Opinión
Un circo sin animales. Pixabay
Un circo sin animales para defender sus derechos.
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Madrid por fin animalista

Seguimos a años luz de las políticas animalistas de los países democráticos

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Jue, 9 Feb 2017

Seguimos a años luz de las políticas animalistas de los países democráticos. La protección animal y el respeto a los derechos animales son algo importante y, en muchos casos, prioritario desde que se cruza los Pirineos. Es curioso, si nos ponemos a enumerar los países que más maltratan a los animales en Europa (España, Portugal, Grecia, Irlanda) nos encontramos con un denominador común. Los países en los que más abunda la tortura contra los animales no humanos son los mismos que ostentan más intensa tradición religiosa y menos tradición democrática; en esa misma proporción, inversamente proporcional. Y, al contrario, los países más democráticos del mundo, los nórdicos, poseen las sociedades más avanzadas y más solidarias con la vida animal.

Creo que es importante entender bien esa relación directamente proporcional entre religión y desprecio a los animales. Milan Kundera, en 'La insoportable levedad del ser', lo expone con una claridad argumental irrefutable (“En el mismo principio del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre, y no por un caballo”). El filósofo colombiano Fernando Vallejo es otro de los grandes pensadores que difunde en su obra el origen cristiano del maltrato animal. No hay más que ver que España, el país más católico de Europa, es el que ostenta el mayor estatus en la materia. España es también, con diferencia, el país que más animales abandona, según las cifras; no es nada extraño, hablamos del país en el que su “fiesta nacional” es un espectáculo aberrante de tortura y de muerte de un ser vivo inocente. No olvidemos que, aun estando perseguido, en muchos lugares se siguen ahorcando perros cuando dejan de servir para cazar, con una insensibilidad que hiela el alma.

A través de la ideología y la dogmática cristianas se nos insensibiliza, y se nos adoctrina, desde que apenas tenemos uso de razón, en la idea falsa y falaz de que el hombre es el rey de “la creación”, y dios le regaló la naturaleza y a los animales para su uso y disfrute. Esa idea cruel, acientífica y aberrante es la raíz primigenia del odio y el desprecio que se ha ejercido durante veintiún siglos contra los animales, y lo que quede. En esa tesitura no es nada extraño que gestores políticos católicos y ultracatólicos (Partido Popular, por descontado) creen cátedras universitarias sobre “tauromaquia”, multipliquen la financiación a la “mafia” taurina en plena época de crisis, resuciten disparates que llaman tradiciones en los que se tortura sin piedad a un animal, como la caza del jabalí, resucitada por Cospedal. Y que hasta se llegue al extremo surrealista de que, a través de la modificación de la Ley de Protección de animales domésticos de 1990, en el Madrid de Ana Botella, se haya llegado a perseguir y a multar por alimentar a animalillos callejeros y abandonados, incluidas las palomas de los parques, a título de curiosidad.

El animalismo es un tema sistemático y recurrente en los partidos políticos en la Europa más democrática. Animalismo es política

El animalismo es un tema sistemático y recurrente en los partidos políticos en la Europa más democrática. Animalismo es política. Tiene que ver con el respeto a los derechos de los seres vivos, con la economía solidaria y sostenible, con la abolición de la tortura, con la evolución y la sofisticación moral de los pueblos y sociedades, con la paz y el repudio a la violencia en cualquiera de sus formas. De hecho, una herramienta tradicional y sistemática de dictaduras y tiranías es la de alentar el maltrato contra animales en la población para embrutecerla y para habituarla inconscientemente al clasismo y al maltrato entre los propios humanos. Porque, en realidad, como todo, existen conexiones profundas entre todos los “dogmas” que nos rodean. En el fondo, se trata del pensamiento soberbio y tirano que propagan los que tienen una mente cuadriculada y no sólo no respetan la diversidad, sino que desprecian, maltratan o aniquilan a los que no son como ellos, por supuesto después de explotarlos. Clasismo, sexismo, especismo son, en esencia, lo mismo.

Pues bien, parece que, aunque a paso de caracol, en este país tradicionalmente cruel y maltratador se va avanzando poco a poco hacia nuevos modelos y paradigmas más evolucionados y sensatos. Muy paulatinamente algunas ciudades españolas han ido prohibiendo circos con animales, algo que está generalizado en Europa desde hace décadas. Y, por fin, el Ayuntamiento de Madrid ha aprobado el pasado 31 de enero elaborar una normativa sobre los derechos de los animales, normativa que veta en la capital los circos con animales. Bien por Carmena, y, muy a tener en cuenta, bien por Ahora Madrid, PSOE y CD,s, que apoyaron la propuesta. Y muy mal por el PP que, como dios manda y de acuerdo a su ideario de desprecio a todo y todos lo que no les proporcionen réditos, votó en contra. Los que llevan por bandera propia la palabra “moral” desconocen absolutamente su significado profundo y real; y construyen un simulacro adaptado a sus estrechas ideas.

“La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad humana, la más honda, radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.” La insoportable levedad del ser – Milan Kundera.

 

Coral Bravo es Doctora en Filología