hora de cuantificar el impacto real de la campaña antisocialista. El juego sucio, efectivamente, existió; si fue realmente efectivo, nunca lo sabremos.