Adelantar el reloj una hora parece un gesto menor. Apenas un ajuste automático en el móvil o un cambio casi simbólico en la pared de la cocina. Pero ese movimiento impone una nueva norma social que el cuerpo no siempre acata de inmediato: el organismo necesita tiempo de ajuste, sufre un desfase inicial y puede traducirlo en cansancio, irritabilidad o sensación de no rendir al cien por cien.
Aunque solemos asociarlo solo a dormir peor, el impacto es más amplio. El cuerpo funciona con un reloj interno preciso que organiza funciones básicas a lo largo del día: desde la alerta y la concentración hasta el apetito y la temperatura corporal. Cuando esa sincronía se rompe, la sensación no es solo “me he levantado mal”, sino un conjunto de señales que afectan a la vida cotidiana.
La clave está en que el cambio de hora altera de golpe la relación entre nuestra rutina y el entorno, especialmente la luz. En marzo, con el salto al horario de verano, muchas personas “pierden” una hora de sueño y, durante varios días, el cuerpo se mueve entre dos ritmos: el que dicta el reloj social y el que marca la biología. En ese choque aparecen los síntomas.
Un reloj interno que funciona con la luz
Para entender por qué una hora importa, hay que mirar al cerebro. La Dra. Blanca Díaz Montoya, jefa de Servicio de Neurofisiología Clínica en los hospitales universitarios Fundación Jiménez Díaz, Rey Juan Carlos, Infanta Elena y General de Villalba, explica que el sistema que permite acompasar el organismo a un día de 24 horas es el sistema circadiano, y lo define así: “el conjunto de las estructuras capaces de generar y sincronizar oscilaciones en las variables biológicas con el ciclo diario ambiental de 24 horas se denomina sistema circadiano (SC)”.
La especialista subraya que, dentro de ese sistema, el ritmo de sueño-vigilia es el más influyente y que su regulación no depende de una sola pieza, sino de varios elementos coordinados: “presenta tres componentes principales para su regulación: a) relojes circadianos (generadores de los ritmos diarios); b) vías de entrada (responsables de la sincronización ambiental); y c) vías de salida (implicadas en la transmisión de la señal al resto del organismo)”.
Ese “reloj” no es una metáfora. La Dra. Díaz Montoya señala que existe un centro principal: “el reloj circadiano principal está en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo (NSQ)”, y añade que su influencia va más allá del descanso, porque “no solo modulan los ritmos de vigilia y de sueño, sino otros muchos ritmos, como temperatura, hormonas, sistema inmune, etc.”.
Y aquí aparece el factor clave para comprender el cambio de hora: la luz. Para sincronizar el sistema con los días naturales, “se necesita la exposición diaria a señales periódicas del ambiente (zeitgebers), de las cuales la más importante es el ciclo de luz-oscuridad”. Dicho de forma sencilla: la mañana y el anochecer son órdenes biológicas.
Qué sucede cuando adelantamos el reloj
Si la luz guía el reloj interno, modificar el horario es como mover la brújula sin cambiar el norte. El Dr. Miguel Pintor Zamora, adjunto del Servicio de Neurofisiología Clínica en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, explica que “cuando hacemos cualquier cambio en nuestros horarios sociales, se produce un desajuste en nuestros ritmos biológicos”.
Ese desajuste no se queda en una simple sensación. El Dr. Pintor Zamora advierte de que “se pueden producir problemas a diferentes niveles, pero principalmente lo vemos reflejado en nuestro ritmo de sueño-vigilia”, y lo concreta: “podamos tener tanto problemas para conciliar el sueño como para estar activos durante el día”.
El médico recuerda además que no solo el cambio oficial provoca esto, sino cualquier modificación brusca de hábitos. Y resume la idea principal: “Nuestro cuerpo tiende de seguir el ritmo marcado por la luz”. Cuando el entorno cambia de golpe, el cuerpo necesita tiempo para reajustarse.
No todos lo sufrimos igual: búhos y alondras
La experiencia tras el cambio de hora no es idéntica para todos. El Dr. Rolando Agudo Herrera, jefe asociado del Servicio de Neurofisiología Clínica en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, apunta a un factor decisivo: “Uno de los más importante tiene que ver con el cronotipo de cada persona”.
El especialista explica que “las personas con mayor rendimiento vespertino-nocturno ‘búhos’, suelen tener mayor dificultad al cambio horario que ocurre en primavera, cuando se pierde 1 hora”, mientras que “las personas con mayor rendimiento matutino ‘alondras’ se adaptarán mejor”.
