Leequid

¿Por qué las aves se comen los plásticos que flotan en el mar?

Mar, 15 Nov 2016

La revista Science Advances, que edita la Universidad de California, ha publicado un texto indicando que los desechos plásticos desprenden un olor similar al de un compuesto sulfuroso, el DMS o dimetilsulfuro, muy parecido al olor del mar que conocemos, y que, desde hace miles de años, orienta a algunas aves marinas en su búsqueda de comida cuando están en mitad del océano.

Así, algunas aves marinas, del orden de las Procellariiformes (albatros, petreles, pardelas y paíños), tienen una mayor tendencia al consumo de plásticos debido a que sus fosas nasales tienen forma de tubo y un afinado sentido del olfato, y esto las expone en mayor medida a confundir el DMS al de los desechos plásticos. Otras aves, según han trasladado desde SEO/BirdLife, utilizan más la vista para para buscar alimento.

Cien mil aves muertas al año

Si algo nos enseñó el documental Isla Basura fue que los plásticos, que comenzamos a consumir para racionalizar el consumo de marfil –que a menudo implicaba explotación animal- y madera, están devorando al mundo. Y según la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, un millón de aves y 100 mil animales marinos mueren cada año por la ingesta de plásctico, y el material puede tardar hasta 450 años en degradarse.

A similares conclusiones ha llegado un estudio publicado en Marine Pollution Bulletin por un equipo que lidera el profesor Jacob González-Solís, del Departamento de Biología Animal y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio), que indica que el 66% de las aves marinas analizados habían ingerido al menos una pieza de plástico. En el caso de la pardela cenicienta, el 94% de los ejemplares contenían plásticos (con una media de quince fragmentos por individuo). En cuanto a la pardela balear y la mediterránea, el porcentaje de aves afectadas es del 70%. Los plásticos que flotan en la superficie del mar pueden causar ahogamiento, úlceras, infecciones y muerte a la fauna marina. A veces, con todo, se encuentran en el estómago de las presas capturadas por los pájaros marinos (consumo secundario).