Siempre que una crisis de Gobierno sobrevuela la Puerta del Sol, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pone pies en polvorosa. Esta vez, con su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez (MAR), a las puertas de declarar como imputado por revelación de secretos, no ha sido diferente. La baronesa del Partido Popular (PP) se encuentra en México junto a su inseparable Nacho Cano, pero eso no evitará que su mano derecha y constructor de su discurso y personaje tenga que responder ante la jueza por una de sus maquinaciones.
La jueza Raquel Martos, del Juzgado 25 de Madrid, citó al jefe de Gabinete como investigado por compartir por un grupo de WhatsApp el nombre, los apellidos y la fotografía de dos periodistas del periódico El País, a los que imputó delitos de acoso. Y este miércoles se sentará en el banquillo. Los hechos se remontan a marzo de 2024 y, pocos días después, los señalados presentaron una denuncia. En este caso, la celeridad no ha sido tal y han tenido que pasar dos años para ver a Miguel Ángel Rodríguez responder por sus acciones.
"Dos periodistas de El País (dando sus nombres y apellidos y adjuntando imágenes) han estado acosando a los vecinos de la presidenta, incluido niñas menores de edad, en un acoso habitual en dictaduras. Todo se ha denunciado a la Policía Nacional pero el delegado del Gobierno amparará estas actuaciones", compartía la mano derecha de Ayuso en un grupo en el que se encontraban 18 personas. Días más tarde, el 30 de marzo, los denunciantes sumaron a su querella una entrevista concedida por MAR a El Mundo, en la que reconocía la frustración.
Cabe destacar que este mensaje se produjo después de que se destapase que Alberto González Amador, novio de la presidenta, había confesado, a través de su abogado, haber cometido fraudes fiscales por valor de 350.000 euros. También que el medio de comunicación al que concedió la entrevista reconociendo los hechos fue el que, posteriormente, serviría como plataforma para difundir el bulo que terminaría con la imputación y condena del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por desmentirlo, pese a no existir prueba concluyente.
En un principio, la jueza había archivado la investigación por la filtración de los datos personales, pero los querellantes presentaron recurso contra la decisión de la togada, que fue admitido por la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Madrid. Los magistrados de esta instancia corrigieron a la togada y le emplazaron a practicar diligencias, considerando en su escrito que es “pertinente averiguar cómo, cuándo y por qué llegaron los datos de los periodistas al querellado y si este efectivamente difundió los mismos”.
El primero en denunciar a MAR por revelación de secretos fue el PSOE, seguido del periódico y sus dos trabajadores. Todos acusan a Rodríguez de haber expuesto de forma delictiva y sin ninguna prueba a los reporteros, añadiendo que habría extraído esos datos de forma irregular a través de la Policía Nacional o alguno de los agentes que custodian la casa de la lideresa regional. Los agentes que identificaron a los periodistas deberán también declarar, en calidad de testigos, el próximo 19 de mayo.
Modus Operandi
El comportamiento de Miguel Ángel Rodríguez con la prensa que no considera útil para sus pretensiones es siempre hostil. El jefe de Gabinete acostumbra a estas prácticas camorristas y no ha dudado en llegar a amenazar con cerrar algún medio de comunicación crítico con la gestión de Ayuso. “Os vamos a triturar. Vais a tener que cerrar. Idiotas. Que os den”, le dedico a una periodista de elDiario.es. Una conducta sistemática que otros trabajadores y medios han sufrido en más de una ocasión.
Tampoco es una novedad que, ante escándalos que afectan a su entorno, desde su novio hasta su jefe de Gabinete, la presidenta de la Comunidad de Madrid ponga kilómetros de por medio. Podría ser una casualidad si no se hubiese repetido de forma sistemática. Ya en abril de 2025, Ayuso viajó a Ecuador justo cuando González Amador fue citado por sus múltiples delitos de corrupción y fraude. Además, esta no era la primera vez que alguna fecha importante para su pareja pillaba a la presidenta en Sudamérica (Chile y Perú).
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