Sociedad
Antonio Manuel Guerrero Escudero (izquierda) y Alfonso Jesús Cabezuelo, junto a otros dos integrantes de La Manada.
Antonio Manuel Guerrero Escudero (izquierda) y Alfonso Jesús Cabezuelo, junto a otros dos integrantes de La Manada.

Así es la vida de dos de los integrantes de La Manada en la cárcel militar

El guardia civil y el soldado que, junto a otros tres jóvenes, están siendo juzgados por violación regresarán esta semana a este establecimiento penitenciario

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Sáb, 25 Nov 2017

Dejaron la cárcel militar de Alcalá de Henares (Madrid), en la que están desde que se decretó prisión provisional, para asistir al juicio, y esta misma semana regresarán a estas instalaciones hasta que se dicte sentencia.

Alfonso Jesús Cabezuelo y Antonio Manuel Guerrero Escudero, dos de los integrantes de La Manada, como se autodenominaban los jóvenes que están siendo juzgados en Pamplona por la presunta violación de San Fermín, llevan en este establecimiento penitenciario más de un año, por su condición de militar y guardia civil respectivamente.

El primero llegó aquí nada más pronunciarse el tribunal. El segundo lo hizo unos días más tarde, después de haber pasado un breve periodo de tiempo en un módulo especial de la cárcel de Logroño.

Alfoso Jesús es soldado del ejército del Aire. Acaba de cumplir 29 años y entró en las Fuerzas Armadas a los 20. Estuvo destinado en la base aérea de Torrejón de Ardoz y en 2011 se trasladó a Morón de la Frontera, cuando ingresó en la Unidad Militar de Emergencias (UME), de la que ha sido expulsado al ser acusado de violación.

El joven, cuya madre sufrió un infarto cuando fue detenido, tiene antecedentes por lesiones, riña tumultuaria y desorden público. Como miembro de la peña ultra Biris Norte (Sevilla FC), afición de la que da fe el escudo del equipo que lleva tatuado en la espalda, ha participado en varias peleas con hinchas de otros clubes. La Audiencia Provincial de Sevilla, en 2015, le condenó a dos años de prisión.

Antonio Manuel Guerrero Escudero, recién graduado en la escuela de Baeza (Jaén) de la Guardia Civil y destinado en Córdoba, ha sido suspendido de funciones de manera cautelar hasta que haya sentencia. La benemérita revocó el destino de este joven nacido en 1989, que hace unos meses ha sido padre, después de un 'vis a vis'. Su declaración en el juicio, en el que dijo que la joven “disfrutó más que yo, seguro”, ha sido una de las que mayor polémica ha despertado, al igual que su papel en la grabación de los actos: “Sí, lo grabé con mi móvil para recordar al día siguiente lo bien que lo habíamos pasado”, indicó cuando fue interrogado, a lo que añadió que no iba a publicar ni compartir el mensaje porque sabía que es “totalmente ilegal”.

Pero la causa de Pamplona no es la única que tienen abierta los dos jóvenes. Ambos están siendo investigados también por abuso sexual, en relación a lo ocurrido dos meses antes, durante la madrugada del 1 de mayo, con una chica de 21 años en Pozoblanco (Córdoba).

Mientras, pasan los días en el módulo de tropa de esta cárcel en la que las rutinas son similares a las de una prisión civil, con un ambiente, eso sí, menos conflictivo. El desayuno se sirve a las ocho y media de la mañana, a las 12.45 horas toca comida y a las 19.45, la cena.

Disponen de gimnasio, monitor de deporte, biblioteca, prensa, profesor, sala de televisión, máquinas expendedoras y de café y economato, si bien en el interior de estas intalaciones no se maneja dinero en efectivo. Tienen un serie de minutos en llamadas a la semana, y servicio médico.

Tanto Alfonso Jesús como Antonio Manuel reciben visitas de forma regular. Está permitido todas las tardes entre las 16.00y las 19.30 horas. Son ellos los que tienen que autorizarlas. De lunes a viernes no es necesario un vínculo de parentesco, pero los fines de semana y los festivos están reservados a familiares de primer grado, los cuales pueden acompañarlos duarante las tres horas y media. El resto de visitantes, que nunca puede ser más de cinco al mismo tiempo, dispone de 120 minutos máximo. Antonio Manuel ve con frecuencia a su pareja y a su hijo.

Para los encuentros existen dos salas con mesas redondas, en las que no hay cámaras ni personal de vigilancia. Para los 'encuentros privados', que se conceden también bajo petición, existen dos habitaciones.

Una vez por semana, un juez de vigilancia-de rango militar-evalúa el comportamiento de todos los internos.