De protesta pacífica nada o, al menos, esto es lo que ratifica la fiscal que ha rechazado el recurso presentado por Rita Maestre tras ser condenada por el “asalto” a la capilla de la Complutense. En su opinión, la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, participó de forma “activa y consciente” en un acto en el que se fue más allá de lo que se puede entender como “admisible en un Estado de Derecho”.

Por ello, la fiscal no ha dudado en asumir y afirmar en boca de toda la sociedad que la protesta fue “claramente ofensiva para cualquiera”, sea religioso o no. Así lo plasma en un escrito duro en el que no duda en decir:

Es obvio que las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que quieran ser, pero esa conducta realizada en el altar, espacio sagrado para los católicos al encontrarse allí el Sagrario, lugar donde según sus creencias se encuentra su Dios, implica un ánimo evidente de ofender” los sentimientos religiosos.

Lo que consiguieron es ridiculizar a la mujer

Aunque la protesta no perseguía este objetivo, la magistrada asegura que lo único que consiguieron desnudando su torso fue poner en ridículo el papel de las mujeres. Sobre todo por usar frases “con rimas pretendidamente ingeniosas” y por “mostrar el sujetador en un espacio que para los católicos es sagrado”.

“El alarde de vivir que implica las expresiones que llevaban pintadas en sus torsos, tales como ‘violenta’, ‘bollera’, ‘puta’, ‘libre’ o ‘lesbiana’, supera con mucho la libertad de expresión”, sentencia.

Por todo esto, entiende que Maestre sí que cometió un delito contra los sentimientos religiosos y pide que se confirme la sentencia que se le impuso: una multa de 4.320 euros por cometer “un ejercicio lamentable”. Según explica en el escrito al que ha tenido acceso La Razón, no entiende que “grupos universitarios pretendidamente liberales y progresistas quieran imponer sus ideas y sus pretensiones por la fuerza atacando a quienes no les han atacado”.

A enseñar el torno a la playa

Estas afirmaciones no son las únicas que se pueden considerar duras o, al menos, algo salidas de tono. Mientras Maestre se defendió explicando que enseñar un torso desnudo no es cometer ningún delito, el Ministerio Público mantiene otra postura: no es lo mismo enseñar el torso en una capilla que hacerlo allí donde se debe como en la playa.

En la playa es normal estar sin sujetador para broncearse todo el cuerpo. Pero era un templo, no una playa. En el presente caso, la conducta de la acusada, quedándose en sujetador, traspasa lo que podría ser una falta de protocolo o de saber estar. Esa falta de protocolo y falta de saber estar, sería que se quedase en sujetador en un pleno del ayuntamiento o quedarse en sujetador en una recepción oficial.