La conversación sobre el rumbo de la izquierda en España gira en torno a quién tomará el timón de cara a las próximas elecciones generales. Sumar está en pleno proceso de refundarse, con el liderazgo de Yolanda Díaz en el centro de la cuestión. En este contexto, Gabriel Rufián está elevando la voz para llevar la iniciativa. El portavoz de ERC en el Congreso inicia este miércoles una serie de actos por todo el país, en busca de aunar a las fuerzas soberanistas de izquierdas ante el ascenso de la ultraderecha en las últimas elecciones.

Rufián deberá aclarar si ese “algo diferente” que promueve se traduce en una coalición de partidos soberanistas, una candidatura común de todas las izquierdas, o si se queda en una proclama para ilusionar al huérfano electorado a la izquierda del PSOE. De momento, Rufián ya ha recibido la negativa de Sumar y Podemos a concurrir juntos, y de EH Bildu, Compromís, el BNG o la propia ERC a salir de sus territorios y presentarse en una lista nacional.

Si bien todos estos partidos coinciden en valorar la iniciativa como positiva, entre los partidos soberanistas hay voces que critican que un independentista catalán se empeñe en querer movilizar al electorado a nivel nacional. La coalición liderada por Rufián, de nacer, lo haría con su principal propósito como poco menos que una quimera, y en esto Rufián no es pionero. De hecho, los antecedentes de políticos regionales dando el salto a lo nacional hablan en su contra.

Magariños, el último paso al frente para unir a las izquierdas

El último precedente está muy cercano en el tiempo. De hecho, su futuro se está decidiendo al mismo tiempo que Rufián articula su iniciativa. El éxito de Sumar como la coalición de referencia a la izquierda del PSOE es un debate abierto, en el que se cuestiona principalmente el liderazgo de Yolanda Díaz. La actual ministra de Trabajo formó parte durante años de la oposición al PP de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, hasta que dio el salto a la política nacional en 2016, de la mano de Podemos. En 2022, la vicepresidenta se erigió como líder de la izquierda alternativa, y consiguió aunar más fuerzas que nunca y reeditar Gobierno de coalición.

Este sábado, los cuatro partidos de Gobierno de Sumar -Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comunes- reeditarán su compromiso de acudir juntas a las próximas elecciones generales. Cuatro años después de aquel acto en el madrileño polideportivo Antonio Magariños, al menos 13 de los partidos que formaron la coalición ya no caminan bajo su paraguas. Este síntoma de la caída en picado de la popularidad de Díaz como líder es lo que está dejando espacio para iniciativas como la de Rufián. Más que por el vacío de siglas, por la falta de ilusión entre el electorado.

Por el camino, Yolanda Díaz se ha dejado a partidos de calado en el panorama nacional, como Podemos. El partido de Irene Montero y Ione Belarra fue el precursor de lo que hoy es Sumar, el que abrió las puertas de La Moncloa a la izquierda alternativa. De hecho, el paso al frente de Díaz en 2021 se produjo como respuesta a la caída en desgracia de Pablo Iglesias en las elecciones a la Comunidad de Madrid, que dejó a Unidas Podemos -la coalición de izquierdas que mejores resultados ha conseguido a nivel nacional- descabezada.

Tras concurrir de la mano en 2023, Podemos anunció al año siguiente que abandonaba la coalición y se iba al Grupo Mixto en el Congreso. Ahora, en pleno proceso de reunión de fuerzas, los de Ione Belarra se niegan en rotundo a volver a Sumar. Menos beligerantes son en Compromís, a pesar de que también han manifestado su ruptura con Yolanda Díaz. El sector mayoritario del partido, el de Més, apuesta por reafirmarse como partido exclusivamente valenciano y descartan ir bajo el paraguas de ninguna coalición nacional. Sin embargo, la facción que sigue en el mismo Grupo Parlamentario que Sumar deja todas las puertas abiertas.

Miquel Roca, el último catalán que apostó por Madrid sin éxito

Muchos años antes de que la izquierda consiguiera reunirse y entrar en las instituciones, ya hubo otros intentos de pasar de los territorios a lo nacional, con resultados bastante cuestionables. En los años 80, Miquel Roca quiso dar el salto desde Cataluña con un partido nacional. El entonces portavoz de Convergencia i Unió en el Congreso trató de llevar a cabo la fórmula de una coalición de partidos nacionalistas, en este caso de centroderecha. Roca contaba con el impulso de las élites económicas, la patronal y empresarios de la comunicación como Pedro J. Ramírez.

En 1983, se creó el Partido Reformista Democrático, bajo el mando de Roca y el abogado Antonio Garrigues Walker. Bajo sus siglas se aglutinaron partidos como Convergencia Canaria, Coalición Galega o Unió Mallorquina, pero el proyecto nació capado por el no del PNV. El objetivo era competir con la Alianza Popular de Manuel Fraga como oposición al PSOE de Felipe González en las elecciones generales de 1986.

Que las ambiciones de este proyecto eran demasiado optimistas quedó claro antes incluso de los comicios, cuando su propio líder no se presentó en sus listas. El PRD concurrió en todas las circunscripciones menos en Galicia, donde se mantuvo la Coalición Galega, y en Cataluña, donde el mismo Miquel Roca se presentó como candidato del PRD, pero bajo las siglas de CiU. El resultado en las urnas fue tan desastroso que el partido se disolvió esa misma noche, tirando a la basura las miles de millones de pesetas que se invirtieron en la llamada ‘Operación Roca’.

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