“Europa es el paraíso” así cuenta Ousman Umar cual era su visión sobre el continente Europeo cuando era un niño y vivía en Ghana. Ousman relata en su libro Viaje al país de los blancos la travesía que realizó desde que salió de su país natal hasta que se asentó en Barcelona, su lugar de residencia actual. El título del libro recoge la visión que tenía su protagonista de los blancos y de su mundo. “Cuando vi un avión que surcaba los cielos pensaba que eran los dioses, no entendía porque mis juguetes no se movían”, relata. Con esta inquietud y llevado por la curiosidad Ousman emprendió el viaje al país de los blancos.

La primera vez que salió de su pueblo tenía 9 años, llegó a Techiman para aprender chapistería y de allí, impulsado por la necesidad de saber que había fuera de África, comenzó a viajar por el continente olvidado. “Me recomendaron ir a Libia, allí tendría un sueldo a final de mes, hasta entonces trabajaba a cambio de un plato de arroz y comida” explica a ElPlural.com.

El protagonista de esta historia llegó en minibús a Agadez, donde comienza el desierto del Sahara, “a partir de allí no hay caminos y nos ofrecieron viajar en Land Rover hasta Libia”, cuenta. El grupo que viajaba con Ousman fue finalmente abandonado “por los mafiosos” en mitad del desierto, con una cantimplora con agua, solos ante la inmensidad de arena. Ahí comenzó “el camino del infierno” como se denomina esta travesía. “Lo contaré mil veces para que no vuelva a suceder, pero los recuerdos son muy duros”. Aquel viaje comenzó con 46 personas, llegaron a Libia solo seis, después de tres semanas. “El camino estaba plagado de cadáveres y solo piensas en llegar”.

Este fue su primer infierno particular, la voz es la de Ousman pero la realidad es la de miles de personas que se enfrentan al Sahara para luego llegar al nuevo terror que es Libia. “Ser negro y sobrevivir en Libia era prácticamente un delito, tenía que tener diez ojos a la vez”.

Así estuvo cuatro años, cuatro años antes de llegar a enfrentarse a las olas del Mar Mediterráneo. “Mi sueño era ir al paraíso, no podía volver a Ghana después de todo. Europa estaba solo a 45 minutos”, explica. Para llegar a su ansiado edén Ousman tuvo que pagar a la mafia 1.800 euros y enfrentarse a la fiereza del mar. Su amigo Musa perdió la vida en una de las pateras, la barcaza se rompió y su compañero de viaje se ahogó. “No tienes hambre, ni sed, ni sueño, la agonía te mata”, intenta explicar cuando recuerda aquel trágico viaje.

Su historia no ha perdido ni un ápice de vigencia, los hinchables que se hunden y se llevan la vida de miles de personas es una certeza que asola las aguas del ‘Mare Nostrum’ y que muestra la incapacidad de la Unión Europea para gestionar la inmigración, además de destapar la política xenófoba de algunos dirigentes que conforman el organismo europeo. “Los europeos olvidan que ellos también han sido inmigrantes” reflexiona Ousman cuestionado sobre la actualidad.

La crisis del Open Arms ha impuesto sobre la mesa la problemática que existe ante las políticas migratorias, el abandono de los integrantes del buque durante días en el mar reflejaba la insolvencia de los países europeos para abordar una solución. “Si estas ONGs están en el mar es porque responden a una cuestión humanitaria, si los estados cumplieran con su responsabilidad no harían falta”, reflexiona.

Para paliar el sufrimiento que conlleva este viaje, Ousman Umar, decidió crear su asociación NASCO Feeding Minds, cuyo objetivo es empoderar a los jóvenes ghaneses para que vean dentro de su hogar el propio “paraíso” y no tengan que pasar por las terribles vivencias que narra en su libro. “Contaré mi historia hasta que no haya más historias como esta que contar”.