Este pasado martes, se conocían las gravísimas acusaciones de agresión sexual al cantante Julio Iglesias por parte de dos extrabajadoras de sus mansiones de Lyford Cay (Bahamas) y Punta Cana (República Dominicana). Según las informaciones destapadas por elDiario.es, ambas mujeres fueron víctimas de insultos, vejaciones, agresiones sexuales y maltrato físico y psicológico por parte del artista, quien presuntamente ejercía un "control absoluto" sobre sus empleadas en todos los sentidos.

Los espeluznantes testimonios relatan episodios de denigración y sumisión sexual ante el cantante, al que también se le acusa de delitos de trata de seres humanos bajo condiciones de servidumbre, ya que tal y como han expresado las supuestas víctimas, todas las trabajadoras de las mansiones se encontraban bajo un régimen de semiesclavitud

A pesar de los crueles relatos por parte de las extrabajadoras, la imagen del cantante ha encontrado amparo en algunos platós de televisión, donde se le ha exculpado sin consecuencias, blanqueando su figura pese a las graves acusaciones destapadas. Es el perfil de mujer alineada con las derechas el que ha representado en gran medida esta defensa de Iglesias, sumándose a la legitimación de la violencia machista

Por supuesto, una de las primeras en negar toda la información publicada poco tiempo después de que se conocieran los testimonios de las trabajadoras, fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La 'popular' tardó pocas horas en echar balones fuera, instrumentalizando la violencia machista para cargar contra la izquierda. Las palabras de la líder regional llegaban tras la petición de Más Madrid de retirar la Medalla de Oro que le concedió la comunidad autónoma al cantante en el 2012, durante el mandato de Esperanza Aguirre.

La formación política ha solicitado que el reconocimiento otorgado sea anulado ante las acusaciones de agresión sexual surgidas; sin embargo, Ayuso parece no hallarse, precisamente, en consonancia con la oposición de la Asamblea de Madrid, tal y como ha escrito en X. "Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda. La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias", aseguró. 

Sobre ello, la periodista y comunicadora política en Canal Red, Laura Arroyo asegura a este medio que Ayuso conforma una auténtica "amenaza contra cualquier mujer de la Comunidad de Madrid", ya que el mensaje que ha transmitido la 'popular' queda resumido en la premisa de que "da igual que una mujer denuncie, lo importante es quién es el agresor". Arroyo también recuerda las legislaciones españolas que obligan a proteger a las víctimas de violencia machista, unas leyes que, según expresa, el Partido Popular viola constantemente. "La Comunidad de Madrid está siendo regida al margen de la ley", destaca en este aspecto sobre la gestión de Ayuso, a la que afea una "actitud machista y tirana" con la que tratar los casos de violencia machista.

Las defensoras de Julio Iglesias

Una defensa que también ocurrió a nivel televisivo con la presentadora de televisión Sandra Golpe, quien, tras conocerse la investigación de elDiario.es y Univision que destapaba los presuntos delitos cometidos por el cantante, se preocupaba en plena emisión por cómo se encontraría el artista. "Imaginamos que es un día difícil para Julio Iglesias y para su entorno cercano", decía después de que trascendieran los escalofriantes testimonios de las trabajadoras. 

Otras férrea defensa a Julio Iglesias las ha firmado Marina Castaño, la periodista y viuda de Camilo José Cela, quién no ha tenido repaso en asegurar que tiene "el halago de ser amiga" del artista acusado de agresiones sexuales, maltrato, y servidumbre. "Me ha recibido muchas veces en su casa, él y Miranda, en Miami, en Punta Cana, en Marbella, en todos los sitios, y me parece una vergüenza esto que está ocurriendo", ha afirmado Castaño en televisión. 

 "Julio Iglesias no es ese hombre que quieren intentar pintar. No, es un hombre extraordinario, es un ser íntegro", ha expresado sobre Iglesias, a quien defiende "al 100%". Al igual que sus homólogas en la materia de blanquear a hombres poderosos de los que se sospechan violencias machistas, la periodista ha banalizado el testimonio de las presuntas víctimas. "Que intenten destruir su persona acusándole de cosas infames me parece espantoso", ha esgrimado. 

