Todo fueron fuegos artificiales en las primeras horas de este pasado sábado. Los mensajes de euforia con los que el Partido Popular y Vox recibieron la detención de Nicolás Maduro duraron apenas unas horas. Lo que por la mañana se recibió en la derecha española como el inicio de la “restauración de la democracia” en Venezuela quedó rápidamente empañado por la comparecencia de Donald Trump, que desnudó sin ambages las verdaderas intenciones de Washington y arrastró por los suelos la figura de María Corina Machado, preferiti de populares y ultraderechistas para la sucesión venezolana. Un baño de realidad que dejó en evidencia la fragilidad del relato construido desde Génova y Bambú y obligó a ambos partidos a recalcular, al menos en público, sus posiciones.

Tanto el PP como Vox celebraron desde primera hora la operación militar estadounidense. Cada uno con su tono y sus prioridades, pero con un denominador común: la convicción - o la conveniencia - de presentar la intervención como un paso decisivo hacia una transición democrática. En el caso de los populares, el énfasis fue claro: el futuro de Venezuela debía pasar por María Corina Machado, recién galardonada con el Nobel de la Paz, y por Edmundo González Urrutia, excandidato presidencial y figura reconocida por parte de la comunidad internacional como presidente electo. Vox, por su parte, optó por una defensa cerrada de la actuación de Estados Unidos, aderezada con ataques al “sanchismo” y una reivindicación explícita de su cercanía ideológica con Trump.

Ese guion saltó por los aires cuando el presidente estadounidense tomó la palabra desde Florida. Trump no solo negó contactos con Machado, sino que la descartó abiertamente como opción para liderar el país. “Es una buena mujer, pero no tiene la fuerza ni el respeto de la gente o el apoyo para dirigir Venezuela”, afirmó sin rodeos. A renglón seguido, anunció que Estados Unidos permanecerá en Venezuela para garantizar una transición “pacífica”, que administrará las reservas de petróleo y que ha abierto conversaciones con la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Una frase bastó para encender todas las alarmas: Rodríguez está “dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que esto funcione”.

El silencio incómodo del PP tras el golpe de realidad

La reacción inmediata en la derecha española fue el mutismo. Tras haber ensalzado de forma coral la operación militar como el “fin del régimen de Maduro”, el PP optó por la prudencia. Alberto Núñez Feijóo había escrito horas antes que Venezuela reclamaba “un futuro sin represiónbajo el liderazgo de González y Machado, pero la realidad impuesta desde la Casa Blanca obligó a rebajar el tono. En Génova y en los gobiernos autonómicos populares se impuso el mensaje de espera. “Hay que ver cómo evoluciona la situación”, deslizaron fuentes próximas a Isabel Díaz Ayuso, que poco antes había celebrado la caída del régimen como una de las noticias más relevantes de los últimos tiempos.

La cautela se instaló mientras Trump dinamitaba, desde el otro lado del Atlántico, la idea de una transición conducida por la oposición venezolana. Ya entrada la noche, Feijóo rompió parcialmente el silencio para anunciar una conversación con Edmundo González y reafirmar el respaldo del PP. “Encarnan la legitimidad democrática y moral”, subrayó, en una suerte de enmienda indirecta a las palabras del presidente estadounidense. Otros dirigentes populares fueron más allá. Cayetana Álvarez de Toledo calificó de “manifiestamente falsas” las declaraciones de Trump sobre Machado y la reivindicó como “la líder indiscutible del pueblo venezolano”.

Antes de ese giro de guion, la propia Machado había respaldado públicamente la intervención militar y asegurado que la oposición estaba preparada para “tomar el poder”. González Urrutia, en la misma línea, habló de una “gran operación de reconstrucción nacional”. Mensajes que, a la luz de los planes anunciados por Trump, quedaron suspendidos en el aire y abrieron un escenario de incertidumbre sobre el papel real que la oposición jugará en la nueva Venezuela tutelada por Washington.

Vox, mientras tanto, optó por otro camino. Santiago Abascal compartió en redes el mensaje de Machado, pero evitó reivindicarla tras la comparecencia del líder republicano. El partido ultraconservador centró su discurso en defender a Estados Unidos, denunciar los supuestos vínculos del chavismo con el Gobierno de Pedro Sánchez y sacar pecho de su relación con Trump. Dirigentes como Jorge Buxadé aprovecharon para afear al PP críticas pasadas al presidente estadounidense, presentándolo ahora como el artífice de la “libertad” de Venezuela.

Esa identificación con Trump es, sin embargo, un arma de doble filo para Vox. La determinación de Estados Unidos de dirigir el país y negociar incluso con figuras del chavismo introduce un factor de incomodidad evidente. Delcy Rodríguez exigió desde Caracas la liberación “inmediata” de Maduro, y Abascal reaccionó sin mencionar el papel que Trump le reserva a la vicepresidenta, limitándose a advertir de que está dispuesta a “traer todavía más dolor” y a reclamar que se “culmine” la liberación del país.

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