El viaje oficial de Pedro Sánchez a China ha comenzado como se esperaba, con el presidente del Gobierno aprovechando el agitado contexto internacional para reivindicar los lazos entre la Unión Europea y el gigante asiático. No es casual, pues Sánchez es desde hace tiempo el principal adalid de que, ante el rumbo incierto del barco de Donald Trump, España y el resto de Europa se aseguren unas buenas relaciones comerciales y diplomáticas con China y otros centros de poder alternativos a Estados Unidos.

Durante su visita, el líder del Ejecutivo va a a conocer a empresarios, científicos y diplomáticos chinos, y a visitar algunas de compañías e instituciones más importantes del país. Todo ello hasta el miércoles, aunque el plato fuerte tendrá lugar este martes, con el encuentro entre Pedro Sánchez y el presidente chino, Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo de la capital.

La agenda de este viaje es un fiel reflejo de los objetivos, que se resumen en tres: mayor cooperación, mejores relaciones diplomáticas y acuerdos comerciales. Todo ello con el objetivo de que España represente la ruptura con los prejuicios de Washington, que desde hace años acepta sin cuestionar Europa. Un objetivo que no solo tiene implicaciones diplomáticas e históricas, sino que podría abrir la puerta a una oportunidad comercial.

Con el tablero del orden mundial recibiendo constantes sacudidas, el mercado de las materias primas podría ser uno de los principales quebraderos de cabeza del futuro inmediato. Y este es un contexto en el que las necesidades de los países occidentales podrían relegar a la propaganda estadounidense a un segundo plano.

Sánchez da el primer paso: "Construir una relación basada en el respeto mutuo"

Sánchez ya ha dejado entrever que esta será la tónica de su viaje en su primer discurso, que ha dado este lunes en la Universidad Tsinghua de Pekín justo antes de participar en un encuentro con expertos en relaciones internacionales. El presidente, ante los estudiantes pekineses, ha defendido las relaciones con China y reivindicado el papel diplomático de España en el contexto actual. Como es habitual en él, lo ha hecho desde la defensa del multilateralismo, cada vez más cuestionado: "Por primera vez en la historia contemporánea, el progreso germina de forma simultánea en varios lugares del planeta", ha dicho.

El socialista no ha eludido las diferencias entre China y Occidente, pero va más allá de la confrontación de bloques que promueve Estados Unidos y pide tender puentes: "La propuesta de España es clara: construir una relación basada en el respeto mutuo", defiende. Y la clave está en normalizar esas relaciones, que Sánchez describe de la misma manera que las que España y el resto de Europa mantienen con otras potencias: "Un respeto que nos permita cooperar en todo lo posible, competir en lo que sea necesario, y gestionar nuestras diferencias cuando estas resulten inevitables".

Para ello, Sánchez propone que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el único organismo de la ONU que dicta resoluciones vinculantes para los países, sea más representativo, y tengan más peso en él regiones como el llamado 'sur global'. Además, el presidente ha abordado la guerra comercial que propugna Estados Unidos, y ha animado a China a abrirse al mundo para paliar sus consecuencias. Sánchez ha recordado que la Unión Europea ha firmado acuerdos con 25 países e incrementado un 80% sus importaciones de nuevos mercados en el sur: "Necesitamos que China haga lo mismo, que se abra, para que Europa no tenga que cerrarse", defiende Sánchez.

Las siguientes paradas de Sánchez en China

Al terminar su discurso, el presidente ha pedido a China que se implique más en el contexto internacional y exija el fin de la guerra en Ucrania, Líbano e Irán. Tras esto, Sánchez ha recibido la Cátedra honoraria de la Universidad de la Academia China de las Ciencias, una ocasión para reflejar el objetivo de reivindicar la cooperación con el país también en el ámbito científico y universitario.

Y también el económico, pues la agenda del día terminará con la visita del presidente a la sede de Xiaomi, el gigante chino de la telefonía movil, en la que estará junto a su fundador y CEO, Lei Jun. Sánchez trata de atraer inversiones a España, además de abrir el mercado chino a las empresas de nuestro país. Esto lo hará también los próximos días, cuando participe en encuentros con inversores -el martes- y con empresas innovadoras chinas -el miércoles-, tras lo que se reunirá con el presidente de la Cámara de Comercio UE-China, Jens Eskelund.

Pero sin duda el día de más significado político y diplomático del viaje será el martes. A partir de las 11:15 horas de la mañana -las 5:15 en horario peninsular-, Sánchez mantiene un encuentro con Xi Jinping. Ambos líderes se saludarán en el Gran Salón del Pueblo, la sede de la Asamblea Popular Nacional -el parlamento chino- y el lugar que destina a actividades ceremoniales el Gobierno de la República Popular, ubicado en la  Plaza de Tiananmén.

Tras esto, el presidente chino ofrece un banquete oficial a Sánchez, tras lo que el mandatario español comparecerá ante los medios de comunicación en torno a las 7:30, hora peninsular. Tras esto, seguirán las actividades de la parte política del viaje, en las que Sánchez asistirá a una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo, oficiada por el primer ministro Li Qiang. El socialista se reunirá con él y con el presidente del Comité Permanente del parlamento nacional del país, Zhao Leji, tras lo que se producirá una firma de acuerdos sucedida de otro banquete, este presidido por Qiang.

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