La tensión en el ambiente se puede cortar con un cuchillo en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Mientras el fantasma del impeachment sobrevuela la residencia presidencial, a su inquilino y presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se le acumulan las controversias tanto en clave internacional como en clave interna, sin que ninguna termine de resolverse y mientras su popularidad desciende incluso entre sus acólitos. Venezuela, Groenlandia, Irán, la OTAN, el movimiento MAGA, Epstein... los frentes abiertos son cada vez más numerosos para el líder republicano, que está teniendo, en este 2026, el año más polémico desde que asumió la presidencia estadounidense por primera vez en 2016.
Donald Trump comenzaba el año con la detención y encarcelamento del expresidente venezolano, Nicolás Maduro, con el fin de hacerse con el control del petróleo del país e instaurar una figura más afín a sus intereses en la dirección nacional, como la de Delcy Rodríguez. No supuso estrictamente un cambio de régimen, pero sí un cambio que hizo que los intereses del imperio estadounidense se impusieran en suelo venezolano. A ello, le siguieron las amenazas de anexionarse Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, país miembro de la OTAN y de la Unión Europea, que tuvieron que desescalarse desde el raciocinio ante un líder que se creía con derecho a todo. De fondo, continuaba el genocidio palestino, respaldado desde Washington. ¿La cuarta línea de batalla? La guerra de Irán, un conflicto que muchos estadounidenses rechazan, en un país que jamás supuso una amenaza directa para Estados Unidos, y que solamente obedece a los intereses regionales de Israel, al ver en Teherán el único contrapeso posible a sus ansias expansionistas regionales y a sus planes de ocupación, ya sea a través del propio poder iraní o por la actividad de Hezbolá.
Pero esto, por si fuera poco, no es todo. A las pulsiones imperialistas y la clave internacional se suman los problemas internos: la desunificación del movimiento MAGA, que hasta ahora acostumbraba al seguidismo ciego a las acciones del presidente estadounidense, pero que ahora ha encontrado puntos de desacuerdo, especialmente tras el conflicto en Irán, y los archivos de Epstein, que sitúan a Trump como presunto partícipe de la trama de abusos de menores, prostitución infantil y otros abusos muy graves dirigidos por el depredador sexual que les da nombre. Todas estas controversias convergen, a su vez, en el año en el que se celebrarán las elecciones mid-term, es decir, las elecciones generales que se efectúan el martes siguiente al primer lunes de noviembre en el punto medio de la legislatura. En esos comicios se eligen los 435 escaños de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, y 33 o 34 de los 100 del Senado de Estados Unidos. Las previsiones vaticinan un importante batacazo de los republicanos a vista de las recientes acciones de Donald Trump y de los problemas acumulados durante los últimos meses.
Irán, los vaivenes de paz y el choque con la OTAN
Las conversaciones para la paz entre Estados Unidos e Irán se han ido sucediendo durante las últimas semanas, pero sin un horizonte claro. Los bandazos han sido constantes, sin que esté claro si la situación va a desescalar finalmente o si la reapertura del conflicto va a estar sujeta a los designios del republicano. El punto más acuciante de estas conversaciones ha sido, indudablemente, la reapertura del estrecho de Ormuz, por ser un punto clave para el comercio mundial de petróleo. Recientemente, el líder supremo Mojtaba Jamenei, ha asegurado que el tránsito en este enclave geográfico entrará ahora "en una nueva fase", coincidiendo, además, con la presión de Donald Trump sobre los aliados de la OTAN, a quienes reclama movilizarse en su favor y que han decidido no hacer seguidismo automático a este conflicto.
Por un lado, el hijo del antiguo líder de los ayatolás, asesinado en uno de los primeros ataques de Washington y Tel Aviv en la guerra, exponía este jueves en que su país "buscará reparaciones completas e implementará una nueva fase de gestión en el estrecho de Ormuz", Prueba de esta nueva fase en Ormuz son los datos extraíbles de Marine Traffic, la plataforma de seguimiento del tráfico por esta vía, además de The Times of Israel, señalando que, por primera vez desde el bloqueo, ha circulado un petrolero que no es de procedencia iraní por estas aguas, sino que se ha tratado de un buque de Gabón rumbo a India. No obstante, Jamenei advertía que no permitirá su utilización "a los criminales que atacaron a Irán" y, por ende, "no renunciará a sus derechos", aunque recordó que su país "no busca la guerra". En estos mismos términos, Jamenei advertía con la venganza ante el asesinato de su padre: "Exigiremos una indemnización por todos y cada uno de los daños infligidos, así como el precio de sangre pagado por los mártires y la compensación por los heridos de esta guerra", defendía.
