Pedro Sánchez ha publicado este martes una carta a la ciudadanía para celebrar la regularización extraordinaria de migrantes que arranca con el real decreto aprobado por el Consejo de Ministros. El presidente del Gobierno ha querido poner el foco en el significado político y social de la medida con una frase de apertura muy clara: “Hoy, de nuevo, siento orgullo de ser español”.

A partir de ahí, Sánchez ordena su defensa de la regularización en varios argumentos muy concretos. El primero, el de la normalización. Según escribe, la medida sirve para “reconocer la realidad de casi medio millón de personas que ya forman parte de nuestra vida cotidiana”. No habla de una llegada nueva ni de una situación excepcional creada de golpe. Habla de personas que ya están en España, que viven en el país y que forman parte del día a día de muchos barrios, trabajos y familias.

El presidente también presenta la decisión como un acto de justicia. En su carta apela directamente a la historia de la emigración española y recuerda a “aquellos que emigraron en busca de una vida mejor”. Con esa referencia, Sánchez enlaza la medida aprobada este martes con una memoria muy presente en muchas familias españolas y la aleja del discurso que retrata la migración solo como un problema de orden público.

“Reconocer la realidad de casi medio millón de personas”

La carta insiste en una idea que atraviesa todo el mensaje: la regularización no se plantea como una concesión retórica, sino como una respuesta a una realidad ya existente. Sánchez escribe que se trata, “ante todo, de un acto de normalización”. La expresión no es menor. Lo que hace es situar la medida en el terreno de lo que ya ocurre, no en el de una excepción.

Ese énfasis aparece reforzado por otra parte del texto, en la que el presidente defiende que España “avanza cuando su sociedad se implica”. Es la manera que elige para presentar esta decisión no solo como una iniciativa del Gobierno, sino como una expresión de una determinada idea de país. De hecho, la carta está escrita en un tono deliberadamente cívico, con apelaciones constantes a la sociedad española y con una defensa abierta de la integración.

Sánchez añade además un argumento de necesidad demográfica y económica. “España, como otros países europeos, envejece”, señala en su mensaje. Y remata esa idea con otra frase muy directa: “Sin nuevas personas trabajando y cotizando, nuestra prosperidad se frena”. Aquí el presidente no coloca la regularización solo en el plano de los derechos. La vincula también al sostenimiento del mercado laboral, de las cotizaciones y del propio equilibrio económico del país.

El texto se detiene precisamente en ese doble plano. Por un lado, el reconocimiento de derechos. Por otro, la exigencia de deberes. Sánchez subraya que “el verdadero sentido de esta regularización es reconocer derechos, pero también exigir obligaciones”. Con esa fórmula intenta dejar claro que la medida no se presenta como una amnistía sin condiciones, sino como un proceso para incorporar plenamente a la legalidad a personas que ya viven en España.

“Tenemos dos caminos”

La parte más política de la carta llega en su tramo final. Ahí Sánchez contrapone de manera muy explícita dos modelos. “Tenemos dos caminos”, escribe. El primero sería el de quienes “quieren sembrar el miedo, enfrentar a unos con otros y condenar a miles de personas a la exclusión”. El segundo, el de quienes entienden que la migración “es una realidad que debe gestionarse con responsabilidad, integrarse con justicia y convertirse en prosperidad compartida”.

Es uno de los pasajes más claros del texto porque no disimula el choque político que rodea a la medida. Sánchez no se limita a explicar el decreto. También responde al marco de la derecha y la extrema derecha sobre inmigración. Lo hace, además, con un tono muy poco técnico y muy orientado a la disputa pública del relato.

La carta concluye con otra afirmación pensada para subrayar esa idea de continuidad: “España siempre ha elegido el segundo camino. Lo hemos hecho antes. Y lo volvemos a hacer hoy”. La frase busca presentar la regularización como una decisión coherente con una determinada tradición española, no como una ruptura aislada.

El Gobierno pone así voz política a una medida de gran alcance que afectará a cientos de miles de personas en situación irregular. Pero en esta ocasión Sánchez ha querido que el centro del mensaje no esté solo en el decreto, ni en sus requisitos, ni en su tramitación. Ha preferido subrayar otra cosa: que, a su juicio, regularizar es reconocer una realidad, hacer justicia con la historia migratoria del país y responder a una necesidad económica sin renunciar a la exigencia de obligaciones.

Y lo ha resumido desde la primera línea, con una frase que condensa todo el sentido que quiere dar a la decisión: “Hoy, de nuevo, siento orgullo de ser español”.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio