En un escenario de conflicto en el que no se alcanza aún a ver el horizonte de paz o acuerdo entre las potencias inmiscuidas, buena parte del debate geopolítico, encabezado por Donald Trump, sitúa su foco sobre España. El inquilino de la Casa Blanca ha protagonizado numerosas tensiones verbales contra nuestro país al haberse opuesto a entrar en el conflicto y salir en defensa de una vía pacifista bajo el lema ‘No a la guerra’.  

La figura de intenciones bélicas que encarna en los últimos tiempos el presidente de Estados Unidos hacia el exterior ha tomado desde el pasado fin de semana como epicentro a Irán, desestabilizando así, en connivencia con Israel, el corazón de Oriente Próximo en una consecución de ataques que han situado a la Comunidad Internacional en la tesitura de posicionarse a favor o en contra.

La postura de España en este sentido se deslizó, en primer lugar, por denegar el uso de las bases militares nacionales de Morón y Rota, en Sevilla y Cádiz, respectivamente, al Ejército estadounidense para estos fines. A la par, en la primera reacción de Moncloa, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, condenó tanto los ataques contra Irán como los acometidos por el régimen de los ayatolás contra otros países del Golfo Pérsico en estos últimos días.

Pero el detonante del descontento del mandatario de la Administración Trump vino expresamente de la mano de la negativa del Gobierno central a ceder ambas bases militares para las operaciones sobre territorio iraní. Fue este martes cuando el presidente estadounidense vertió la primera amenaza, acusando a España de ser “un terrible aliado” y rememorando la Cumbre de la OTAN de 2025.

“España ha dicho que no podemos utilizar sus bases militares, pero podemos volar y utilizarlas, no tenemos que pedir permiso. Están siendo muy poco amigables, España no tiene nada que nosotros queramos. (…) Vamos a cortar todas las relaciones comerciales con España porque no tenemos nada que ver con ellos”, advirtió.

Como réplica, Moncloa advirtió a la Casa Blanca que se han de respetar “la autonomía de las empresas privadas, la legitimidad internacional y los acuerdos bilaterales con la Unión Europea” en caso de que llegue a materializar su amenaza de cortar las relaciones comerciales con España.

‘No a la guerra’ como hoja de ruta

La mañana siguiente estuvo marcada por la declaración institucional de Sánchez desde La Moncloa, cuando dejó en claro la posición de España resumida en el “no a la guerra”, rechazando por ende el conflicto armado y reclamando a Washington y Tel Aviv “una solución diplomática y política”.

“Algunos nos acusarán de ingenuos, pero ingenuo es pensar que la solución es la violencia, creer que la democracia o el respeto entre naciones brota de las ruinas o pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar. Al contrario, esta postura es coherente y, por lo tanto, no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno”, defendió.

Nada más esgrimir tales palabras, las reacciones desde el ámbito europeo no se hicieron de esperar. Tanto pues, el mandatario del Elíseo, Emmanuel Macron, cerró filas con Sánchez, advirtiendo a Trump de que Francia no participará en acciones de ataque al entender que se ha producido una vulneración del Derecho Internacional.

En la misma medida, desde Bruselas un portavoz de la Comisión Europea garantizó que el Ejecutivo de Ursula Von der Leyen “siempre garantizará que los intereses de la UE estén plenamente protegidos”, instando a Washington a su vez a cumplir “sus compromisos en el marco del acuerdo comercial” firmado en verano de 2025.

No obstante, los deslices verbales en clave de crítica no dejaron de llegar desde Estados Unidos. Por un lado, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló este miércoles en una entrevista que España se estaba mostrando “poco colaborador” con las bases de Morón y Rota, pese a que son españolas, reiterando que la “frustración” de Trump al respecto está “justificada” por haber sido “pésimos aliados”.

Siguió la misma estela la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien llegó a decir en rueda de prensa que Moncloa había comenzado a “cooperar” con el Ejército estadounidense. Una afirmación que fue rápidamente desmentida por el Gobierno de Sánchez y el propio ministro de Exteriores, José Manuel Albares: “La posición del Gobierno de España sobre la guerra en Oriente Próximo no ha cambiado ni una coma”, zanjó.

Apoyo de Rutte en la OTAN y último descontento de Trump

En la sucesión de acontecimientos que han tenido lugar este jueves, España ha anunciado que la fragata ‘Cristóbal Colón’ (F-105), el navío “tecnológicamente más avanzado” de la Armada española, pone rumbo a Chipre en clave de defensa, que operará junto al portaaviones francés Charles de Gaulle y otras unidades de la Armada griega como parte del dispositivo defensivo de la UE.

Un gesto que, sumado a otros ya desplegados, ha sido aplaudido desde la Alianza Atlántica. Su secretario general, Mark Rutte, ha elogiado el despliegue de fuerzas en territorio aliado, celebrando que el sistema Patriot español “defiende intereses estadounidenses clave”.

“Sus tropas forman parte de muchas fuerzas terrestres de vanguardia, muchas iniciativas y muchas misiones de la OTAN. (…) Quiero felicitarles sinceramente por ello… En estos momentos, hay un sistema Patriot en Turquía que defiende los intereses clave de Estados Unidos en ese país, y lleva allí ya diez años protegiendo esos intereses clave”, ha emplazado Rutte en clave de felicitación.

Un marco de apoyo europeo e internacional que se ciñe sobre la postura de España que choca frontalmente con la vía de choque esgrimida por la Casa Blanca. Pese a este escenario, Trump ha vuelto a la carga este jueves contra nuestro país: “Tenemos muchos ganadores, pero España es un perdedor”, ha deslizado en declaraciones a The New York Post.

No somos jugadores de equipo, y tampoco lo seremos con España”, ha ahondado, rememorando, de nuevo, que España es un país “hostil con la OTAN” por no haber incrementado su gasto en Defensa al 5% como se acordó hace más de seis meses atrás en la última Cumbre.

En paralelo, desde Tel Aviv, las críticas hacia Moncloa también han estado servidas. El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha acusado a España de “jugar en cierto modo un juego raro e incomprensible”, así como de incumplir sus obligaciones en el marco de la OTAN. “En este momento, vemos qué países se suman al esfuerzo, quiénes nos ofrecen su apoyo. Y también vemos a países como España, que no solo está abandonando su condición de miembro de la OTAN, un miembro de la UE que debería haberse enfrentado hace tiempo al imperio del mal (Irán), sino que, de alguna manera, está jugando un juego extraño e incomprensible", ha reprochado.

Con todo este paraguas de tensiones geopolíticas, el mandatario estadounidense vuelve a mostrar su descontento con la postura de Sánchez en el plano internacional, pese a que el líder español continúa guardando compromisos y apoyos bajo la premisa del ‘no a la guerra’ en Irán, como bien secundó -y secunda- en los conflictos activos en Ucrania y Palestina.

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