[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"34184","attributes":{"class":"media-image alignleft size-full wp-image-225196","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"90","height":"90","alt":"Cromo Opinion Beatriz Taleg\u00f3n"}}]]Más de cinco millones de espectadores se dieron cita para ver un documental que se anunciaba con el supuesto objetivo de esclarecer sombras de nuestra Historia. Concretamente de un capítulo que sobrecogió a un país recién salido de una dictadura y que le hizo temblar ante el miedo de que algo así volviera a suceder.  Más de treinta años después todavía nadie ha pasado página porque faltan los instrumentos necesarios en una sana democracia: solamente podremos avanzar si conocemos qué es exactamente lo que hemos dejado atrás. Para bien y para mal.

El supuesto documental terminó siendo una supuesta broma, alternando infomación y burdos datos que acabaron por meterse en un mismo saco. Mucha gente seguimos la retransmisión, atónitos a veces y otras reconociendo atrevidos destapes que nos hacían dudar del sentido y de la intención. Reconocer que no esperábamos que fueran a decir que todo era mentira no significa que no encontrásemos razones más que suficientes para creer muchas de las cosas que se contaban. El error, en mi caso, fue pensar que separarían unos datos de otros y se esclarecería, por fin –tal y como prometían- lo que tantos años llevaba este país esperando.

Sea como fuere, se hizo un ejercicio que evidenció, no ya la manipulación a la que estamos sometidos (cualquier ciudadano sabe de sobra que nos toman el pelo con excesiva cotidianiedad, solamente hay que mirar las cifras de desempleo y vincularlas al pago de impuestos, trazando una línea que nos lleve a los sobres, cuentas en Suiza y recortes de derechos diarios; tomarle el pelo a quien está deseando encontrar respuestas y confía en la profesionalidad de quien comunica es tan fácil como quitarle un caramelo a un niño). En cualquier caso, felicidades Sr. Évole: ha evidenciado que nuestro país tiene sed de información y en muchos casos no se cansa de ser decepcionado continuamente a pesar de que le roban a manos llenas. Nos engañan una y otra vez (no generalizaré, porque a la vista está un día después que al final, casi todo el mundo se dió cuenta del engaño prácticamente desde el inicio, o eso dicen; solamente unos pocos ingenuos reconocimos nuestra sorpresa –entre ellos dirigentes políticos con dilatada experiencia-. Menos mal que somos una ínfima minoría que en ningún caso debería haber generado tanto interés...).

Daba lo mismo que hubieras vivido el golpe de estado del 23F en persona, que lo hubieras leído, o que hubieras estudiado a fondo: todo el que sintonizó el canal se quedó pegado al asiento dudando, sonriendo y enfureciéndose a partes más o menos iguales.

El de Évole no ha sido el primer intento de contar lo que no se debe o no se puede. Su atrevimiento acabó en una broma. Otros, como Javier Cercas lo narraron de manera novelada en Anatomía de un Instante (Mundodadori, 2009). Sin embargo hay un libro donde se habla sin bromas ni pretende novelar los hechos que documenta: Soberanos e Intervenidos (sí, la obra de necesaria lectura a la que ayer me refería) de Joan E. Garcés y prologada por Mario Benedetti (Siglo XXI de España, Cuarta edición de 2012).

Es el estudio que Garcés realiza el que sustenta cada una de sus afirmaciones en documentos y publicaciones; tras cuatro ediciones todavía nadie ha puesto pruebas sobre la mesa que contradigan sus argumentaciones y que pongan en duda la veracidad de sus fuentes. Sin duda, un libro incómodo para quienes pretenden que cierta información siga siendo desconocida aún a día de hoy.

El que recibiera el premio Nobel alternativo por sus continuados esfuerzos para acabar con la impunidad de los dictadores contextualiza el golpe de estado en un tablero global: la caída del Gobierno de Suárez fue el reflejo que tuvo en España el paso de una Administración a otra en Estados Unidos, teniendo como objetivo final –entre otros- la entrada de España en la OTAN (como también señala, parece ser que en broma Évole en su documental). Garcés llama la atención sobre cómo los hechos muestran que Adolfo Suárez no pudo sobrevivir en la Presidencia del Gobierno más de una semana después de que Jimmy Carter saliera de la Casa Blanca. La broma de Évole parecía, a este respecto, no serlo tanto. En el minuto 25 del ¨falso¨documental y en la página 186 del estudio de Garcés se hace referencia al apoyo por acción u omisión de la Administrión Reagan al golpe.

