La Camorra se ha fijado un nuevo objetivo: Pocho. Con un olfato infalible, este Jack Rusell ha descubierto dos toneladas de estupefacientes de la mafia de la Campania. Así que ese es el objetivo, le han condenado a muerte. Según los medios locales, incluso han fijado un precio sobre su cabeza para aquel que logre acabar con él.

Matteo Salvini, ministro de Interior italiano, escribió ayer en su perfil de Twitter: “Gracias a su nariz infalible, este perro antidroga ha hecho perder millones de euros a los camorristas que, por eso, ahora lo quieren MUERTO. Dais asco… Grande Poco, ¡te honro!”. Pero, la meta de acabar con Pocho cubre cualquier manera de llevarlo a cabo. Han dejado comida con droga en los apartamentos en los que tienen escondido hachís o marihuana. Aunque esto no va a suponer un problema para Pocho. Está entrenado para que, durante sus horas de trabajo, no coma. Sólo se rinde ante los premios de su entrenador.

El apreciado Pocho responde a las órdenes de Sandro, el agente con el que ha conseguido tal compenetración que el Ministerio de Interior ha autorizado que se vaya a vivir a su casa. Su último golpe fue en Nocera Inferiore (Salerno), cuando hace unas semanas encontró 30 kilos de cocaína. Pocho ha protagonizado historias increíbles: “Como cuando consiguió descubrir que en un biberón de un niño de pocos meses no había leche en polvo sino coca, o cuando olfateó marihuana cerrada en una bolsa sellada al vacío en un garaje a ocho metros de donde se encontraba -cuenta Sandro a Il Corriere della Sera-. Ladró delante de la puerta. Arañó con las patas y entendí que debía buscar allí. Cuando abrimos el garaje, saltó como un rayo hacia la bolsa que contenía la droga”.

La historia de Pocho se inicia en 2009, cuando un médico lo compró en un criadero y vivía, entonces, en Fuorigrotta, cerca del estadio del Nápoles de San Paolo. Le llamaron con el mismo nombre que tenía como apodo el futbolista Ezequiel Lavezzi cuando jugaba con este equipo. El hijo pequeño del médico desarrolló una alergia al pelo del animal y ese fue el motivo por el que fue donado a la policía. Tiempo después en el centro de adiestramiento vieron sus enormes posibilidades, y pasó el examen para ser perro policía con creces. En apenas unos segundos encontró la droga que necesitaba para superar la prueba.

Al contrario que los otros perros policía como los pastores alemanes o los labradores, Pocho es más pequeño, así que goza de más libertad para moverse. Pasea sin bozal, y no le dan miedo las sirenas ni los disparos de las pistolas. Le queda sólo un año para jubilarse, y la policía de Nápoles ya le está buscando un sustituto. Kira,un pastor alemán que ya está en actividad, es la que más papeletas tiene de ocupar su puesto.