La OTAN ha abierto una nueva vía de influencia pública lejos de los parlamentos, las ruedas de prensa y los comunicados militares: las salas de guion, las productoras audiovisuales y el imaginario de Hollywood. En plena escalada del gasto en defensa en Europa y Norteamérica, la Alianza Atlántica ha mantenido reuniones privadas con profesionales del cine y la televisión en Los Ángeles, Bruselas y París, y prepara nuevos encuentros en Londres con miembros del Writers’ Guild of Great Britain, el sindicato británico de guionistas. La iniciativa, revelada por The Guardian, ha desatado acusaciones de propaganda entre creadores que ven en estos contactos un intento de introducir relatos favorables a la OTAN en futuras películas y series.

El contexto no es menor. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados acordaron elevar progresivamente el gasto en defensa y seguridad hasta el 5% del PIB en 2035, una cifra muy superior al antiguo objetivo del 2%. La propia OTAN sostiene que en 2025 todos los aliados cumplieron o superaron el umbral previo del 2%, y que los países europeos y Canadá incrementaron su gasto militar un 20% respecto a 2024.

De la sala de guion al relato de guerra

Según la información publicada, los encuentros con cineastas y guionistas se presentan formalmente como “conversaciones íntimas” sobre la situación de seguridad en Europa y el papel de la OTAN. Sin embargo, algunos invitados han interpretado el formato —cerrado, bajo reglas de confidencialidad y con presencia de responsables de la Alianza— como una operación de influencia cultural.

Uno de los elementos que ha provocado más recelo es que, de acuerdo con un correo difundido entre guionistas británicos y citado por The Guardian, anteriores sesiones ya habrían inspirado “tres proyectos” audiovisuales en desarrollo. La invitación apuntaba además que incluso si un mensaje tan sencillo como la cooperación, la amistad y las alianzas acababa incorporándose a una futura historia, el objetivo estaría cumplido.

La OTAN niega que se trate de propaganda y defiende que estos encuentros responden al interés de miembros de la industria por conocer mejor qué es la organización y cómo funciona. Un portavoz citado por el diario británico sostiene que la iniciativa forma parte de una serie de sesiones con escritores de ficción, autores y showrunners, en las que también participan representantes de la sociedad civil y centros de pensamiento.

Pero para varios profesionales del sector, la frontera es demasiado fina. El guionista Alan O’Gorman calificó la iniciativa de “claramente propaganda”, mientras que el productor y guionista Faisal A Qureshi alertó del riesgo de que los creadores sean seducidos por el acceso privilegiado a información presentada con apariencia de verdad oficial.

El viejo matrimonio entre el Pentágono y Hollywood

La estrategia no surge de la nada. La cooperación entre instituciones militares estadounidenses y Hollywood tiene casi un siglo de historia. El Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoce abiertamente que sus vínculos con el cine se remontan incluso a Wings, película de 1927 apoyada por el Ejército y ganadora del primer Oscar a mejor película.

El mecanismo es conocido: producciones que necesitan acceso a bases, buques, cazas, asesores técnicos o material militar pueden solicitar colaboración oficial. A cambio, las autoridades revisan los guiones y deciden si el retrato de las Fuerzas Armadas es compatible con sus intereses. Diversas investigaciones han documentado que, cuando una película no encaja con la imagen deseada, la ayuda puede denegarse o condicionarse a cambios narrativos.

La novedad ahora es que el modelo parece desplazarse desde el Pentágono hacia una organización supranacional que necesita legitimar ante la opinión pública un salto histórico del gasto militar. No se trata solo de mostrar soldados heroicos o tecnología avanzada, sino de normalizar un marco político: más presupuesto para defensa, más industria armamentística, más presencia militar y más aceptación social de una Europa rearmada.

Cultura para vender presupuestos

La operación llega en un momento especialmente sensible para los gobiernos europeos. El aumento del gasto militar compite con sistemas sanitarios tensionados, vivienda inaccesible, crisis climática y servicios públicos debilitados tras años de austeridad. En ese terreno, la batalla no es únicamente presupuestaria: también es emocional. Las cifras del rearme necesitan relatos que las hagan digeribles.

Ahí entra el poder del cine y la televisión. Una serie puede convertir una alianza militar en una comunidad de héroes anónimos. Una película puede transformar un presupuesto multimillonario en una historia de sacrificio, amenaza exterior y deber moral. El entretenimiento, cuando se alinea con instituciones de poder, no solo refleja el mundo: ayuda a construir el sentido común con el que la ciudadanía interpreta guerras, amenazas y prioridades políticas.

Mientras la OTAN insiste en que se trata de diálogo, las críticas apuntan a una operación mucho más profunda: preparar el terreno cultural para que el rearme sea percibido no como una decisión discutible, sino como una necesidad inevitable. En tiempos de presupuestos disparados y guerras retransmitidas en directo, Hollywood vuelve a aparecer como lo que quizá nunca dejó de ser: una fábrica de sueños, pero también de consensos políticos.

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