El rey Felipe VI comparece ante los españoles desde el Palacio de La Zarzuela con el pimer mensaje televisado de Navidad de su reinado, en el que traslada a los ciudadanos sus compromisos y preocupaciones ante el nuevo año. EFE El rey Felipe VI comparece ante los españoles desde el Palacio de La Zarzuela con el pimer mensaje televisado de Navidad de su reinado, en el que traslada a los ciudadanos sus compromisos y preocupaciones ante el nuevo año. EFE



El senador del PNV Iñaki Anasagasti lamenta que “los periódicos de la derecha y El País a la cabeza estén encantados con el discurso de Felipe VI”. Lo que a su entender significa que “al pobre padre (en referencia a Juan Carlos) ya lo dan por amortizado y eso que nadie sabe ni conoce, ni conocerá su fortuna y de la hermana”.

“Lugares comunes”
En un artículo en su blog, Anasagasti considera que la intervención del monarca estuvo plagada de “lugares comunes” aunque su intervención tuvo algo de brio. “La foto del padre estaba en la sala pero separada por un sillón rojo. La estancia no era palaciega sino de casa burguesa. Todo  estuvo  pesado y medido. Las fotos, la ventana, el sillón, la barba, el tono. En eso hemos ganado. En un tono con brío y que se puede escuchar y en que al final saludara y deseara feliz navidad en el apunte de cuatro idiomas. Avanzamos un milímetro al año”, afirma el político vasco.

“No estuvo mal”
Respecto al contenido del mensaje, que giraba sobre tres ejes (corrupción, crisis y Cataluña), el senador vasco afirma que “no estuvo mal pero era una colección de tópicos, naderías, lugares comunes, toque emocional, pero sin ninguna concreción”.

“Nada con sifón”
“Podía haber apuntado hacia una reforma constitucional, pero volvió a sacralizar la intocable Carta Magna, podía haber apuntado hacia la reforma del Senado o hacia un Tribunal de Cuentas que ha fallado estrepitosamente en el control de las Cuentas públicas. Podía haber dicho que en  una Europa con competencias (Unión Política, Unión Económica Monetaria, Unión Fiscal, Política Exterior y de Defensa  Común)  nos jugamos el futuro. Aunque sea como pedagogía. Y en el caso catalán, lo mismo. Emociones y lugares comunes. Nada con sifón”, agrega Anasagasti.