A estas alturas, uno ya colecciona canas en los lugares más insospechados. Canas de esas que dices qué pintáis aquí. Cómo pudistéis salir ahí, amigas. Qué vergüenza como os vean. Pero que también las dices. Amigas, maduramos. Nos convertimos en eso que nunca creímos que fueramos a ser. Responsables, trabajadores, con deudas que sí se pagarán, asumiendo riesgos, planeando familias. Invirtiendo panoja en acciones, tomando creatina, levantando pesas, bebiendo agua con gas, no viendo porno, gastando cheles en cosas saludables y despertando junto al amancecer. Qué bueno que vinisteis amigas canas en lugares insospechados. 

Sin embargo, la vida me dice otra cosa. No sé quién, pero alguien quiere que no crezca. Una conspiración masónica reptiliana quiere que siga siendo posadolescente. Vuelve el Racing a Primera y Mourinho al Real Madrid, me juego el Resident Evil II, reeditan el Zelda Ocarina of Time y el Blacks Ops y encima me pongo a retransmitir el Mundial de fútbol. Tendrá huevos la cosa, que, encima, ganará España. No lo conseguiréis, pero maduraré. Creo.

Qué ilusión el fútbol, macho. Cubrir este torneo me está reconectando con el Mundial del 94. Ese evento deportivo que convirtió al fútbol en un fenómeno global y a mí en un niño insoportable que se sabía el once de Bulgaria. Ahora me salen unos pocos nombres. Letchkov, Balakov, Stoichkov y, por encima de todos, Trifon Ivanov, el hombre con más aura que ha pisado un terreno de juego. Ni idea cómo jugaba el fútbol, pero qué cromo tenía. Qué greña, qué mirada. Precisamente, una profesora me intentó robar ese cromo. Por supuesto, no lo consiguió. Con seis años, me dispuse a hacer la colección del Mundial, por copiar a mis primos. También tenía una guía guapísima que daba El Diario Montañés. Estudié más esos meses que en la Universidad. Y nada. Que una profesora me intetó quitar de mi mazo de cromos nuevos al puto Trifon Ivanov para dárselo a su hijo. Pero claro, ni pa Dios iba a pasar eso. Me negué y tuve mayor capacidad de decir que no aquel día que en decenas (o cientas) de noches madrileñas. Y en esas estamos. Comportándome como un hombre con seis años y como un niño con 38. Pero orgulloso de las canas que me salen en el escroto.

Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes

Síguenos en Google Discover

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora