Primera novela de Tom Rob Smith con el personaje de Leo Demídov, "El niño 44", editado en la colección Salamandra Black, es un perfecto entramado criminal y una ambiciosa novela de resonancias políticas.


En El niño 44, Tom Rob Smith creó al personaje de Leo Demídov, quien más adelante también será el protagonista de otras novelas del autor, como El discurso secreto y Agent 16. Un personaje complejo, ambiguo, muy atractivo, que, al menos en El niño 44, sorprende por su dualidad: es tan sencillo sentir desprecio por él como simpatía por su sufrimiento (el cuál, por otro lado, él se encarga de una manera u otra de potenciar). El escritor británico toma este personaje para construir a su alrededor una trama policíaca que tiene como objetivo, además de la propia narración de investigación, mostrar y denunciar un contexto, el de la Unión Soviética de los últimos años de Stalin, asfixiante, basado en el miedo y en los abusos del estado, los cuales el propio Demídov, como parte del servicio secreto, se ha encargado de crear. Y de los que acabará siendo víctima por su deseo de averiguar la verdad sobre unos asesinatos que el Estado no quiere que transciendan.


Rob Smith se presenta con El niño 44 como un magnífico narrador que si bien podría haber aligerado en determinados tramos la novela, dado que algunos pasajes ralentizan el ritmo de la narración, por otro lado bien medida, muestra una gran capacidad para la descripción tanto externa como interna, para relacionar el contexto general de un país que intenta ocular sus taras con respecto al exterior y a sus ciudadanos. La trama criminal sirve como vehículo para mostrar la violencia, a veces explícita, otras implícita, de un sistema que maneja a las personas a su antojo. Sin caer en un maniqueísmo extremo, aunque quedan bien claras las diferentes partes enfrentadas, Rob Smith intenta jugar con la ambigüedad en todo momento, especialmente con Demídov, su esposa Raisa y su compañero Vasili, con quien existe un continuo enfrentamiento hasta que se convierten en enemigos. Personajes que resultan muy cercanos gracias a esa dualidad y a los cambios que van efectuándose a lo largo de la novela.


Ambiciosa en su construcción y en su planteamiento, El niño 44 va más allá de la mera narración criminal para abrirse a cuestiones políticas e íntimas, o, mejor dicho, para mostrar cómo aquellas influyen en estas. Con un tratamiento de la violencia por momentos de una dureza enorme, con una elaboración de la psicología de los personajes bien elaborada y una reconstrucción epocal entendemos que bien documentada, Rob Smith consigue con El niño 44 una obra busca ir más allá del mero entretenimiento para el lector gracias a la creación de un trasfondo discursivo muy bien introducido en la narración, siendo los sucesos los que van marcando y transmitiendo una atmósfera opresiva, desagradable y violenta, más allá que introducir una denuncia explícita, la cual surge de ese contexto y de los sucesos.


El niño 44 destaca por su entramado criminal tan sólo hasta cierto punto, porque poco a poco va perdiendo fuerza en favor de un desarrollo más personal, otorgando a la novela de un mayor interés. La relación final entre los asesinatos y Demídov, no sólo enlaza a la perfección con el arranque de la novela, sirve también para explicar en gran medida las diferentes caras de un estado y de un país, y explica muchos elementos del personaje, de su forma de ser, de su sufrimiento. Y quizá sea en esta capacidad del autor de elaborar bien el entramado más íntimo en la que brilla Rob Smith y su novela, una obra más que recomendable.