La temporada turística arranca en Ibiza con el brillo habitual de sus discotecas y fiestas de inauguración, pero también con una realidad que se viene repitiendo en los últimos años, no siendo otra que la precariedad habitacional de quienes sostienen el funcionamiento de la isla durante los meses de mayor afluencia. Mientras miles de visitantes llegan para disfrutar del ocio nocturno, decenas de trabajadores afrontan desalojos forzosos de los asentamientos improvisados en los que se ven obligados a vivir ante la imposibilidad de acceder a una vivienda digna.

Este miércoles está previsto el desalojo de un solar situado entre el estadio de fútbol y una carretera de circunvalación de la capital insular, propiedad de la empresa Inmo Sirenis y otros titulares. La intervención se producirá tras una orden judicial, con la presencia de una comitiva judicial y el apoyo de fuerzas de seguridad, cuyo despliegue dependerá de las circunstancias que se encuentren en el lugar. En los días previos, la mayoría de ocupantes ya había abandonado el terreno, marchándose de las cerca de 80 personas que llegaron a vivir allí en caravanas, tiendas de campaña y chabolas. Apenas quedaban una decena el pasado fin de semana.

El desalojo llega poco después del desmantelamiento del asentamiento de Sa Joveria, donde el verano pasado residieron hasta 400 personas. Ambos casos evidencian una problemática estructural por la cual resulta imposible a los trabajadores con empleo poder asumir los elevados precios del alquiler en la isla. Es el caso de Julio Lambaré, empleado de la construcción, que tuvo que dejar una habitación porque su coste se volvió inasumible. Según ha explicado a la Agencia EFE, tras un periodo viviendo en la calle, ahora reside en una caravana junto a su pareja, Ceferina Florenciano, camarera de piso.

Ambos han relatado condiciones abusivas en el mercado del alquiler, donde compartir vivienda no garantiza unas condiciones dignas. Denuncian restricciones extremas por parte de algunos arrendadores y precios desproporcionados incluso para quienes tienen ingresos regulares. Ante esta situación, reclaman alternativas habitacionales asequibles y mayor apoyo institucional. “La gente trabaja, gana poco y no puede sostener su alquiler”, lamenta Lambaré.

La situación no es aislada. Otro trabajador, también del sector de la construcción ha explicado que ha pasado por varios asentamientos desalojados en los últimos años, como Can Rova II. “Nos tienen de un lado para otro”, resume, reflejando la inestabilidad constante a la que se enfrentan.

Con este, ya son seis los desalojos ejecutados en Ibiza desde 2024, en un contexto de crisis de vivienda que se prolonga desde hace más de una década. Mientras la isla se prepara para recibir a turistas de todo el mundo, quienes hacen posible esa experiencia siguen sin encontrar un lugar donde vivir.

Alquileres desorbitados frente a salarios insuficientes

La crisis de vivienda en Ibiza no es nueva, pero se ha intensificado hasta niveles que dificultan cualquier acceso al alquiler para trabajadores esenciales. Los precios han alcanzado cifras que, en muchos casos, superan ampliamente la capacidad adquisitiva de quienes sostienen el sector turístico. En 2025 y 2026, el alquiler medio se sitúa en torno a los 25–30 euros por metro cuadrado, lo que implica que un piso estándar puede costar entre 2.000 y 2.600 euros mensuales, dependiendo de su ubicación y tamaño.

Incluso opciones más precarias como habitaciones en pisos compartidos han experimentado una escalada significativa. En algunos casos, alquilar una habitación puede superar los 1.000 euros al mes, un precio que hace apenas unos años correspondía al alquiler de una vivienda completa. Esta situación ha llevado a que el acceso a la vivienda se convierta en uno de los principales factores de exclusión en la isla, donde la presión del alquiler turístico y la escasez de oferta residencial agravan el problema.

Frente a estos costes, los salarios de los trabajadores de sectores como la hostelería o la construcción resultan claramente insuficientes. Un empleado medio puede percibir en torno a 1.500 o 1.800 euros mensuales, cifras que, aunque superiores al salario mínimo, quedan muy lejos de cubrir el coste real de vida en la isla. De hecho, diversos informes sitúan el salario necesario para vivir dignamente en Ibiza entre los 2.200 y los 3.500 euros mensuales, lo que evidencia una brecha estructural entre ingresos y precios.

Este desfase no es reciente. La problemática lleva al menos más de una década siendo denunciada por sindicatos, trabajadores y colectivos sociales, que alertan de cómo el auge turístico y la especulación inmobiliaria han expulsado progresivamente a residentes y empleados hacia soluciones habitacionales precarias. En los últimos años, además, la situación ha derivado en un fenómeno cada vez más visible por el cual trabajadores que, pese a tener empleo, se ven obligados a vivir en caravanas, asentamientos o incluso vehículos ante la imposibilidad de pagar un alquiler convencional.

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