La OTAN se adentra en una nueva etapa estratégica marcada por una menor implicación militar de Estados Unidos en Europa y por una creciente presión sobre los socios comunitarios para que asuman el grueso de la defensa continental. 

La Administración de Donald Trump prepara un repliegue sustancial de capacidades militares desplegadas en territorio europeo, una decisión que obligará a las principales potencias de la alianza atlántica a incrementar su inversión en defensa y acelerar su autonomía operativa.

La información, adelantada por el semanario alemán Der Spiegel, señala que Washington comunicó discretamente sus planes a los aliados durante una reunión celebrada la pasada semana en la sede de la OTAN en Bruselas. 

Allí, un representante del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, trasladó a las delegaciones europeas la intención de reducir de forma considerable la aportación norteamericana al denominado “Modelo de Fuerzas” de la alianza, el sistema que determina las capacidades militares disponibles para responder de manera inmediata ante una crisis o amenaza en el flanco europeo.

La exposición corrió a cargo de Alexander Vélez-Green, asesor de Hegseth, quien defendió ante los representantes aliados que el actual reparto de cargas militares resulta “insostenible” para Washington. En la actualidad, Estados Unidos aporta cerca de la mitad de las capacidades operativas integradas en ese esquema defensivo, una dependencia que la Casa Blanca considera incompatible con su nueva doctrina estratégica y con su intención de reorientar recursos hacia otras áreas geopolíticas, especialmente el Indo-Pacífico.

Europa, obligada a asumir más responsabilidades

Aunque desde el regreso de Trump a la presidencia ya se intuía un endurecimiento de la posición estadounidense respecto al gasto militar europeo, varias fuentes diplomáticas citadas por el medio alemán aseguran que el alcance de las medidas sorprendió incluso a los propios aliados por su rapidez y contundencia.

El repliegue previsto afectará a capacidades clave del dispositivo militar atlántico. Entre las medidas planteadas figura la reducción a la mitad de la aportación estadounidense en bombarderos estratégicos destinados a Europa, así como la retirada inmediata de alrededor de un tercio de los cazas actualmente asignados al continente.

El ajuste también alcanzará al componente naval y tecnológico. Washington contempla disminuir su apoyo operativo mediante destructores, submarinos y sistemas de drones de vigilancia y combate, lo que reducirá significativamente la presencia militar convencional norteamericana en el espacio europeo.

No obstante, el mensaje enviado desde la Administración estadounidense trató de introducir un elemento de tranquilidad entre los aliados: el paraguas nuclear de Estados Unidos permanecerá intacto. Según las explicaciones trasladadas en Bruselas, la disuasión atómica seguirá siendo uno de los pilares centrales del compromiso estratégico de Washington con la seguridad europea, diferenciando así las garantías nucleares del repliegue de medios convencionales.

Una transformación histórica dentro de la OTAN

La decisión refleja un cambio de paradigma en el seno de la alianza atlántica. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la seguridad europea ha descansado de manera mayoritaria sobre el poder militar estadounidense. Sin embargo, la Casa Blanca considera ahora que Europa debe asumir una mayor responsabilidad financiera y operativa en la protección de su propio territorio.

Ese planteamiento lleva años sobre la mesa, pero la Administración Trump ha decidido acelerarlo con una presión mucho más directa sobre los gobiernos europeos. El objetivo es forzar a los socios de la OTAN a incrementar de forma sustancial sus presupuestos militares y a cubrir las capacidades que dejará vacantes Washington.

En paralelo, varios países europeos ya han comenzado a revisar sus estrategias de defensa. Alemania, Francia y Polonia han impulsado en los últimos años planes de rearme, modernización tecnológica y aumento del gasto militar ante el deterioro del escenario geopolítico provocado por la guerra de Ucrania y la creciente tensión con Rusia.

Aun así, numerosos expertos en seguridad advierten de que Europa continúa dependiendo ampliamente de la infraestructura logística, la inteligencia estratégica y la superioridad aérea y naval estadounidense. La reducción anunciada por Washington abre, por tanto, una etapa de incertidumbre sobre la capacidad real de los socios europeos para sostener por sí solos el actual nivel de disuasión militar.

Más gasto y una OTAN menos estadounidense

La transformación que se perfila no implica una ruptura con la OTAN, pero sí una redefinición profunda de su equilibrio interno. Estados Unidos pretende mantener el liderazgo político y nuclear de la alianza, aunque reduciendo significativamente su exposición militar directa en Europa.

El mensaje que emerge desde Washington es claro: la seguridad europea dejará de depender exclusivamente del músculo militar estadounidense y exigirá a los gobiernos del continente asumir mayores costes, riesgos y responsabilidades.

La OTAN entra así en una fase inédita desde la Guerra Fría, marcada por una presencia norteamericana más limitada y por una creciente europeización de la defensa continental. Un proceso que obligará a los aliados a decidir hasta qué punto están preparados —política, económica y militarmente— para sostener su propia seguridad en un escenario internacional cada vez más inestable.

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