El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este viernes la nominación de Kevin Warsh, exgobernador de la Reserva Federal (Fed), como su candidato para sustituir a Jerome Powell al frente del banco central estadounidense. El mandato de Powell concluye el próximo mes de mayo y su salida marcaría el final de una etapa duramente criticada por el líder republicano, especialmente por la orientación de la política monetaria.

“Me complace anunciar la nominación de Kevin Warsh como presidente de la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal”, ha afirmado Trump en una publicación en su red social Truth Social. El presidente ha asegurado conocer a Warsh “desde hace mucho tiempo” y se ha mostrado convencido de que “pasará a la historia como uno de los mejores presidentes de la Reserva Federal, quizás el mejor”. “Es un personaje central y nunca te decepcionará”, ha añadido.

La posible designación ya había sido adelantada por Bloomberg News, que informó este jueves de que Warsh recibiría la nominación tras reunirse con Trump en la Casa Blanca. Fuentes familiarizadas con el proceso confirmaron a Reuters que el encuentro tuvo lugar el jueves, en un contexto en el que los mercados llevaban meses barajando distintos escenarios sobre la sucesión en la Fed.

Según analistas y participantes del mercado, Warsh es percibido como una de las opciones más restrictivas entre los candidatos considerados, lo que ha despertado expectativas y cautelas sobre el rumbo que podría tomar la política monetaria si finalmente es confirmado por el Senado.

La guerra de Trump contra Powell marca el relevo en la Fed

La nominación de Kevin Warsh se produce en medio de un enfrentamiento cada vez más abierto y personal entre Donald Trump y Jerome Powell, un pulso que ha marcado el último tramo del mandato del actual presidente de la Reserva Federal. Trump ha convertido a Powell en uno de sus principales blancos políticos en materia económica, acusándole de frenar el crecimiento y de no actuar con la rapidez que, a su juicio, exigen los mercados y el ciclo político. En ese contexto, el mandatario republicano ha intensificado en los últimos meses su presión pública sobre el banquero central, al que ha llegado a apodar de forma despectiva “Jerome demasiado tarde Powell”, en alusión a su negativa a aplicar recortes más agresivos de los tipos de interés.

La tensión no se ha limitado a declaraciones irónicas o críticas veladas. Trump ha acusado abiertamente a Powell de ser “groseramente incompetente” y ha utilizado cada decisión de la Fed de mantener los tipos sin cambios como munición política, presentándola como una prueba de desconexión con la realidad económica del país. En algunas de sus intervenciones, el presidente incluso ha vinculado su malestar con cuestiones ajenas a la política monetaria, como las obras de renovación de la sede de la Reserva Federal, llegando a insinuar posibles acciones legales contra el responsable del banco central, un movimiento inédito en la relación entre la Casa Blanca y la Fed.

Powell, por su parte, ha respondido defendiendo de forma reiterada la independencia de la institución frente a las presiones políticas. El presidente de la Reserva Federal ha subrayado que las decisiones en materia de política monetaria están guiadas por criterios técnicos —como la evolución de la inflación, el mercado laboral y la estabilidad financiera— y no por los intereses del Ejecutivo de turno. En varias reuniones recientes, Powell se ha negado a anticipar nuevos recortes de tipos hasta contar con evidencias claras de una moderación sostenida de la inflación, una postura que ha frustrado las exigencias de Trump y de algunos sectores del mercado, pero que ha sido interpretada por otros analistas como una defensa del papel histórico de la Fed como institución autónoma.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio