“Para que nazca una casa encantada, alguien tiene que morir”. El escritor J.D. Barker (Lombard, Illinois, 1971) anotó esta frase en la aplicación ‘Ideas’ de su teléfono móvil hace más de diez años. Allí estuvo esperando en silencio hasta que se mudó a Newcastle y empezó a fijarse en Wood Island, un pequeño islote que veía a diario cuando salía a correr. Decidió que ese sería el escenario de ‘El Pacto’ (Destino), que acaba de publicarse en nuestro país.

A simple vista, el lugar parece idílico: una isla mínima, un faro histórico y una casa aislada en medio de la naturaleza, pero ese paraíso encierra secretos oscuros. “Allí llevaban a los barcos que capturaban con su tripulación durante la guerra hispano estadounidense y les dejaban morir por hambre o enfermedad”, nos explica durante un encuentro con periodistas en la Biblioteca Eugenio Trías de Madrid, ubicada en la antigua Casa de Fieras del Retiro.

El escritor visita estos días España para presentar la novela y participar por primera vez en Sant Jordi, en Barcelona, cuando el Día del Libro convierte la ciudad en un gran escaparate literario donde autores, libros y rosas toman las calles. Allí firmará también ejemplares de la trilogía ‘El Cuarto Mono’ con la que dio el salto internacional y que suma en España 500.000 lectores. Coincidiendo con esta cita, Destino acaba de sacar al mercado un cofre especial que incluye los tres volúmenes.

Barker: "No hablo de política"

J.D. Barker parece hermético, pero es generoso con sus comentarios. No elude contestar ninguna pregunta, salvo cuando se trata de política. “Yo me dedico al entretenimiento”, enfatiza, y si me pronunciara en algún sentido podría defraudar el 50% de sus lectores, argumenta.

He vivido lo suficiente como para saber que en tres años habrá otra persona y luego otra y otra...

Prefiere mantenerse al margen, pero sostiene la idea de los cambios son cíclicos y que no tenemos control de lo que pasa. "He vivido lo suficiente como para saber que en tres años habrá otra persona y luego otra y otra... Cuando eres joven crees que puedes cambiar el destino de todo, pero no es así. Por tanto, te decepcionas con la política y dejas de preocuparte por ella".

Leer como vía de escape

Tampoco cree que vivamos momentos especialmente convulsos:  “Si miras a los años 60, 70, 80 o 90, siempre está pasando algo”. Recuerda, por ejemplo, el impacto del 11-S, que vivió en directo mientras trabajaba en el sector financiero. A su juicio, los periodos de crisis no son una excepción, sino una constante, y precisamente por eso defiende la ficción como una forma de evasión. “La gente lee para escapar”, subraya y añade que le gusta pensar que lo que escribe son “palomitas literarias”.

¿Qué encontramos en 'El Pacto'?

Sin embargo, esas “palomitas literarias” no son nada inocentes, Barker es un experto en crear tensión y situar al lector al borde del abismo. Lo suyo es una tortura adictiva. En ‘El Pacto’ planta hechos de difícil explicación a través de la mirada adolescente. “Cuando tienes 17 o 18 años, crees que lo sabes todo”, señala. Frente a esa percepción, introduce lo inexplicable, aquello que escapa al control.

Portada El Pacto J D Baker Destino

La novela está protagonizada por un grupo de amigos que pasan su último verano antes de ir a la Universidad en la isla de Wood, donde uno de ellos ha heredado una casa solitaria. Lo que parecía una aventura sin reglas y sin adultos se convierte en una pesadilla en la que tendrán que elegir entre sobrevivir o conservar su alma.

La casa se convierte en un personaje más. Barker insiste en que no se trata de un escenario inventado: el edificio existe y, de hecho, hoy se puede visitar, convertido en museo. Sin embargo, esa restauración no borra su pasado. “Puedes pintar las paredes, cambiar el lugar, pero la sangre siempre está ahí”, explica.

Algunas de las cosas más locas del libro son reales

Durante el proceso de escritura, el autor alternó la ficción con la investigación histórica y el contacto con habitantes de la zona, lo que acabó ralentizando el trabajo: si normalmente la fase de escritura de una novela le lleva tres o cuatro meses, en esta ocasión fueron cuatro años. “Algunas de las cosas más locas del libro son reales”, afirma al tiempo que asegura que se ha divertido enormemente con este relato.

Barker es un especialista en llevar al límite a sus personajes. Asegura que siempre le ha interesado la psicología y que incluso empezó a estudiar esta disciplina en la universidad. Ese interés por la mente humana atraviesa su forma de escribir y explica en parte la tensión que construye en sus historias.

Su trabajo como 'escritor fantasma'

Antes de publicar sus propias novelas, Barker estuvo 20 años escribiendo para otros, lo que popularmente se conoce como 'escritor fantasma'. Este trabajo en la sombra le permitió tener una relación con los editores sin ningún tipo de filtro: le decían sin rodeos lo que pensaban de sus diálogos o tramas. “Ese periodo fue un curso de formación, increíblemente útil”, asegura y cree que de otra manera no se habría convertido en el escritor que es hoy en día.  

Entre estos autores figura el mismísimo Stephen King, que tuvo la “generosidad” de permitirle que incluyera en su primera novela una referencia de él: “Leyó el borrador y me dio su aprobación para mantenerlo”. Sin ese reclamo está convencido de que su carrera literaria no habría llegado lejos. Años después, siguen teniendo relación y le pide consejos: “Siempre tiene la amabilidad de contestarme, es una persona muy importante para mí a la que admiro”, añade.

¿A qué tiene miedo J. D. Barker?

Acostumbrado a provocar miedo en sus lectores, la pregunta es inevitable: ¿qué le asusta a él? Cuando era pequeño, relata, le atemorizaban de forma irracional tanto el sótano de su casa como el ático. Pero lo que le marcó realmente fue la lectura de ‘Drácula’, con apenas ocho años. Su madre era anticuaria y solía llevarle a subastas de garaje, habituales en EEUU cuando alguien se muda. Lo compró por 35 céntimos: “Estaba emocionado porque era un libro de adultos. Tengo un recuerdo muy vívido del terror que me provocó: me pasé tres semanas durmiendo con las luces encendidas y antes de irme a la cama miraba debajo y en el armario, sentía un miedo profundo”.

Esta experiencia ha marcado, de alguna manera, su carrera como escritor porque lleva desde entonces buscando provocar esa misma sensación al lector. Años después, Drácula siguió colándose en su vida cuando, en la presentación de su primera novela, un pariente lejano de Bram Stoker se puso en contacto con él para reescribir la historia, con 100 páginas previas que había descartado el editor. “Fue algo completamente surrealista”, recuerda. Sin embargo, le permitió acceder a ese manuscrito, propiedad de Paul Allen, el cofundador de Microsoft, una experiencia que tilda de "increíble".

Ahora tengo miedo por mi hija de 8 años, no por mí

Hoy en día esos miedos infantiles han desaparecido y ocupa su lugar otra sensación que, argumenta, sólo pueden conocer los que son padres. “Ahora tengo miedo por mi hija de 8 años, no por mí”, afirma. Situaciones como perderla de vista durante unos segundos en un aeropuerto, el miedo a las alturas o que la pueda atropellar un coche son mucho más potentes que cualquier elemento sobrenatural que pueda acecharle.