Diego Valderas (Bollullos Par del Condado, Huelva, 1953) es un líder del cual sus adversarios suelen pensar que son más listos que él. Sobre todo los adversarios internos de Izquierda Unida. A la gente que viene desde abajo no es fácil perdonarle que llegue arriba, particularmente si mucho después de haber llegado a arriba se empeña en no ocultar a nadie que viene de abajo. Valderas fue presidente del Parlamento en los dos años de la pinza con el PP, cuando Luis Carlos Rejón adoptó la extravagante y letal estrategia de “gobernar desde el Parlamento”, y acaba de ser durante casi tres años vicepresidente del Gobierno. Ambos cargos los ejerció con tenacidad y prudencia. Aquello de la pinza acabó como acabó: con Izquierda Unida en caída libre y escarmentada por no haber interpretado correctamente el sentido de los votos que le prestó el electorado andaluz de izquierdas en las elecciones de 1994, donde obtuvieron 20 diputados. En fin, teniendo en cuenta los tiempos eufóricos y vengativos que corrían entonces en la izquierda, Valderas no fue un mal presidente de la Cámara, aunque algunos siempre le han reprochado, y no sin alguna razón, cierta falta de reflexión al designar al artista encargado de pintar su retrato para la galería de presidentes del Parlamento… UNA CANDIDATURA COMPROMETIDA Coordinador regional de IULV-CA desde el año 2000, tras varias legislaturas quedándose fuera de la Cámara, en las elecciones de 2008 se jugaba su supervivencia política concurriendo por la circunscripción de Huelva, donde su elección no era en absoluto segura. Si no hubiera resultado elegido, hoy sería uno más de tantos cadáveres de la política andaluza que murieron siendo demasiado jóvenes para morir, aunque Valderas acaba, como quien dice, de dejar atrás los 60 (bien llevados, eso sí). Lo natural hubiera sido que ocupara el primer puesto de la candidatura de la coalición por Sevilla, pero no hubo manera. Se la jugó por Huelva y ganó. En 2012 repitió por Huelva y volvió a ser elegido, aunque solo por Sevilla había total garantía de resultar elegido. Las razones de esa pugna en el seno de Izquierda Unida son muchas, pero tal vez la principal de ellas sea la propensión de la izquierda a ponerse estupenda en el momento más inoportuno e incluso a costa de su propia supervivencia, corriendo muchas veces el riesgo de acabar, en efecto, convertida en la más estupenda… del cementerio. UNA ESCUELA DE REALIDAD A favor de Valderas juega el hecho de haber sido durante muchos años alcalde de su pueblo de Bollullos Par del Condado. Toda alcaldía es una escuela de realidad y a un coordinador de IU le viene bien esa escuela. Pero la gran prueba de fuego de IU y del propio Valderas llegaría en la primavera de 2012, con un PP que no obtuvo mayoría absoluta y cuando sólo un pacto con el PSOE podía impedir un Gobierno de Javier Arenas. Valderas apostó por el pacto y ganó. Hubo pacto y fue divertido mientras duró. Una rara combinación de miedos, cálculos, errores y novedades ha acabado con una bella amistad de casi tres años, aunque muchos dirán que en realidad ni fue amistad ni fue mucho menos bella. En todo caso, algo fue: algo que funcionó y Valderas puso todo de su parte para que fuera así. Ahora, el vicepresidente se despide como sin despedirse, sin ruidos ni solemnidades, más como un exalcalde de pueblo que como un vicepresidente del Gobierno. Haber sido alcalde de pueblo no solo es una lección de realidad, sino también de humildad. Valderas ha ejercido su vicepresidencia como si hubiera seguido ejerciendo su alcaldía: con humildad, con tenacidad, con prudencia.