Este ha sido el caso de colaboradoras de televisión como Ana Obregón y Makoke, que durante este pasado martes en Telecinco protegían sin lugar a dudas a Julio Iglesias, de quien destacaban su "caballerosidad" y su buen trato. Por su parte, Makoke aseguraba haberse "quedado en shock y no me lo puedo creer. Conmigo siempre fue un señor y no puedo decir lo contrario".

La colaboradora trataba de limpiar la imagen del cantante: "Como jefe también fue siempre impoluto. Éramos como diez chicas y siempre nos trato con mucho respeto y sin ninguna salida de tono. Siempre fue respetuoso y la gente del servicio de su casa le tenían muchísimo cariño. Eran como familia y eso lo he vivido yo", profirió en televisión.

Victoria Rosell, magistrada y exdelegada del Gobierno contra la Violencia de Género, comenta con este medio el rol que juegan estas apariciones públicas y televisivas, recordando que "hay guías de actuación y artículos incluidos en la Ley Integral contra la Violencia de Género" al respecto que no siempre se cumplen. A propósito del tratamiento ético y obligatorio a las víctimas, Rosell destaca que en las televisiones, en lugar de consultar con expertos en la materia, "se pregunta al vecino, que siempre dice que el hombre era majísimo", un esquema que hemos visto en las citadas intervenciones desde distintos platós. "Estas personas lo que están transmitiendo es que 'calladitas estamos más guapas'", asegura.

"Lo que hacen es avergonzar a la persona que ha roto el silencio y por lo tanto, humillando a las víctimas", prosigue, para añadir que, cuando lo mismo ocurre a nivel institucional, el mensaje muta en un: 'Si denunciáis a alguien conocido, a quien apoye, os vamos a hundir a vosotras'. Están alimentando el silencio y eso es gravísimo", plantea. 

Abusos clasistas y racistas

Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres, enmarca el escándalo de Julio Iglesias en un "Me Too internacional, relacionado con grandes figuras que se han visto afectados por acusaciones". Aunque sí encuentra una diferencia en el caso del artista, "porque no solamente se le acusa de agresiones sexuales, sino que se le acusa también de trata con fines de servidumbre", recuerda.

Es un macho ibérico porque es un agresor sexual, pero también porque es un racista y un clasista

Besteiro asegura que "casos de este tipo sirven para llamar la atención sobre un determinado modelo de masculinidad que representa, sin ninguna duda, Julio Iglesias", alguien que históricamente ha basado su éxito en la "exhibición de las conquistas de mujeres y en relaciones de poder asimétricas". Asimismo, la abogada experta en género habla con este medio sobre las implicaciones de que sean mujeres las que protejan y blanqueen la imagen del cantante español. "Desgraciadamente, el patriarcado no tendría la fuerza que tiene sino contara con la complicidad de muchas mujeres", destaca en primer lugar. 

"Lo que ocurre es que algunas mujeres, en lugar de ponerse del lado de las víctimas y pensar que pueden ser comportamientos machistas, lo que hacen es convertirse directamente en cómplices", prosigue la abogada sobre aquellas figuras públicas que rechazan el escándalo que envuelve al cantante y recuerda que "hay mujeres muy machistas". Según destaca Besteiro, estas defensoras "no son conscientes de que son ellas las principales perjudicadas de defender ese tipo de comportamientos" ya que "en cualquier momento, se pueden ver abocadas a una situación así". 

