21 horas de negociación para regresar a la casilla de salida. El fracaso de la reunión bilateral en Islamabad (Pakistán) ya es palpable después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amaneciera – hora local – con ánimo de disparar aún más los niveles de tensión en Oriente Próximo. La reacción del inquilino de la Casa Blanca a las infructuosas conversaciones con Teherán no ha sido otra que someter a un nuevo test de estrés a toda la región. Una ofensiva directa sobre Irán que se expande al resto del tablero geopolítico al ordenar el bloqueo naval en el estrecho de Ormuz y amenazar a toda aquella embarcación que pague su peaje para atravesar el estratégico enclave oriental.

Sin matices, pero cargado de estridencias, Trump cogía su teléfono móvil para publicar en su red social su primera reacción tras la maratoniana jornada de negociaciones facilitadas por Pakistán. El presidente ha dado la orden a la Armada norteamericana para iniciar un bloqueo naval del paso marítimo: “Con efecto inmediato, comenzará el proceso para bloquear todos y cada uno de los buques intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz”. La maniobra, lejos de una acción simbólica, adquiere una carga operativa, advirtiendo que “otros países” se sumarán a su estrategia; aunque no ha concretado cuáles.

El estrecho de Ormuz es uno de los puntos de la fricción permanente entre Estados Unidos e Irán desde que Washington iniciara la ofensiva hace algo más de 40 días. Un enclave bajo el control de Teherán crucial por su carácter estratégico, al ser uno de los puntos de mayor tránsito del petróleo mundial. Su bloqueo – ya sea total o parcial – rebosa de connotaciones e implicaciones directas sobre los mercados energéticos y, por extensión, la estabilidad de un tapete geopolítico cada vez más raído. En este caldo de cultivo, Trump ha redoblado su apuesta y ha señalado directamente a Irán por practicar una “extorsión global” mediante el control del paso, así como la colocación estratégica de minas en la zona.

Aviso a navegantes

La orden del Comandante en Jefe de Estados Unidos no se detiene en un mero bloqueo naval del paso marítimo, sino que trasciende a un aviso a navegantes. Concretamente, lleva el remite de todas aquellas naciones que se sometan al peaje de Irán. De hecho, ha advertido de que la Armada yankee tiene potestad para actuar en aguas internacionales: “Buscaremos e interceptaremos a cualquier buque haya pagado a Irán”. Una afirmación que, por otro lado, expande las fronteras del conflicto más allá de las lindes marítimas de Teherán. “Nadie que pague un peaje ilegal tendrá paso seguro en alta mar”, insistía en sus intentos de disuadir a terceros países y navieras que operen por la zona.

Trump amenaza al mundo: "Nadie que pague un peaje ilegal tendrá paso seguro en alta mar"

La advertencia de la Casa Blanca apunta directamente a la red de comercio marítimo internacional, que podría verse en el dilema de operar bajo riesgo o buscar rutas alternativas para eludir el bloqueo de los buques yankees. Junto al cierre perimetral, Trump alumbraba la puesta en marcha de un rosario de operaciones de desminado en el enclave marítimo, advirtiendo de que sus naves comenzarán la destrucción de las minas diseminadas por Teherán. Maniobra que, de confirmarse, conllevaría un despliegue militar sostenido en la zona. Máxime tras las últimas palabras del presidente estadounidense en su publicación, avisando a “cualquier iraní que dispare” contra sus efectivos o buques “pacíficos”. “Será volado en mil pedazos”, remató.

¿Fracaso irremediable en Islamabad?

 El movimiento de ficha de la Casa Blanca responde de alguna manera a lo sucedido el sábado en Islamabad. Delegaciones de Irán y Estados Unidos se citaron en la capital de Pakistán para iniciar unas negociaciones de paz – mediadas por este último país – que acabaron con los de Washington levantándose de la mesa tras 21 horas de incertidumbre y una “oferta final” en manos de Teherán. Si bien la reunión – de calado histórico – propició avances en algunos diversos frentes, no logró superar los principales escollos del conflicto: Ormuz, el programa nuclear iraní y el papel de Israel en la región. Puntos de máxima fricción que quedaron sin resolver, pero algunas de las lecturas que se extrajeron del encuentro apuntaban a posibles conversaciones en el horizonte.

El propio Trump se jactaba precisamente de que la cuestión nuclear fue el factor determinante. “La reunión fue bien, acordamos la mayoría de los puntos, pero el único realmente importante no”, deslizaba. Y es que la postura de Washignton orbita en torno a un compromiso firme por parte de Teherán para no desarrollar armamento nuclear. ¿El problema? La demanda yankee chocaba frontalmente con una de las líneas rojas de la delegación iraní. Al menos conceptualmente, en los términos planteados por el equipo de JD Vance.

En virtud del gatillazo de Islamabad, Trump aprovechaba la coyuntura para acusar a Irán de incumplir los compromisos adquiridos durante el diálogo. Uno de ellos – argumenta – pivota precisamente sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. “Sabían lo que hacían. Han causado ansiedad, desorientación y daño a muchos países”, lamentaba, encuadrando la decisión del bloqueo naval como una respuesta directa a un presunto quebranto de la confianza de los estadounidenses.

Mensajes cruzados y escepticismo rebosante

El inquilino de la Casa Blanca, no obstante, combinaba su amenaza a Irán – y a los países que paguen el peaje – con una oferta implícita de desescalada que de alguna manera obliga a Teherán a retroceder y reabrir “rápidamente” el estrecho. Un gesto – proseguía – que permitiera retomar el capítulo del diálogo bajo condiciones que evitarían un conflicto superior. “Irán sabe cómo poner fin a esta situación”, reiteraba, al tiempo que presumía de la superioridad militar yankee frente a las “mermadas” capacidades navales y aéreas iraníes.

Entre tanto, ha elogiado el papel de Pakistán como mediador en el conflicto, agradeciendo a sus dirigentes su talante para facilitar el encuentro entre ambas delegaciones en su territorio. Incluso ha equiparado la mediación de Islamabad con su incursión diplomática de dicho país con la India, apuntalando su narrativa de liderazgo en conflictos internacionales. "Me dan continuamente las gracias por salvar entre 30 y 50 millones de vidas", concluía.

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