Los bombardeos de Israel y Estados Unidos sobre Irán y Líbano han supuesto un impacto en las tendencias electorales de Occidente, especialmente europeas. Definitivamente, la coyuntura internacional se ha mimetizado con la realidad del tablero doméstico y comunitario.

En Budapest, la injerencia de Trump y Vance cotizó a la baja: el 54% de los húngaros apoyaron a Péter Magyar, quien fuera pupilo del ultranacionalista, proruso y antieuropeo, Víktor Orban, y líder de la oposición. Con más del 79% de participación, el díscolo de Bruselas ha sido desalojado del poder tras 16 años de mandato.

En nuestro país, el “no a la guerra” del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha supuesto un soplo de aire fresco para el espectro progresista. Las últimas estimaciones publicadas por ElectoPanel reflejan una tendencia electoral cambiante, con ligeras transferencias que consolidan al bloque de la derecha como primera fuerza, pero con una tendencia al alza del PSOE que estrecha la diferencia respecto al Partido Popular.

Según el sondeo correspondiente al 1 de marzo de 2026, el Partido Popular lideraba con un 32% de los votos, seguido del PSOE con un 26,5%. En tercer lugar se situaba la ultraderecha de Vox con un 20,1%, mientras que Sumar alcanzaba el 5,7% y Podemos el 3,8%. El bloque de “otros partidos” sumaba un 11,9%.

Sin embargo, el barómetro más reciente, fechado el 12 de abril de 2026, muestra ciertos ajustes relevantes. Los populares bajan ligeramente hasta el 31,2%, mientras que el PSOE sube con fuerza hasta el 29,1%, recortando más de dos puntos de distancia. Vox también retrocede, situándose en el 18,4%. Por su parte, Sumar mejora levemente hasta el 5,8%, mientras que Podemos desciende al 3,7%

Un escenario más competitivo para Sánchez

Estos datos apuntan a una mayor competitividad del bipartidismo respecto a los populismo extremistas. Aunque el Partido Popular continúa en cabeza, la subida de los socialistas sugiere una posible reactivación del voto progresista, en un contexto donde la fragmentación del espacio de la izquierda sigue siendo un factor clave.

El descenso de Vox, aunque moderado, también puede tener implicaciones estratégicas para el bloque de derechas, ya que su fortaleza es determinante para una eventual mayoría parlamentaria junto a los populares. 

Al mismo tiempo, la estabilidad de Sumar y la ligera caída de Podemos evidencian que el espacio a la izquierda del PSOE no logra todavía una consolidación clara, sin un liderazgo que ampare un proyecto transformador.

Proyección de escaños: ventaja insuficiente 

La estimación de escaños basada en los datos del 1 de marzo dibuja un Congreso fragmentado. El Partido Popular obtendría 133 diputados, seguido del PSOE con 102. La ultraderecha alcanzaría los 71 escaños, mientras que los rosas conseguirían 9 y los morados, 5. El conjunto de “otros partidos” (independentistas, regionalistas y periféricos) sumaría 30 diputados.

En este escenario, la suma del Partido Popular y Vox alcanzaría los 204 escaños, superando con holgura la mayoría absoluta situada (176). Esto permitiría, en principio, la formación de un gobierno de coalición o de apoyo parlamentario entre la derecha y la derecha radical.

Por el contrario, el bloque de izquierdas tendría más dificultades para articular una mayoría. La suma del PSOE, Sumar y Podemos se quedaría lejos de la absoluta, dependiendo en gran medida del apoyo de formaciones regionalistas y nacionalistas.

El papel clave de los partidos territoriales

Entre los partidos de ámbito autonómico, destacan ERC y EH Bildu con 7 escaños cada uno, así como PNV y Junts con 6 diputados respectivamente. También aparecen BNG con 3 escaños y otras formaciones menores como UPN o Coalición Canaria con representación puntual. Estos partidos vuelven a perfilarse como actores decisivos en posibles escenarios de investidura.

Tendencias a seguir

La evolución entre marzo y abril muestra varias tendencias a tener en cuenta de cara a los comicios andaluces y los próximos generales. En primer lugar, el crecimiento del PSOE podría indicar una movilización de su electorado o la absorción de su espacio a la izquierda. Y, en segundo lugar, la ligera caída del Partido Popular no compromete su liderazgo, de momento, pero sí reduce su margen de ventaja.

Por otro lado, el retroceso de Vox podría reflejar una cierta pérdida de impulso, mientras que el espacio a la izquierda del PSOE continúa fragmentado, sin señales claras de concentración del voto. No obstante, el estancamiento de los de Santiago Abascal permite que la disputa por los restos pueda volver a librarse.

El escenario político español sigue abierto y condicionado por inputs externos que, en un sistema altamente fragmentado, pueden tener un impacto significativo en la pugna por la Moncloa.

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