La idea de hacer caer a Suárez llevaba tiempo en el imaginario político de algunos. La editorial Cuadernos para el Diálogo dejó constancia escrita de la conferencia que Felipe González dio  en la Escuela de Verano del PSOE de 1976. Según el líder socialista ¨Se ha quedado en el camino el camuflaje asociacionista Arias de hace dos años, el montaje reformista Fraga, y se puede quedar en el camino, pese a que la terminología se va homologando con la de la oposición, si no quiere decir lo mismo, el proyecto Suárez. Y eso es lo que tiene que conseguir la oposición, no por nada, sino porque no tiene fuerzas suficientes para desplazar a las fuerzas que ocupan el poder e implantar el gobierno provisional de verdad. En esa dialéctica, en esa negociación gobierno-oposición, la oposición con ese objetivo clarificado puede llevar al Gobierno, o bien saltar por encima de las barreras institucionales que se oponen, y se opondrán a nuestro juicio, a una transformación democrática en profundidad, o bien a una crisis que lo haga desaparecer.

No hay otra posible salida (continúa González). Ahora bien, si el Gobierno agota su propia lógica, la Monarquía puede tener una fórmula de repuesto, o dos fórmulas de repuesto, pero los socialistas tienen que hacer una seria meditación para saber si les interesa estar en un Gobierno sea de carácter provisional pero de conciliación nacional, sea de carácter de coalición nacional o de concentración nacional, porque en ese Gobierno se producen varios fenómenos a la vez; primero un fenómeno de legitimación de hecho de la Monarquía en un partido que es netamente republicano; segundo, y por consiguiente, no sólo de legitimación, sino de fortalecimiento por aceptación de hecho; tercero, un fenómeno de participación en un Gobierno no legitimado por la voluntad del pueblo, ni legitimable por la voluntad del pueblo, porque recoge una herencia de la dictadura y recoge el funcionamiento institucional de una dictadura. Y cuarto, la participación en un Gobierno en el cual o el cual se tiene que enfrentar con la mayor crisis política y económica de los últimos veinte años por lo menos. Por consiguiente hay que pensárselo bien. Una cosa es la carrera por las carteras y otra cosa es hacer política de partido de presente y de futuro.¨

Estaban ya preparándose en el ¨pequeño Madrid del poder¨ (como le gusta decir a Cercas) y será el 29 de octubre de 1977 cuando Suárez colabore activamente para que el Rey cese a Armada de su puesto de Secretario General de la Casa Real con el fin –según Garcés- de tenerle alejado de Madrid. Meses después, vendrá el primer intento de golpe de estado y la famosa ¨Operación Galaxia¨ que acabó con el arresto, juicio y condena –simbólica- de Tejero.

Será en mayo cuando los socialistas presenten la moción de censura a Suárez –que perdieron- y a finales de septiembre de 1980 cuando el Comité Federal del PSOE apruebe una resolución por la cual el Grupo Socialista del Congreso permanecerá en la oposición del Gobierno. Poco después serán Mújica y Raventós quienes se reúnan con Armada y en el mes de noviembre Enrique Barón y Felipe González harán declaraciones públicas señalando la posibilidad de un Gobierno de coalición (pasando por alto la resolución recientemente aprobada por su partido). En la ficción de Cercas, según comenta, esta idea de un gobierno de coalición era bien recibida tanto desde las filas de UCD como entre los comunistas. Ante tal escenario la idea que Évole sugiere de juntar a todos los líderes políticos a discutir los términos de este hipotético Gobierno de concentración no resulta tan descabellada. El propio Anasagasti, en una entrevista concedida al día siguiente de la broma llama la atención sobre el hecho de que sus declaraciones al respecto de la llamada nada ficticia que recibió de Peces Barba (donde éste le invitaba a fomar parte de tal coalición) no fuesen incluidas por Évole. Una vez más cobraba sentido la propaganda que durante dos semanas anunciaba "¿Puede una mentira explicar una verdad?".

Será a partir de diciembre del 80 cuando distintos medios de comunicación comiencen a dar señales a modo de aviso a navegantes.

El 26 de enero, por sorpresa, Suárez anuncia su dimisión al frente del Gobierno y del partido Unión de Centro Democrático, haciéndose público tres días después, el 29. Carrillo entiende al día siguiente que la única salida para esta situación será un Gobierno de coalición entre González y Suárez, pero de ningún modo Calvo Sotelo entraba en esa ecuación.

El 3 de febrero será cuando un Real Decreto envíe a Armada de nuevo a Madrid como Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército. Este día tendrá lugar una reunión entre el Coronel Ibañez y Armada donde hablan de la posibilidad de que este último sea Presidente de un gobierno de concentración.

Alfonso Guerra declara que no descarta una moción de censura contra Calvo Sotelo, y días más tarde, el 18 de febrero, Carrillo rectifica diciendo que la transición había terminado y que no estaría de acuerdo con un Gobierno donde estuviera González. Este mismo día el Coronel Ibañez se reune con Tejero para acordar que la fecha más favorable, en lugar del día 20 de febrero, sería el 23 (hasta el propio Calvo Sotelo escribió al respecto de su nombramiento que éste se produciría en una segunda sesión, lo que era público y notorio para muchos que frecuentaban las Cortes. De esta manera todos sabían que de dar un golpe que llevase consigo la creación de un nuevo Gobierno amparado por el art. 8 de la Constitución, sería necesario contar con los apoyos mínimos). Mientras esta reunión se celebraba se realizó la más importante reorganización de la estructura de mando del Ejército de Tierra, centralizando todo el poder en la figura de Armada. Evidentemente ninguno de los datos aportados habla de directores cine como Garci, cosa que a todos nos extrañó en el falso documental (pero no por ello dejamos de prestar atención al resto de información). No obstante, es evidente que tanto movimiento sólo se justifica con un trazado plan. No cabía lugar a la improvisación. Hasta la base aérea de Torrejón estaba alertada los días previos al golpe.

Garcés señala que el Rey habló con Armada y con Gabeiras. La idea era que el propio Armada se presentase en el Congreso (previo paso por el Hotel Palace) cerca de media noche con la intención de ofrecerse para presidir un Gobierno provisional de concentración que resolviera el problema creado por la insurrección de la que él mismo formaba parte siempre dentro del marco constitucional. ¿Dónde estuvo el fallo? Que en cuanto Armada comunicó a Tejero que éste no formaría parte del inminente Gobierno, el Teniente Coronel le invitó a marcharse del Congreso y la operación quedó en sus manos (sin hoja de ruta, sin marco constitucional y totalmente sólo). El Rey reorganiza al ejército y se consagra como una autoridad que vela por la Constitución y por el restablecimiento de la democracia.

Calvo Sotelo tiene ya vía abierta para introducir al Reino de España en la OTAN. Sin duda Évole tiene razón en que aquí nos gastaron una buena broma de la que aún no conseguimos reírnos. Aunque creo que no era ésta la broma a la que se refería. Seguramente fuera un "festival del humor" lo que se producía en este momento en Europa (Italia, Portugal, Bélgica) y en Turquía: golpes de efecto del mismo tipo se sucedieron dentro de la llamada operación Gladio, condenada por el propio Parlamento Europeo en 1990. Es evidente que ni el mejor Garci podía imaginar un campo tan abonado para el suspense.

Por lo tanto, si bien el supuesto documental mezclaba burdas ficciones que rozaban el límite de lo verosímil, no es menos cierto que los hechos que autores como Garcés prueban no están menos lejos de causarnos estupefacción. El peligroso juego de diluir el esperpento con la realidad practicado por Évole ha tenido como consecuencia arrastrar las pocas luces que se estaban encendiendo sobre años de oscuridad, fomentando una mayor incredulidad (si cabe) justo en el momento en el que mucha información comenzaba a salir. ¿A quién a beneficiado este experimento de dudosa ética?

Dice el ideólogo que se basó en el documental sobre la Operación Luna. Es cierto que desde ayer muchos se quedaron mirando al dedo y no prestaron atención a la enorme luna representada en los hechos que en el documental de investigación emitido posteriormente se pusieron de manifiesto (la audiencia descendió en más de tres millones) y hoy nadie hablaba del gobierno de concentración nacional ni de cómo ingresó España en la OTAN -ejes centrales, a mi juicio, tanto del falso documental, como de prácticamente todas las tesis desarrolladas sobre el 23F-.

Ni tan si quiera caló el interesante debate al respecto del artículo 135 de la Constitución Española, que vuelve a suponer, una vez más, una injerencia de potencias extranjeras en la soberanía de nuestro estado. Lo más sensato sería fijarnos en esa luna y exigirle a nuestros dirigentes que se unieran, en una buena coalición -al menos de izquierdas- para exigir la derogación de dicho precepto. Y no esto no es broma.

Beatriz Talegón es secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas
@BeatrizTalegon