También influyen factores genéticos: “Hay factores genéticos que favorecen la adaptación más rápida ante los cambios horarios”, mientras que quienes tienen “un reloj biológico más rígido, se ajustarán más lentamente y toleran peor los cambios de horario”.
Los síntomas más frecuentes tras el cambio horario
Cuando el reloj interno y el social se desalinean, el cuerpo lo manifiesta. La Dra. Díaz Montoya explica que “es habitual que la población experimente un conjunto de alteraciones relacionadas al desajuste del ritmo circadiano”, y enumera: “dificultades para conciliar el sueño, somnolencia diurna, cansancio matutino, menor concentración, irritabilidad y sensación de ‘niebla mental’”.
La falta de descanso adecuado influye también en el estado de ánimo y en procesos como la depresión o las migrañas. En el caso de los niños, conviene vigilar si realmente
duerme bien.
La doctora añade que estos síntomas “pueden agravarse en personas con trastornos del sueño” y que “afectan especialmente a niños y adultos mayores, quienes pueden tardar hasta una semana en adaptarse al nuevo horario”.
Cuánto tarda el cuerpo en adaptarse
La Dra. Adriana Gómez Domínguez, adjunta en el Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario Infanta Elena, señala que “el tiempo de adaptación al cambio de hora varía entre personas, pero en general el organismo necesita entre 3 y 7 días para reajustar su ritmo circadiano”.
Explica además que el cambio de primavera “implica dormir una hora menos”, lo que “puede provocar sensación de cansancio, somnolencia diurna o dificultad para conciliar el sueño durante los primeros días”. En personas más sensibles, “los efectos pueden prolongarse hasta una o dos semanas”, aunque “lo habitual es que el cuerpo se sincronice progresivamente con el nuevo horario”.
Qué podemos hacer para adaptarnos mejor
La Dra. Beatriz Estrella León, adjunta del Servicio de Neurofisiología Clínica en el Hospital Universitario Infanta Elena, recuerda que “tanto para la adaptación al nuevo horario como para el resto del año, es necesario mantener una adecuada higiene de sueño”.
Entre las recomendaciones enumera “mantener horarios regulares”, “disminuir el consumo de cafeína”, “evitar la exposición a pantallas y luz intensa en las últimas horas del día” y limitar las siestas. El impacto del abuso de pantallas sobre el descanso es cada vez más evidente. Además, en el cambio de marzo “se recomienda que la exposición a la luz solar sea durante la mañana”.
Cuando el desajuste va más allá del sueño
El Dr. Gonzalo Díaz Cano, adjunto del Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, define el fenómeno como “cronodisrupción”, es decir, “la alteración de la relación normal de fase entre los ritmos circadianos y los ciclos ambientales de 24 horas”.
Advierte que puede afectar al “rendimiento cognitivo, el aprendizaje y el estado de ánimo”, y que a nivel metabólico “se ha asociado a hiperglucemia, hipertrigliceridemia, resistencia a insulina, así como a hipertensión”. Este vínculo con la
obesidad y el metabolismo refuerza la idea de que dormir bien es salud integral.
¿Aumentan las consultas médicas?
La Dra. Elena Torras de Caralt, adjunta del Servicio de Neurofisiología Clínica en el Hospital Universitario General de Villalba, aclara que “no observamos un aumento significativo de consultas por insomnio de la población general sana”.
Sin embargo, en personas con insomnio crónico “es más probable que presenten una mayor dificultad para adaptarse a los cambios de horarios”. Por eso recomienda “crear una estrategia de adaptación previa modificando los horarios de sueño de forma progresiva y aumentando la exposición a luz por la mañana”.
El debate final: ¿deberíamos eliminar el cambio de hora?
La Dra. África Bueno García, adjunta del Servicio de Neurofisiología Clínica en el Hospital Universitario General de Villalba, afirma que “desde una perspectiva de salud del sueño, eliminar el cambio de hora estacional tendría un gran beneficioso para la salud”.
En la misma línea, la Dra. Díaz Montoya recuerda que “el conjunto de la literatura científica actual respalda la abolición del cambio horario estacional como medida potencialmente beneficiosa para la salud circadiana y del sueño”. El reloj administrativo puede cambiar de un día para otro. El biológico, no. Y aunque la mayoría de las personas se adapta, el esfuerzo existe, se nota y tiene consecuencias.
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google Discover