Es bastante complicado escribir este texto. Llevo casi una semana añadiendo cositas y pensando si voy a ser capaz de terminarlo. El Racing de Santander acaba de subir a Primera y estoy triste. La ciudad es una fiesta; sin embargo, en mi interior reina un enorme vacío. No he podido compartir con mi padre esta celebración y eso me provoca mucha rabia. La vida le fue robada. Le robaron este día. Era suyo por derecho y lo tuvimos que vivir sin él.
Mi padre murió el 21 de junio de 2023. El Racing había completado su primera temporada tras la vuelta al fútbol profesional. Una temporada digna y que marcaría el camino hacia el lugar del que nunca debió irse. Un mes después, me faltaron huevos para enfrentarme a tener que renovar su carnet. Tuve la posibilidad de mantener su abono y no lo hice, harto de tanta burocracia y de tener que reducir su muerte, una vez más, a un certificado de defunción. Toda una vida en un papel. Me arrepiento todos los putos días. La cagué.
Mi padre siempre sufrió mucho con el Racing. Los domingos que perdía, llegaba a casa a media tarde y se metía en la cama. Desgraciadamente, el Racing perdía mucho y le robó muchos domingos. Cuando ganaba, paraba a brindar en los bares y siempre llegaba para ver los goles repetidos en televisión. Su fin de semana lo marcaba el partido del Racing. Siempre estuvo ahí. Hasta sus últimos días. Nunca falló. Daba igual que el nordeste pegara con ganas o que el equipo no supiera dar dos pases seguidos. Lo vio en Europa y a punto de desaparecer. Lo que más le gustaba, ganarle al Madrid. Hoy sería un hombre feliz pensando en volver a asaltar el Bernabéu. Me enerva que no tenga la posibilidad de verlo. Al menos sé que lo sucedido el pasado domingo en Santander es también gracias a él.
Nuestra relación estuvo completamente ligada al Racing. Para bien y para mal. Recuerdo entrar al campo en sus hombros siendo un niño pequeño. Ver el mundo desde ahí me permitía entrar al estadio sintiéndome gigante. Llegó un momento en el que tuve que bajarme al suelo y empecé a entrar por mi cuenta. En otra época, hacía pellas y no iba al campo. Quizás buscando rebelarme contra su status quo, me iba por ahí y ni veía los partidos. Luego, volví a ir cada domingo. Con la mayoría de edad, me fui a Madrid y dejé de ser socio. Han pasado casi 20 años.
Tras su muerte, me costaba mucho ver los partidos. Poco a poco fui haciéndolo. Es cierto que Iñigo Vicente ha sido de gran ayuda para el reencuentro. Ahora, esos 90 minutos me ayudan a reconectar con mi padre. A celebrar por los dos las victorias y sufrir por dos las derrotas. Las veces que he podido conseguir entrada, entrar al campo es una sensación muy extraña. Me pongo hablar con él y me prometo a mí mismo que tengo que revertir el error. Por eso, mi principal objetivo es volver a ser socio, tal y como lo fui 20 años de mi vida. He de cumplir penitencia y corregir esa deuda que tengo con él. Mientras tanto, seguiré animando cada domingo a este equipo desde la distancia. Buscándome la vida para pillar entradas y viéndolo a través de una pantalla. Pero siempre, sintiendo un agradecimiento eterno al Racing y su gente. Al cuerpo técnico, plantilla y directiva. Habrían hecho muy feliz a Ricardo Abascal Ruiz.
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