Película para el lucimiento de sus dos estrellas protagonistas, 'Focus' es un truco de principio a fin que intentamos desvelar.


No perder el foco de atención. Este es el principal precepto que Nicky (Will Smith) enseña a Jess (Margot Robbie). Ese foco es el que permite estar alerta, anticiparse, llevar a cabo las estafas/robos que mantienen el nivel de vida de Nicky y en la que Jess quiere participar tras haber intentado engañarle sin éxito.


Y para entender Focus, o, mejor dicho, para dejarse llevar por ella sin demasiados miramientos, el espectador tampoco debe perder el foco, el núcleo o naturaleza que alimenta la película de principio a fin y que comienza con su propia producción.



Primer truco


Focus, escrita y dirigida por Glenn Ficarra y John Requa, autores de la interesante y en ocasiones buena Phillip Morris ¡Te quiero! y de la más irregular Crazy, Stupid, Love, es una película con y para Will Smith, eso es patente. El que fuera el actor de cara a taquilla más certero de los últimos años había perdido algo de fuerza, y Focus evidencia que se trata de un perfecto artefacto para su completo lucimiento (interpretativo, físico) con acción, comedia, seducción y algo de drama, en definitiva, un papel en el que, haya sido o no escrito expresamente para el actor, encaja a la perfección. Junto a él, Margot Robbie sirve de contrapunto en un evidente intento de sacar partido a su presencia tras su papel en El lobo de Wall Street, aunque con bastante menos personalidad que Smith pero cumpliendo su función física en la película; actriz que se encamina a convertirse en los siguientes años en uno de los rostros femeninos más presenciales del cine norteamericano.


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Lo anterior, evidentemente, no son factores nuevos y aunque condicionan en gran medida el desarrollo narrativo y las imágenes de Focus no son, o no deberían serlo, elementos que influyeran demasiado a la hora de analizar la película por sus aportaciones o por su calidad. Pero lo cierto es que lo hacen y, como decíamos, no se debe perder el foco de atención: una vez asumido lo anterior, ¿qué queda de Focus?


Una película a medio camino de todo. Dividida en dos partes bien diferenciadas, la primera y mejor, e incluso notable en algunos momentos, se desarrolla en Nueva Orleans. En esta parte asistimos a varios golpes orquestados por el grupo de Nicky así como al comienzo del romance con Jess, luego roto y detonante de la segunda parte. Primer bloque que termina con una secuencia muy bien realizada en el palco de un estadio de fútbol americano durante un partido que se encuentra entre lo mejor de la película y, posiblemente, también sean las últimas imágenes medianamente inteligentes de Focus. Porque inmediatamente después la acción se desplaza varios años después a Buenos Aires y comienza una nueva película o la continuación de algunos elementos de la primera parte, pero Focus va perdiendo fuerza de manera considerable hasta que al final apenas queda algo de interés por los personajes y sus circunstancias.


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Segundo truco


Focus es un juego cinematográfico como lo era Rififi de Jules Dassin, El golpe de George Roy Hill, Rufufú de Mario Monicelli, Nueve reinas de Fabián Bielinsky, las insufribles Snatch. Cerdos y diamantes y Lock & Stock de Guy Ritchie, toda la saga de Danny Ocean o Ahora me ves… de Louis Leterrier, siendo estas últimas con las que más tiene en común Focus en su naturaleza de artefacto fílmico lleno de giros sorpresivos que van llevando al espectador por una narración sencilla y simple pero llena de recovecos. Giros que no aportan demasiado a la trama pero que sirven, como hacen los buenos trileros, para despistar al espectador y que este pueda pensar que esos cambios responden en realidad a una buena construcción dramática. Pero no es así. Son simples trucos. Y, una vez más, para no ser engañados, no debemos perder el foco de atención en estas intenciones. Igual que los responsables de Focus no lo han perdido y han comprendido cómo entregar un producto comercial que, es evidente, piensan que es mucho mejor de lo que realmente es.


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Tercer truco


Ficarra y Requea realizan una película que toma todos los elementos de la comedia, el cine romántico, el subgénero de robos y atracos, y construyen una película que se mueve en varias direcciones intentando que la puesta en escena sea tan sofisticada como los ambientes en los que se mueven los personajes. Pero no queda más que, salvando los buenos momentos de la primera parte, un trabajo plano y convencional. Y para solventarlo, recurren de nuevo al truco, un doble truco. Por un lado parecen reescribir el género, tomar todo tipo de referencias para realizar una suerte de compendio del mismo, introduciendo una suerte de componente discursivo o conceptual en la película; y quien quiera dejarse llevar por esta propuesta, quizá encuentre un punto de interés en Focus más allá de sus imágenes. Por otro lado, se contentan con un trabajo visual tan enfocado a la pareja protagonista que saben que, en el mejor de los casos, nadie se parará a pensar en cómo está realizada la película y se centrarán en Smith y Robbie. Así, ambos actores, y la buena química que transmiten en pantalla, acaban valiéndose para dotar a Focus de cierta personalidad y mantener, en la medida de lo posible, la historia.



Así, los directores han apostado a la pareja en un juego cinematográfico lleno de trucos. En realidad, podría decirse que su trabajo formal es coherente con el argumental, que su forma transmite el fondo a la perfección. Es posible que así sea. Pero también lo es que estamos ante una película que pierde fuerza de manera paulatina y exagerada hasta alcanzar una completa apatía.


Que sea el espectador quien decida si participa o no en los juegos propuestos en Focus, tanto en su ficción como en su construcción como película. Si decide maldecir el engaño o dejarse llevar por él sin preguntarse dónde está el truco. Dependiendo de la opción elegida, uno saldrá de mejor o peor humor tras ver la película.