El foco mediático de este martes se sitúa sobre la figura de Julio Iglesias, acusado por dos extrabajadoras de abusos sexuales en 2021. Una información que ha declinado en la una denuncia de las víctimas ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional y sobre la que cabe repasar las claves y la cronología de los hechos.

Las denunciantes, que trabajaron en las mansiones del cantante español en Lyford Cay (Bahamas) y Punta Cana (República Dominicana) hace cinco años atrás, cuando se remontan los hechos denunciados, tienen un perfil de mujeres jóvenes y con escasos recursos económicos. Las presuntas víctimas relatan en sus acusaciones haber vivido un clima de horror, absoluto control y humillaciones por parte del internacional artista.

Rebeca, una de las denunciantes, tal y como recoge la información avanzada por elDiaro.es, relata que aquella mansión era “del terror porque era un drama, una cosa horrible; allí normalizaba el maltrato”. Laura, otra de las víctimas, añade que el cantante es “una persona muy controladora” y, si no se cumplía con sus órdenes, “amenazaba con despedirte”: “Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”, relata.

Del control absoluto a preguntas improcedentes

Entre algunos de los requisitos que se les requería a las jóvenes para trabajar en las mansiones de Iglesias pasaban por controlar su intimidad, como requerirles pruebas médicas de enfermedades de transmisión sexual, supervisión de su menstruación o prohibirles tener pareja.

A su vez, siguiendo el relato de las víctimas, el cantante les profería reiteradamente preguntas improcedentes a las que eran sus trabajadoras domésticas: “¿Te gustan los tríos?”; “¿Te has operado los pechos?” o “Te gustan las mujeres?”, eran algunas de ellas.

Sin embargo, el ambiente hostil y de pesadilla no terminaba en este punto, puesto que, además de los encuentros sexuales no consentidos por las víctimas, también estaba involucrada la jefa del personal. “Ella me dice: ‘Mira, es que él quiere que nos acostemos juntas hoy’. Yo le digo a ella que no lo voy a hacer, que estoy muy nerviosa y que no quiero hacer eso. Pero me insiste: ‘Lo tienes que hacer’”, desvela Rebeca.

Estos hechos se sucedían ante la insistencia de Iglesias, por aquel entonces con 77 años, reclamando a las trabajadoras que acudieran a su dormitorio por las noches; una dinámica “constante” que tan solo frenaba cuando estaba su mujer en Punta Cana o cuando el cantante estaba “con otra señorita”. Una de las denunciantes sostiene que, en esos momentos, se sentía usada, “como un objeto, como una esclava”.

En algunos de estos encuentros, siguiendo el relato de las denunciantes, imperaba la violencia y el estatus de poder del cantante. “Me abofeteaba durísimo la cara, con muchísima fuerza”; “Él penetra (la vagina) con la mano, nunca me penetró con su pene. Lo hacía muy duro. Nunca me habían hecho eso y me generaba mucho dolor. Cuando él creía que tenía que soltarme, me soltaba” o “Me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito para calmarlo. (…) Cuando yo paraba o me quedaba dormida, él me jalaba la cabeza como para que siguiera”, son ejemplos de algunos espeluznantes episodios.

Ambas denunciantes trabajaron en las mansiones de Iglesias entre finales de la década de los 90 y hasta 2023, realizando labores de empleada de hogar y una fisioterapeuta, confirmando así los conflictos laborales y el ambiente de sumisión con tintes sexuales que sufrieron hasta que han roto su silencio.

Por la vía judicial

Después de trascender este martes las acusaciones de las dos mujeres exempleadas del artista español, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha abierto diligencias de investigación penal procesales tras recibir el pasado 5 de enero una denuncia. Julio Iglesias está acusado como presunto autor de los delitos de agresión sexual y trata de seres humanos bajo condiciones de servidumbre.

La Audiencia Nacional se encarga de investigar los delitos cometidos en el extranjero por ciudadanos o víctimas de nacionalidad española o residentes, siempre que ningún otro órgano judicial haya abierto otra causa paralela. La denuncia, según recoge el medio citado en anteriores líneas, ha sido presentada por dos extrabajadoras con el respaldo de la organización internacional Women’s Link WorldWide.

Discusión en el tablero político

Debido a la magnitud de la fama nacional e internacional de la que goza Julio Iglesias, estas denuncias que tan explícito calado sexual han generado un arduo debate en las últimas horas entre distintas figuras políticas. Por un lado, voces del Gobierno central han condenado sin ambages las denuncias; en paralelo, otros dirigentes han abogado por la presunción de inocencia del cantante y su relevante calado en la historia cultural de nuestro país.

Desde Moncloa, especialmente en voz de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha reclamando que se investiguen dichas acusaciones y que “se llegue hasta el final” para esclarecer los hechos. “Ante el machismo, no se puede mirar para otro lado porque la negación intensifica el problema. Espero que se investigue y se llegue hasta el final. Sin cuestionar la presunción de inocencia, en España la ley protege a las víctimas. Cuando no hay consentimiento, hay agresión”, ha defendido.

En el lado contrario, una de las posturas más controvertidas ha sido la esgrimida por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien ha dicho que no se sumará “jamás” al “desprestigio” de Julio Iglesias, el cantante “más universal de todos”, culpando al tiempo a la izquierda política de lo acontecido. Misma estela la que ha seguido el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, quien ha dicho no tener “ninguna intención en estos momentos” de retirar reconocimientos públicos, criticando a su vez la “hipocresía” de la izquierda. Más Madrid, por su parte, ha exigido a ambos gobiernos madrileños retirar la Medalla de Oro y otras condecoraciones otorgadas al artista tras estas acusaciones de abusos sexuales.

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