El vídeo transmitido por el Vaticano en el que se hace llegar a los creyentes las intenciones de oración para el mes de marzo tenía un mensaje claro. "Por el desarme y la paz", esta era la principal idea que León XIV quiso pedir a sus feligreses que incluyan en sus peticiones a Dios. No era algo que se trasladaba solo a los cristianos, sino que era, a su vez, un importante llamamiento a los líderes de las naciones. Concretamente, a ellos, a aquellos que disponen del bastón de mando, les imploraba "abandonar proyectos de muerte" y "detener la carrera armamentista".

De esta manera, León XIV hacía una llamada a la calma, a retomar las vías de diálogo, a devolver la paz a la sociedad.  "Una súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia", invitaba el Papa a incluir en sus oraciones a los católicos.

En un contexto de escalada de violencia y en el Estados Unidos está provocando muchas pesadillas tras comenzar los bombardeos en Irán, León XIV pedía porque las tensiones disminuyan y la conflictividad caiga. "Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que pongan en el centro la vida de los más vulnerables. Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad", remarcaba en sus palabras la principal figura de la Iglesia. Así, oraba porque cayeran el rencor y la indiferencia, llamando a que surjan instrumentos de reconciliación. "Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos", decía. 

León XIV, uno de los agentes más críticos de la Administración Trump

Desde el inicio de su pontificado en 2025, el papa León XIV ha tenido varios desencuentros públicos con el presidente estadounidense Donald Trump, especialmente en temas de migración y política internacional.

Uno de los primeros choques se produjo pocos meses después de su elección. El pontífice criticó duramente las políticas migratorias promovidas por la administración estadounidense, cuestionando que pudieran considerarse compatibles con una postura “provida” si implicaban un trato inhumano a los inmigrantes. Sus declaraciones reavivaron el debate dentro del catolicismo estadounidense y fueron interpretadas como una crítica directa a la agenda política de Trump.

Las tensiones también aumentaron cuando aliados políticos del presidente criticaron antiguos mensajes y publicaciones del entonces cardenal Robert Prevost, hoy León XIV, en los que aparecían artículos críticos con Trump y su entorno político. Esto alimentó la percepción de una relación complicada entre el nuevo pontífice y el movimiento político que rodea al presidente. Más recientemente, también ha cuestionado la decisión de Washington de iniciar una guerra contra Irán, advirtiendo que la respuesta militar solo agravará la crisis humanitaria y migratoria en la región.

La figura del Papa como voz en contra de los conflictos armados

A lo largo de la historia contemporánea, varios pontífices de la Iglesia católica han intervenido públicamente para condenar guerras que estaban ocurriendo en ese mismo momento. Sus mensajes suelen centrarse en la defensa de la vida humana, la necesidad de negociaciones y el rechazo a la violencia como instrumento político.

Un ejemplo temprano fue el del Papa Benedicto XV durante la Primera Guerra Mundial. Desde el inicio del conflicto en 1914, el pontífice lo definió como una “inútil matanza” y trató de impulsar propuestas diplomáticas para poner fin a las hostilidades. Aunque sus iniciativas no lograron detener la guerra, su postura representó uno de los posicionamientos morales más claros de la época contra la violencia generalizada.

Décadas más tarde, el Papa Pío XII se expresó repetidamente sobre el drama de la Segunda Guerra Mundial. En varios mensajes radiofónicos y discursos públicos pidió el fin de la destrucción y el respeto por las poblaciones civiles, insistiendo en la urgencia de reconstruir un orden internacional basado en la paz.

Otro caso muy conocido ocurrió en 2003, cuando Juan Pablo II criticó abiertamente la inminente intervención militar en la Guerra de Irak de 2003. El pontífice envió emisarios diplomáticos y afirmó que la guerra no era un medio aceptable para resolver disputas internacionales.

Más recientemente, el Papa Francisco ha denunciado en numerosas ocasiones la violencia asociada a la Invasión rusa de Ucrania iniciada en 2022. En sus audiencias y mensajes públicos ha pedido repetidamente un alto el fuego, asistencia humanitaria y un compromiso internacional real para alcanzar una paz duradera.

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