Por su parte, Laura Arroyo, destaca además el componente racial en los presuntos abusos cometidos por Iglesias. Según los testimonios de las trabajadoras, Iglesias buscaba a mujeres extranjeras a las que sometía a un régimen de semi esclavitud, llegando incluso a exigirles vestir con un uniforme que les recordaba a "las esclavas de Simón Bolívar", tal y como ha trascendido. Es por ello que Arroyo destaca para ElPlural que este caso "no es solamente violencia machista, sino que también está atravesado por la raza y la clase social"

Asimismo, la periodista señala al "racismo como la médula espinar de un sistema de castas", y del que el cantante se ha servido para presuntamente humillar de manera sistemática a sus empleadas, por lo que este factor es "fundamental para entender cómo operan las opresiones de forma diferenciada". En la misma línea de Besteiro, también apunta al perfil que representa Iglesias dentro de la masculinidad hegemónica. "Es un macho ibérico porque es un agresor sexual, pero también porque es un racista y un clasista", resume. 

Ana Obregón, cómplice habitual

Sin embargo, en la lista de rostros públicos que han abrazado la imagen de acusados y condenados por violencia machista, el caso de Ana Obregón merece un capítulo aparte. Y es que la bióloga marina ya es una habitual en la defensa mediática de los hombres envueltos en escándalos sobre agresiones sexuales y violencia machista, a quienes, por supuesto, nunca condena. El primero, el de Alessandro Lequio, su pareja durante tres años y con quien tuvo un hijo en común, a quien Antonia Dell' Atte, también expareja, acusó de maltrato. Obregón no solo defendió con uñas y dientes a su exmarido, sino que abrió una mediática guerra con la italiana. Por aquel entonces, la bióloga marina calificó públicamente la denuncia presentada por Dell' Atte como “falsa” y llegó a acusarla de "subirse al circo" por confesar su experiencia de maltrato con Lequio. 

Algo parecido volvió a esgrimir sobre el terrible caso de Jeffrey Epstein, cuando The New York Times reveló el romance que la española tuvo con el magnate. En este caso, aunque sí expresó que le "repugnaban" los actos del estadounidense, no dudó en incidir en su argumento estrella; que con ella siempre fue buen tipo. "Tenía un comportamiento increíble con las mujeres, educadísimo con todo el mundo", decía sobre las fiestas a las que acudieron juntos. "No me lo podía creer porque conmigo era educado y dulce", añadía.

Finalmente, la colaboradora de televisión ha protagonizado una de las defensas más férreas a Julio Iglesias, presunto agresor sexual con quien también tuvo trato personal. En este sentido, Obregón ha sido criticada por sus declaraciones sobre el cantante, en las que ha llegado incluso a ridiculizar los testimonios de las víctimas, cuestionando la veracidad de los mismos y banalizando sus terroríficos relatos sobre los presuntos abusos y humillaciones cometidos por el artista.

El bando de Ana Obregón no solo es el machista, sino que también es el de clase alta

 "Yo no soy hombre, pero a vosotros os chupan el pito toda la noche y no os salen ampollas o algo. Hasta el público se ríe", decía en ¡De Viernes! sobre el testimonio de una de las denunciantes en la que describía como Iglesias la mantuvo "durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito" para "calmar su dolor de ciática". 

Arroyo ha analizado las actitudes de Obregón, recordando que "ser mujer no te quita lo machista", además de asegurar que lo que busca la colaboradora de televisión es "deslegitimar la violencia", con el objetivo final de "marcar un claro sesgo sobre en qué bando está". "Ese bando no es solo el machista, sino que plantea una cuestión de clase", esgrime la periodista, dejando claro que si los presuntos delitos de agresión sexual los hubiera cometido "un trabajador, el tratamiento televisivo no hubiera sido el mismo", confirmando este perfil de mujer de derechas como vehículo de legitimación.  "Lo que tenemos son unas derechas presentes en la política, en la cultura y los espacios mediáticos que buscan marcar su bando". 

Arroyo insiste en que la propia Obregón es una exponente más de ese clase alta, que impunemente ejerce poder a su antojo. "Desde comprar niños hasta legitimar que se abuse y violente a mujeres", a las que, por supuesto, considera "el servicio", en el caso de las trabajadoras denunciantes de Julio Iglesias. 

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