Las figuras del expresidente del Gobierno José María Aznar, su esposa Ana Botella y su yerno aparecen en los archivos del financiero estadounidense que fue condenado por explotación sexual de menores, Jeffrey Epstein. En total se publicaron más de tres millones de documentos ―de los seis millones que se estiman―, relacionados con el pederasta y millonario norteamericano.
El que fuera líder del Partido Popular (PP) aparece en los recibos de dos envíos de paquetes. El primero, de unos 230 gramos que se mandó en septiembre de 2003, cuando Aznar aún era presidente del Gobierno, en una legislatura que estuvo marcada por la cercanía del Ejecutivo español con el Gobierno norteamericano y, especialmente, con el mandatario George W. Bush.
El coste ascendió a 32,62 dólares y se hizo a través del servicio de mensajería FedEx desde la sede de las oficinas de Epstein en Nueva York hasta el Palacio de la Moncloa en Madrid con el encabezado "Presidente y Ana Aznar".
En mayo de 2004 se realizó el segundo de los envíos, de unos 360 gramos, cuando Aznar ya no era presidente del Gobierno, a una dirección de la calle Juan Bravo de Madrid donde tiene su sede la Fundación FAES.
También aparece un documento en el que aparece un pago de Epstein a su agente de viajes a nombre de Aznar, por 1.050 dólares, con fecha 17 de octubre de 2003. La compañía Shoppers Travel Inc., receptora del pago, era utilizada habitualmente por Epstein para reservar vuelos comerciales para sus asociados y empleados.
El expresidente del Gobierno ha amenazado este jueves al ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, y al resto del Gobierno de Pedro Sánchez con llevarlos frente a los tribunales. Aznar lo hizo desde los editoriales de su laboratorio ideológico, Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales.
Aznar censuró la política del titular de Exteriores, quien le dedicó unas palabras en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, y censuró la defensa ejercida sobre la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. "Lo de contestar a las preguntas de la oposición con un 'también Aznar ha aparecido en los papeles de Epstein y yo no vengo aquí a traer acusaciones' es elevar el pellizco de monja a categoría política", juzga FAES.
"No hay que andarse con perífrasis. Si se cree que la mención de dos apuntes postales basta para sugerir que Aznar encubría o encargaba actividades ilícitas y/o inmorales, dígase por derecho. Si eso lo sostuviera alguien aforado, todos tendríamos, además, la oportunidad de aprender mucho: por ejemplo, acerca de la tramitación de suplicatorios en España", añade el escrito en una clara advertencia a Albares, el Gobierno y los parlamentarios del PSOE.
La última entrega de los llamados "archivos Epstein", publicada el 30 de enero, aportó tres millones de páginas, 180.000 imágenes, 2.000 vídeos y numerosos nombres de conocidas figuras de países de todo el mundo.
No hay indicios de que aparecer en los documentos implique la comisión de ningún delito, y muchas de las personas mencionadas han negado haber cometido irregularidades en relación con Epstein.
La publicación se produjo semanas después de la fecha límite establecida por la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein, promulgada por el presidente estadounidense Donald Trump en noviembre. Esta ley exigía la publicación completa de todos los documentos relacionados con Epstein.
Involucrados en los archivos Epstein
Epstein tejió una amplia red de contactos. El primer gran imán fue su capacidad de manejar dinero de otros con éxito, de modo que rápidamente se convirtió en depositario y asesor de la fortuna de otros a cambio de cuantiosas comisiones. El dinero y el lujo son un atractivo muy potente, lo fueron hasta lo obsceno en los años 80 y 90.
Parece que no hubo hombre, sobre todo hombre, poderoso que no aceptara, deseara, volar en su avión o pernoctar en alguna de sus mansiones. Aparecer a su lado aquellos años no manchaba, sino que daba lustre, era sinónimo de estar en la cima, en esa hoguera de vanidades que es Nueva York, el hábitat en que hizo su fortuna.
Con la perspectiva de hoy vemos como una telaraña de depravación lo que en aquel fin de siglo era la imagen de éxito. Un fin de siglo en el que Trump acaparaba portadas en la prensa mundana y de negocios. No se iba a la Torre Trump a protestar, sino a hacer fotos de admiración.
Elon Musk, Bill Gates, Trump, Andrés Mountbatten-Windsor, Sarah Ferguson, Peter Mandelson, Steve Banon, la princesa Mette-Marit de Noruega, Andrés Pastrana, Peter Attia, Sergey Brin y Ehud Barak son otros de los rostros conocidos incluidos en los archivos de quien fue traficante de personas.
La hoy fiscal general y ministra de Justicia, Pam Bondi, muy leal y servicial, como todo el Gobierno, con el presidente Trump, dijo tener en su poder una lista de clientes, pero, de existir, no se ha publicado. Lo publicado, y no es todo, es una marea de información donde cuesta mucho separar el grano de la paja. Mucho intercambio de correos, pero pocas pruebas para imputar.
Lo que ha salido a la luz y aquello que aún permanece en reserva están alimentando numerosas teorías de conspiración sobre la influencia y las redes de Jeffrey Epstein, así como sobre la forma en que el Gobierno está gestionando el caso:
¿Qué criterios se utilizan para seleccionar qué documentos se divulgan? ¿Por qué se ocultan algunos nombres de presuntos implicados mientras que no se ha protegido la identidad de ciertas víctimas? ¿Se está intentando resguardar al presidente Donald Trump? ¿Qué quiso decir Epstein cuando afirmó que Trump era “el perro que no ha ladrado”?