La misión Artemis II ha culminado con éxito tras diez días en el espacio y más de un millón de kilómetros recorridos. La cápsula Orion ha amerizado en el océano Pacífico, cerca de San Diego, a las 2:07:47 (hora peninsular española), con sus cuatro tripulantes en perfecto estado de salud.
“Estable uno y derechos”, ha comunicado el comandante Reid Wiseman tras el aterrizaje, confirmando que la nave ha tocado el agua en posición correcta. Junto a él han viajado Christina Koch, la primera mujer en llegar a la Luna; Victor Glover, el primer afroamericano; y Jeremy Hansen, la primera persona de fuera de Estados Unidos en participar en una misión lunar.
Durante los últimos minutos de descenso, la nave ha atravesado la atmósfera a cerca de 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas superiores a los 2.500 grados. Durante seis minutos se ha perdido toda comunicación con la Tierra debido al plasma que ha rodeado la cápsula. “Houston, te oímos alto y claro”, ha dicho Wiseman al recuperar la señal. Minutos después, los paracaídas se han desplegado y la nave ha aterrizado a unos 30 kilómetros por hora.
Artemis II ha sido la primera misión tripulada que ha orbitado la Luna desde 1972 y ha batido varios récords. La tripulación ha alcanzado una distancia máxima de 406.800 kilómetros de la Tierra, convirtiéndose en los humanos que más lejos han viajado en el espacio. Durante el sobrevuelo lunar, han observado zonas de la cara oculta de la Luna a unos 6.500 kilómetros de altitud, algo nunca visto directamente por seres humanos. Uno de los momentos más destacados ha sido el eclipse total de Sol que han presenciado desde el espacio. Según Glover, fue “la vista más extraña e irreal”, con el resplandor de la Tierra iluminando la superficie lunar. Además, los astronautas han capturado más de 7.000 imágenes durante la misión.
Unas cuatro horas antes del aterrizaje, las cámaras exteriores ya mostraban los propulsores de la cápsula y la Tierra como un disco azul brillante en fase casi de cuarto creciente. Ese mismo día, los astronautas se despertaron a las 11:35 (hora de la costa este de EE UU, 17:35 en España) y comenzaron a preparar la nave para el regreso, el momento más arriesgado que les quedaba.
El momento más crítico: la reentrada
El regreso a la Tierra ha sido la fase más peligrosa de la misión. La cápsula ha tenido que entrar en la atmósfera con un ángulo extremadamente preciso, con menos de un grado de margen de error. Antes de la reentrada, la Orion se ha separado del módulo de servicio europeo, que se ha desintegrado posteriormente.
El escudo térmico, uno de los elementos más vigilados tras los problemas detectados en Artemis I, ha soportado con éxito las altas temperaturas.El escudo térmico había sido uno de los puntos más controvertidos tras Artemis I. En aquella misión no tripulada de 2022 se detectaron daños importantes, lo que llevó a críticas como las del astronauta Charles Camarda, que advirtió de riesgos comparables al accidente del Columbia en 2003.
La NASA revisó el diseño, ajustó el ángulo de entrada y analizó los materiales. Estas mejoras permitieron afrontar la reentrada con mayor seguridad, según explicó Debbie Korth, responsable del programa Orion. “Todo empezará rápido y acabará incluso más rápido”, había señalado el ingeniero Rick Henfling antes del descenso. Unos 35 minutos antes de la reentrada, la nave se separó del Módulo Europeo de Servicio, construido por empresas europeas —incluidas españolas—, que había sido esencial al proporcionar aire, agua, climatización y propulsión durante todo el viaje.
Tras la separación, la cápsula giró para situar el escudo térmico en la parte frontal. Este sistema, diseñado con materiales capaces de absorber calor extremo, protegió a la tripulación durante toda la maniobra automática, en la que los astronautas viajaban de espaldas. A unos 120 kilómetros de altura ha comenzado el descenso. En apenas segundos, la nave ha quedado envuelta en plasma, lo que ha provocado el apagón de comunicaciones. A seis kilómetros del océano se han desplegado los paracaídas, reduciendo la velocidad hasta permitir un amerizaje preciso, a menos de una milla del punto previsto.
También ha destacado la precisión del equipo: “teníamos menos de un grado de margen… y lo lograron. Eso no es suerte, son mil personas haciendo su trabajo”. El director del programa Orion, Howard Hu, ha reconocido emocionado que la misión ha superado cualquier ficción: “Y ojalá los niños que están enamorados de la exploración espacial se inspiren en nosotros, especialmente en nuestra tripulación”.
El inicio de una nueva era lunar
El éxito de Artemis II ha marcado el inicio de una nueva etapa en la exploración espacial. “Hace 53 años dejamos la Luna. Esta vez regresamos para quedarnos”, ha afirmado Amit Kshatriya en una rueda de prensa en Houston.
El objetivo del programa Artemis es establecer una presencia permanente en la Luna, con misiones de alunizaje previstas a partir de 2028 y planes de colonización en la década siguiente. Este proyecto también se enmarca en la carrera espacial con China, que prevé llevar astronautas al satélite antes de 2030.El administrador Jared Isaacman ha destacado la relevancia de la cooperación internacional, subrayando el papel de Canadá y Europa, responsables del módulo de servicio que ha proporcionado propulsión, además de oxígeno, agua y control térmico durante todo el viaje.
La misión ha demostrado además la importancia de la colaboración internacional, con la participación de Europa en el módulo de servicio y de Canadá en la tripulación. Según la NASA, los cuatro astronautas han sido “embajadores de la humanidad”. Tras el amerizaje, los equipos de rescate han abierto la escotilla y han evacuado a la tripulación, que será trasladada al Centro Espacial Johnson en Houston. “Cuatro tripulantes en verde”, ha confirmado Wiseman.
El éxito de Artemis 2 inaugura una nueva etapa. El objetivo no es solo regresar, sino explotar recursos, establecer bases permanentes en la Luna y utilizarla como plataforma para futuras misiones a Marte. Las próximas etapas incluyen nuevas misiones a partir de 2028, con pruebas de acoplamiento con módulos desarrollados por empresas como SpaceX y Blue Origin, antes de iniciar los alunizajes y la futura colonización del satélite.