Estoy subiendo a casa en ascensor y un WhatsApp atraviesa mi pantalla. “HERMANOOOO. LA SEGUNDA VENIDA”. Es mi compadre Nacho Caballero y solo puede estar hablando de una persona. ¿José Mourinho?. Pincho el enlace que me manda y me lleva a un tuit de la cuenta oficial de la candidatura de Florentino Pérez para las elecciones del próximo 7 de junio. “MOUcha historia por hacer”, pone. Doy al play al vídeo que lo acompaña. Pasan segundos y leo: “Mientras en la tele hablan y hablan y hablan…”. Acto seguido, un hombre canoso con la camiseta del Real Madrid sonríe y dice “SÍ”. Habla el idioma de los basados y tiene acento portugués. Es él. Mourinho nos dejó huérfanos un 1 de junio de 2013 y podría volver a casa 4.754 días después

En ese intervalo de tiempo el Real Madrid ha ganado seis Copas de Europa. La semilla competitiva que sembró Mou gestó el Madrid de los jerarcas. El luso imprimió grandeza y orgullo en una institución hundida y humillada. Dio carácter a una afición con rol de therian respecto a la Selección Española y al Fútbol Club Barcelona. Extirpó los males del club, puso cara a los farsantes y aceleró la alopecia de Pep Guardiola. Expuso a los falsos madridistas; ahora caídos en el olvido. Resignificó el señorío y se levantó contra una tóxica atmósfera que no permitía ser libre y orgulloso al madridista. Había momentos que parecía que había que pedir perdón por ser mejor que el resto. Disculparse por no bajar la mirada y meter el pie. De hecho, parte del madridismo se embelesó de La Masía y pudimos ver comportamientos en el Bernabéu que recordaban a las víctimas en La invasión de los ultracuerpos. En la película de Philip Kaufman y protagonizada por Donald Sutherland, unas vainas extraterrestres llegan a la Tierra y comienzan a sustituir a los seres humanos por duplicados físicamente idénticos pero desprovistos de emociones. Así acabaron algunos. Mentalmente teledirigidos ¿Quién no conoce a alguien que dejó de ser del Madrid por culpa de Mourinho? Mientras el portugués lideraba el equipo, la selección natural hizo criba en el madridismo. Y bendita selección natural.

Mourinho fue víctima de una de las campañas más vergonzosas de la historia de nuestro país. Grupos mediáticos en su contra. Insultos en la radio, televisión y prensa escrita. Popes del periodismo comportándose como adolescentes. Carlos Boyero le llamó “nazi” y Roberto Palomar le definió como “el típico personaje que se daría a la fuga después de causar un atropello”. Un gacetillero del AS le perseguía en los partidos de su hijo menor con el Canillas. Días y días de acoso y derribo. Pero ahí estaba Twitter para guerrear. La red social permitió que los medios de comunicación obtuvieran el feedback que nunca tuvieron. Los periodistas, desde su poltrona, recibieron el odio que generaron. En defensa de su entrenador, el madridismo se movilizó. Trataron de hundir el fenómeno, pero fue imposible. Lo llamaron Yihad. Como si importara. La gente asumió el nombre y lo hizo suyo. "Somos la orgullosa Yihad Mourinhista". Un germen ideológico de muchas cosas que pasaron después. Los dueños de la verdad hicieron un ejercicio maniqueista en el madridismo entre el bien y el mal. Afortunadamente, ganó el mal. En realidad, el bien para el madridismo. Mourinho nos hizo mejores personas. Y mejor equipo. En tres días puede producirse la segunda venida. Mientras escribo este texto, el otro candidato promete fichar a Haaland. Es muy difícil entender menos al club que pretende presidir. Ante la canallesca, una frase: Ave, Xosé, morituri te salutan.

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