2005 fue un año para la historia del deporte español en general. Fernando Alonso se proclamó Campeón del Mundo de Fórmula 1 con 24 años, siendo el más joven en conseguirlo hasta que Lewis Hamilton le arrebatara este honor en 2008, con 23 años, 9 meses y 26 días. Así empezó a forjarse la leyenda de uno de los mejores pilotos que han pasado por el Gran Circo en este siglo.

Cuatro años antes, en 2001, Fernando Alonso debutaba en la Fórmula 1 a los mandos de un Minardi, después de que Flavio Briatore y Renault decidieran cederle a esta escudería. En su primer año, con un monoplaza bastante inferior al resto, dejó algunos pinitos de lo que podía ser. Tanto es así, que el jefe de la escudería francesa decidió cortar la cesión y recuperarle como piloto de pruebas.

Un año después, en 2003, Fernando Alonso consiguió su primera pole en el circuito de Sepang (GP de Malasia), siendo el piloto más joven en lograrlo. Su primera victoria no tardaría en llegar. Fue Hungaroring (GP de Hungría), el 22 de agosto de 2003. Un diamante en bruto que no tardaría en pulirse.

El sueño ‘inalcanzable’

Cualquier aficionado a la Fórmula 1 creería imposible lo que Fernando Alonso, con su inolvidable R-25, consiguió en la temporada 2005. Sería la doble confirmación. El mundo estaba ante un piloto cinco jotas. Unas manos únicas que privaron a Ferrari y al legendario Michael Schumacher de sumar un nuevo entorchado mundial.

Era el año para la confirmación de Renault como alternativa a la histórica dupla ganadora de McLaren Mercedes – hoy separadas – y Ferrari. El proyecto de Flavio Briatore vería su sueño cumplido gracias a un joven piloto español que comenzó el Mundial sorprendiendo en las cuatro primeras carreras.

Un tercer puesto en el Gran Premio inaugural de Albert Park (Australia) dio paso a tres victorias consecutivas y a un liderazgo en el Campeonato de Pilotos que ponía tierra de por medio con sus competidores.

Clase magistral en San Marino

Imola fue el escenario de uno de los grandes premios más competidos que se recuerdan y donde el mundo de la Fórmula 1 comenzó a tomar en serio al piloto español. La relación Alonso-Renault era idílica y eso se tradujo a los trazados del Mundial, pero en especial al de este pequeño país.

En uno de los trazados más míticos, se daría un enfrentamiento a cara de perro entre el piloto emergente y las mejores manos de los tiempos, las de Michael Schumacher. Una rivalidad que se extendería en las próximas temporadas incluso entre Renault y Ferrari.

El piloto alemán intentó sobrepasar a un Fernando Alonso que realizó una de las mejores defensas de la posición que se recuerdan. Con un monoplaza que en recta podría ser superado por muchos de los coches de la parrilla, el asturiano cerró todas las puertas habidas y por haber para impedir que el Káiser le arrebatara su primer puesto en el mítico trazado de Imola. Un final de carrera de infarto que fue la consolidación de Fernando Alonso como alternativa al Mundial.

Dominador indiscutible

La fiabilidad del R-25 fue tal que, conjugado al talento de Fernando Alonso y Giancarlo Fisichella, supuso un título de Constructores para la escudería francesa que regía Flavio Briatore. No era el bólido más veloz de la parrilla, pero en las manos adecuadas, era un coche temido por todos.

Fernando Alonso no se bajó del podio en toda la temporada, sin contar Mónaco y Hungaroring, como consecuencia de dos accidentes. En el trazado monegasco, Magic solo pudo optar al cuarto puesto en carrera tras verse involucrado en un choque entre varios pilotos y verse obligado a pasar por boxes. En Hungría colisionó con el Toyota de Ralf Schumacher en la primera curva.

El resto de carreras del Mundial, Fernando Alonso no abandonó el podio. Un idilio sin igual para un piloto tan joven que hizo a todo un país madrugar para sentarse ante el televisor para ver las carreras al otro lado del planeta. Generó pasión por un deporte que apenas tenía acogida a pesar de contar con un Gran Premio en el calendario (Montmeló, Barcelona). 2005, año histórico para Fernando Alonso, la Fórmula 1 y al automovilismo en España.