En lo que concierne al papel de la Comunidad Internacional en este conflicto, Trump se reunía este miércoles con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que dio un ultimátum a los aliados para desplegar medios militares sobre el estrecho de Ormuz. Trump sigue esperando "compromisos y acciones concretas" para garantizar la navegación y tránsito seguro sobre este enclave del Golfo Pérsico, a pesar de que muchos Estados miembro se han desmarcado del conflicto. Washington amenazó, a su vez, con abandonar la OTAN ante su "decepción" con los aliados al no haberse sumado estos países a sus designios militares sobre Irán.
El alto el fuego, a su vez, se diluye entre las nuevas amenazas que va pronunciando el republicano: advertía esta semana que la parte iraní "pagará por el cierre del estrecho de Ormuz". En una reciente comparecencia, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, matizaba en múltiples ocasiones que el alto el fuego "está supeditado a la apertura del estrecho de Ormuz". "Esperamos que lo hagan de forma rápida y segura, sin ningún tipo de dilación. La prioridad del presidente y del equipo de negociación es la apertura del estrecho de Ormuz. Vamos a esperar que el estrecho se abra y que las negociaciones de Islamabad (capital de Pakistán) lleguen a buen puerto para alcanzar la paz", un encuentro que se producirá entre las partes diplomáticas este fin de semana. Del mismo modo, las conversaciones pacíficas quedan bajo cuestión al escuchar a Leavitt decir que fue la parte estadounidense la que rechazó la contrapropuesta diseñada por Teherán: "Los iraníes presentaron un plan de diez propuestas que no eran aceptables y hemos descartamos, la tiramos literalmente a la basura. Habéis mentido los periodistas sobre estas propuestas. Nosotros hemos obligado a Irán a sentarse a la mesa de negociación y que presenten un plan mucho más razonable, que era una base de negociación viable, 15 propuestas, entre ellas, que se ponga fin al programa de enriquecimiento de uranio, no aceptaremos que tengan un plan nuclear". Todo está en el aire y nada está claro en este sentido.
Críticas desde el movimiento MAGA
El ideario del universo Make America Great Again (MAGA) solía regirse por el seguidismo ciego a todo lo que diga y haga el actual inquilino de la Casa Blana. No obstante, con la ofensiva de Estados Unidos sobre Irán han cambiado las tornas, y se ha generado un cisma difícil de apaciguar: voces de renombre dentro del movimiento político se han posicionado en contra de esta incursión militar. El motivo no es otro que la razón de ser de la ‘Operación Furia Épica’ choca frontalmente con la esencia del gran eslogan de MAGA: "America First". Las voces críticas afean que el América primero queda en agua de borrajas si las ambiciones se centran en la política exterior, y más aún, arrastradas por los intereses de otro país.
Bajo este telón de fondo, distintas voces de peso dentro del movimiento han rechazado abiertamente sumarse a la postura belicista. La que fuera congresista por Georgia y que ocupó un cargo de confianza de Trump en el Capitolio, Marjorie Taylor Greene (MTG), se preguntó en redes sociales "cuántas muertes están los votantes del Gobierno estadounidense dispuestos a aceptar en esta guerra con Irán". "¿Qué tal cero, panda de putos mentirosos enfermos? Votamos por Estados Unidos primero y cero guerras", reprochó. "(Lo que está pasando) no es liberar al pueblo iraní, es asesinar a sus hijos. Estados Unidos no apoya esto", añadía la congresista citando las imágenes de la escuela femenina bombardeada al sur del país en las primeras semanas de hostilidades y augurando el fin del movimiento MAGA si todo seguía igual. Hasta Charlie Kirk, el comunicador de extrema derecha y afín a Trump asesinado el pasado septiembre durante una charla universitaria, definió la idea de un cambio de régimen en Irán como "una locura", previniendo que podría convertirse en una guerra civil en la que morirían cientos de miles de personas" y que provocaría "una nueva gigantesca crisis de refugiados musulmanes". Una postura secundada por Candace Owens y Cassandra MacDonald.
