[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"33483","attributes":{"class":"media-image alignleft size-medium wp-image-160107","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"148","height":"181","alt":"Beatriz Taleg\u00f3n"}}]]El 11 de marzo había huelga de estudiantes en las universidades de Madrid. Por eso algunos nos quedamos a estudiar en casa. Era costumbre desayunar mientras se escuchaba la radio y comentar las noticias, y aquella mañana se nos heló la sangre. Entre las siete y media y las ocho de la mañana por la radio empezaron a hablar de la explosión de los trenes que habían salido de la estación de Alcalá de Henares.

A los cinco minutos comenzó a sonar el teléfono. Ninguno de los de mi casa habíamos cogido el tren esa mañana, pero la familia y los amigos querían saber si estábamos bien. Cundió el pánico y encendimos la televisión. No nos podíamos creer lo que estábamos viendo y no sabíamos qué hacer ni adónde ir.

Seguimos atentos las noticias: la radio, la tele, internet. Llamamos a compañeros de clase, amigos de otras facultades y de Guadalajara para asegurarnos de que estaban todos bien. Se colapsaron las líneas, y a algunos nunca los volvimos a escuchar.

Desde el primer instante recordamos los atentados de las Torres Gemelas. Parecía sacado de la misma película de terror.

Después de pasar la mañana siguiendo las noticias y comentando todo tipo de ideas, a mediodía el ministro de Interior, Ángel Acebes, apareció para dar un comunicado en que informó de la autoría de ETA. No nos lo podíamos creer y pasamos la tarde buscando información en periódicos internacionales, donde prácticamente nadie apuntaba a ETA.

Al final de la tarde, el ministro apareció de nuevo para suavizar su mensaje y dar a entender que todavía la autoría no estaba clara. En ese momento empezamos a sospechar que había un cierto interés por parte del Gobierno en dar a entender que había sido ETA.

¿Por qué ese deseo de apuntar hacia la banda terrorista? Pues porque, si se confirmaba que el atentado había sido a causa de la participación de España en la guerra de Irak, todos señalaríamos con el dedo al presidente del Gobierno por habernos metido en una guerra que jamás apoyamos.

Dirigir la duda contra ETA hacía ganar tiempo al Gobierno, pues las elecciones se iban a celebrar el siguiente domingo. Y así se pudo ver y escuchar si se cambiaba de canal y de emisora en la radio. Mientras unos medios llegaban incluso a plantear que algún partido político pudiera estar detrás de ETA y de los atentados para conseguir réditos electorales con la confusión, otros llamaban a la prudencia y proponían esperar más información sobre las pruebas encontradas.

Al día siguiente de los atentados, llegaron mensajes a los móviles incitando a acudir a manifestarse frente a la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid y exigir una explicación antes de las elecciones. En ese momento, muchos ya teníamos decidido que votaríamos y a quiénes, y precisamente porque lo que dijera José María Aznar a esas alturas ya nos daba igual, no fuimos a pedirle explicaciones, pues ya no nos creíamos nada.

La jornada de reflexión la utilizamos para pensar en la necesidad de asumir un compromiso personal en lo que estaba sucediendo. Algunos sentimos que necesitábamos actuar y que votar no era suficiente; comenzamos a plantearnos la militancia activa. No queríamos más mentiras ni manipulaciones, ni que los ciudadanos fuésemos las víctimas de las decisiones irresponsables de nadie.

Fueron las elecciones más tristes de la historia de la democracia española. Y fuimos a votar con más ganas que nunca. Todavía no teníamos del todo claro qué había pasado tres días antes. Seguíamos tratando de asimilar las imágenes que habíamos visto por todas partes, en los telediarios, en los periódicos, en las estaciones de tren llenas de mensajes, velas y flores.

La abstención fue de las más bajas en los comicios celebrados hasta ese momento, con una participación del 75 por ciento. Los resultados fueron sorprendentes. Era lo que muchos deseábamos, pero no podíamos creer que fuera cierto: el partido Popular había perdido las elecciones.

* Este artículo es un fragmento extraído del libro No nos avergoncéis (Destino) de Beatriz Talegón

Beatriz Talegón es ex secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas
@BeatrizTalegon