El empresario Víctor de Aldama ha llegado a un acuerdo de conformidad en el que asume los delitos que le imputa la Fiscalía en el presunto amaño del contrato de mascarillas, de hecho le piden siete años de prisión, mucho menos que a los otros imputados, el exministro José Luis Ábalos y su asesor Koldo García. Sin embargo, en su declaración dice que por ese contrato no se pagó ninguna mordida, que las mordidas fueron las que se abonaron por los contratos supuestamente amañados desde el Ministerio de Transportes con diferentes empresas licitadoras. Unos amaños que se investigan en la Audiencia Nacional.
Y es que, aunque el juicio que se está celebrando en el Tribunal Supremo es sobre ese amaño, de las más de cuatro horas que ha durado el interrogatorio del fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, éste tan solo ha dedicado diez minutos a preguntar por el amaño. Algo inaudito tanto por lo hecho por el fiscal, como porque el presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, lo haya permitido. Dicen las fuentes consultadas que Luzón pretendia construir un relato temporal, pero la realidad es que se ha hablado de todo menos del tema que se está juzgando.
De todo menos de mascarillas
De las mascarillas casi nada. Se ha preguntado tan poco que no se lo puede tachar ni de meramente testimonial, ha sido casi inexistente. Eso sí, sobre los supuestos amaños de contratos públicos que investiga la Audiencia Nacional, una presunta trama de financiación en B dirigida desde Ferraz de la que Aldama ha hablado más de una hora sin presentar una sola prueba, las vinculaciones con Venezuela del Gobierno, ya fuera con Juan Guaidó o con Delcy Rodríguez, el rescate de Air Europa, el pago a ‘señoritas’ para el disfrute del exministro José Luis Ábalos en Méjico, y hasta el supuesto cabreo del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero con Aldama más de 240 minutos, cuatro horas.
De hecho, sobre lo que se juzga, tan solo tres apuntes interesantes: que Aldama ha afirmado que no se pagó ninguna comisión, que fueron los únicos que adelantaron dinero para las mascarillas en plena pandemia, que la figura de Juan Carlos Cueto fue como financiador para comprar mascarillas en China, y que en un momento determinado se pasó de necesitar 4 millones de mascarillas a 8 y que les llamaron “locos”.