Otra de las voces reacias a la ambición de Trump fue esgrimida por el locutor y expresentador de la CNN, Tucker Carlson, una de las figuras que, de hecho, más auparon a Trup durante la campaña. Carlson describió la operación en Irán de "absolutamente repugnante y malvada" en declaraciones a ABC News, deslizando al tiempo que podría alterar de forma permanente la identidad del universo MAGA. En la misma dirección, el locutor de podcast Tim Pool calificó la incursión de "traición" a la nación norteamericana; misma postura que adoptaron los hermanos influencers Keith y Kevin Hodge: "El presidente Trump ha mentido completamente a sus votantes, ha traicionado al país y mancillado su legado de forma irreparable", condenaron en redes sociales. Incluso, desde el plano político, congresistas y senadores republicanos como Thomas Massie y Rand Paul, de Kentucky, o Warren Davidson, de Ohio, se postularon en contra: "Esto no es ‘America First’".
Los abusos de Epstein, a la palestra de nuevo
Otro de los frentes que siguen abiertos para el presidente estadounidense son los archivos de Epstein. Hace unos meses, se publicaba buena parte de los mismos para cumplir con la sentencia de la justicia estaounidense que imponía su revelación, aunque buena parte de su contenido fue censurada. El asunto quedó latente y sin mayores repercusiones que una fuerte indignación social que se fue apaciguando con el paso de las semanas, pero este jueves, la esposa de Donald Trump, Melania Trump, volvía a hablar del tema, negando cualquier vínculo con el pederasta y depredador sexual Jeffrey Epstein, asegurando que "no conocía sus abusos". "Las mentiras que me vinculan con el vergonzoso Jeffrey Epstein deben acabar hoy mismo", argumentaba la primera dama, en unas declaraciones que dan a entender que algo podría pasar próximamente con este asunto.
En una declaración sin preguntas, la primera dama mencionó su libro homónimo para explicar cómo conoció a Trump y las primeras veces que coincidió con el depredador ante los rumores de que el tycoon y ella se conocieron en una de las fiestas del depredador sexual. "Donald y yo fuimos invitados a las mismas fiestas que Epstein de vez en cuando", reconocía. "Solaparse en los círculos sociales es habitual en Nueva York y Palm Beach. Para que quede claro, nunca mantuve ninguna relación con Epstein ni con su cómplice, Ghislaine Maxwell. Mi respuesta por correo electrónico a Maxwell no puede calificarse de nada más que de correspondencia informal. Mi respuesta cortés a su correo electrónico no es más que una nota de cortesía. No soy víctima de Epstein. Epstein no me presentó a Donald Trump", matizaba Melania.
En la misma línea, la esposa del presidente estadounidense detallaba la primera vez que vio al pederasta. "La primera vez que me crucé con Epstein fue en el año 2000 en un evento al que Donald y yo asistimos juntos en aquel momento. Nunca había conocido a Epstein y no tenía conocimiento de sus actividades delictivas. Desde hace años circulan por las redes sociales numerosas imágenes y declaraciones falsas sobre Epstein y sobre mí. Tengan cuidado con lo que creen. Estas imágenes e historias son completamente falsas. No soy testigo en relación con ninguno de los delitos de Epstein. Mi nombre nunca ha aparecido en documentos judiciales, declaraciones juradas, declaraciones de víctimas o entrevistas del FBI relacionadas con el asunto de Epstein. Nunca he tenido conocimiento alguno del abuso de Epstein hacia sus víctimas", aseguraba, y sentenciaba: "Nunca participé en ningún sentido. No fui partícipe, nunca estuve en el avión de Epstein y nunca visité su isla privada. Nunca he sido acusado legalmente ni condenado por ningún delito relacionado con el tráfico sexual, el abuso de menores y otros comportamientos repulsivos de Epstein. Deben cesar las calumnias falsas sobre mí por parte de personas y entidades malintencionadas y con motivaciones políticas que buscan dañar mi buen nombre para obtener beneficios económicos y ascender políticamente". Muchas líneas abiertas para un Donald Trump que tiene que hacer frente a la posibilidad de recibir un impeachment, de las mid-terms de dentro de unos meses, a la caída significativa de su popularidad y a las más que crecientes dudas sobre su capacidad de liderazgo.