En la periferia de Tarragona se sacan pasos en Semana Santa, se bailan sevillanas en la Feria de Abril, se tapea, se sacan las sillas a la puerta de la calle para tomar el fresco en verano, las fachadas de muchas casas son blancas, hay peñas y un festival flamenco, la tasa de paro casi dobla a la media catalana, no hay rastro de la lengua catalana, en lugar de esteladas en los balcones hay rojigualdas y se habla mayoritariamente en andaluz. Buenavista (9.200 habitantes), centro neurálgico de las luchas obreras, barrio levantado por la inmigración andaluza y feudo histórico de la izquierda, es desde ayer una de las plazas fuertes de Ciudadanos en Cataluña. El independentismo "aquí no tiene tirón, aquí somos españoles", decía Antonia antes de depositar su voto en la urna. Sefe, interventora del PSC en otro de los colegios electorales del barrio, sabe con exactitud dónde está la única estelada que cuelga de un balcón de Buenavista: "En la calle dos esquina con la nueve", explica esta maestra que se conoce al dedillo la radiografía social de un barrio en el que a la inmigración andaluza se le ha sumado la latina, la magrebí y la subsahariana. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]UNA BOMBA DE RELOJERÍA[/cita] Este cóctel es "una bomba de relojería", admite Javier Villamayor, concejal del barrio y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Tarragona, que señala que un 25% de la población proviene de países extranjeros y  esgrime que una de las prioridades del Gobierno municipal es tratar de hacerle ver a los habitantes de Buenavista que sus enemigos no son los nuevos trabajadores que se instalan en el barrio. Aunque los vecinos de Buenavista dicen que no son racistas, "las mejores ayudas sociales van para los inmigrantes, tienen más derechos que los españoles. Yo sólo pido igualdad", dice una joven de 26 años que acaba de votar a Ciudadanos en uno de los tres colegios electorales del barrio. Mientras la joven esgrime sus quejas, llega un hombre ataviado con una camiseta de clara simbología ultraderechista. "Votaré a Ciudadanos", admite quien niega ser xenófobo. "Yo soy español y ya está", zanja. Otro vecino, nacido en Sevilla, echa más leña al fuego de la xenofobia: "No aceptan nuestra cultura y eso es así". Mari Carmen, que regenta un bar que vive básicamente de las rentas que deja en el barrio el mercadillo de los domingos -"uno de los mercadillos más grandes de Europa", apostilla orgullosa-, desmiente a los ciudadanos que acusan a la nueva emigración de ser problemática: "En el barrio no hay inseguridad, lo que que hay es pobreza", sentencia. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]UN BARRIO DE ALBAÑILES[/cita] Una pobreza que el Ayuntamiento de la ciudad trata de atajar con ayudas sociales de emergencia creadas específicamente para hacer frente a la crisis en un barrio "de albañiles" que con el estallido de la burbuja inmobiliaria ha obligado a echar la persiana a muchas empresas. "Un tercio de todo la inversión en ayudas sociales municipales se destinan a barrios de esta parte de la ciudad", clarifica el concejal para explicar lo fuerte que aquí ha pegado la crisis. Josué Navarro, historiador que ha escrito junto a otros vecinos una biografía social de Buenavista, asegura que el auge de la xenofobia en los barrios de origen andaluz responde a que "reafirman su identidad siendo españolistas". "Ciudadanos lo sabe y actúa", explica este joven de 27 años nieto de jienenses que llegaron en los 60 a la ciudad a trabajar en la industria petroquímica. Él ha votado al PSC: "Podría haber votado a Catalunya sí que es pot, pero ante la falta de indefinicion sobre la independencia, he decidido votar a lo seguro desde posiciones progresistas", relata mientras limpia las mesas de la cafetería familiar en la que trabaja a la espera de que la Generalitat convoque oposiciones para profesores de Historia en la enseñanza pública. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]VOTANTE DE LA CUP Y ORGULLOSO DE SER CHARNEGO[/cita] Cerca de la cafetería donde trabaja Josué, uno de los pocos votantes de la CUP en el barrio se explaya: "Ciudadanos y el PP no son oficialmente partidos xenófobos, pero todos los xenófobos están votando a Ciudadanos y al PP". Este joven de 33 años con orígenes en la localidad cordobesa de Lucena está "orgulloso de ser charnego" y vota por la independencia "para que a mí no me pase lo que le pasó a mi gente en Andalucía", dice delante de la barra de un bar en el que se puede pedir una tapa de chicharrones, salpicón, pavía, puntillitas, adobo y cualquier tapa típica de Andalucía. El concejal de Buenavista, el socialista Javier Villamayor que ha crecido en el barrio, presume de las infraestructuras y servicios públicos que se ha conseguido "gracias a la lucha" de un vecindario fuertemente combativo que en las últimas elecciones municipales votó masivamente al PSC y que ahora ha decidido girar a la derecha situando como primera fuerza política a Ciudadanos, con un 35% de los sufragios -el doble de apoyos que en el conjunto de Cataluña- en un feudo tradicional de la izquierda. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LO IMPORTANTE ES PARTICIPAR[/cita] Arga Sentís, portavoz de Iniciativa per Catalunya (ICV) en el Consistorio tarraconense, anticipaba a primeras horas de la jornada electoral que la participación en los "barrios de poniente", donde se aglutina la población inmigrante tanto de la década de los 60 como la llegada en los últimos años, iba a ser determinante para el resultado. La participación en el barrio ha sido alta, superando en más de diez puntos la participación con respeto a los comicios autonómicos de 2012, aunque no ha sido suficiente para los intereses del PSC y la coalición de ICV, Podemos, EQUO e IU. Junts pel Sí y la CUP han obtenido resultados marginales, por debajo del 5%. No obstante, al concejal del barrio no le consuela: "La derecha ha ganado en un icono del movimiento obrero catalán". La polarización del voto entre los favorables y contrarios a la independencia se ha llevado por delante la memoria del barrio. Ciudadanos ha ganado en los tres colegios electorales, a bastante distancia del PSC. Si al resultado de Ciudadanos se le suma el del PP, la derecha ha recibido cerca del 50% de los votos en Buenavista. La emigración andaluza no quiere la independencia, pero tampoco quiere a la izquierda. Ni a los inmigrantes que no sean españoles.