Según subraya Humans Rights Watch en un informe presentado, existen pruebas fotográficas del uso de fósforo blanco por parte de Israel y que este se habría lanzado sobre Líbano. Concretamente, la organización en defensa de los derechos humanos alega que las evidencias pueden hallarse en siete fotografías, cuya autenticidad ha sido confirmada, que mostraban municiones de este elemento disparadas sobre un área residencial en Yohmor, en el sur del Líbano. Su uso, tal y como denuncian, provocó incendios allí en al menos dos casas el pasado 3 de marzo.

Esta acción supone una violación del derecho internacional remarcada por Ramzi Kaiss, investigador libanés de Human Rights Watch, quien ha expuesto que la utilización de fósforo blanco por parte de Israel "es extremadamente alarmante y tendrá graves consecuencias para los civiles”. De esta manera, recordaba que este elemento había sido prohibido para ser usado contra personas debido a “los efectos incendiarios que pueden causar la muerte o lesiones crueles que resultan en un sufrimiento de por vida”.

¿Qué es el fósforo blanco y qué daños provoca en las personas?

Esta forma química del elemento fósforo que tiene la característica de encenderse espontáneamente al contacto con el oxígeno del aire. Cuando arde, alcanza temperaturas muy altas y produce un humo blanco denso. En el ámbito militar se utiliza principalmente para crear cortinas de humo, iluminar el campo de batalla o como munición incendiaria. Sin embargo, esta sustancia es extremadamente peligrosa para las personas, ya que sus partículas pueden adherirse a la piel y seguir quemándose, provocando quemaduras muy profundas y graves daños internos.

El uso del fósforo blanco no está completamente prohibido por el derecho internacional. Lo que sí está estrictamente regulado es la forma en que se utiliza. Las normas relevantes se encuentran en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, especialmente en su protocolo sobre armas incendiarias. Este establece que no debe emplearse contra civiles ni en zonas con alta concentración de población.

Cuando se usa de forma indiscriminada o deliberadamente contra población civil, puede considerarse crimen de guerra según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Esto se debe a que el derecho internacional humanitario exige distinguir entre combatientes y civiles y prohíbe armas o métodos de combate que causen sufrimiento innecesario o daños desproporcionados.

¿Cuándo se uso por primera vez y cuándo se prohibió su uso?

El fósforo blanco comenzó a utilizarse como arma militar de forma significativa durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Los ejércitos descubrieron que esta sustancia era un arma que provocaba severos daños en su rival, pues se enciende espontáneamente al entrar en contacto con el oxígeno del aire, produciendo un fuego muy intenso y un humo blanco denso. Durante esa guerra se empleó en granadas, proyectiles y bombas incendiarias, principalmente para crear pantallas de humo, marcar objetivos o provocar incendios en posiciones enemigas.

Posteriormente, su uso continuó en conflictos posteriores, incluida la Segunda Guerra Mundial. En ese periodo se utilizó tanto para fines tácticos, como ocultar movimientos de tropas mediante cortinas de humo, como en municiones incendiarias. Sin embargo, pronto se hizo evidente que sus efectos podían ser extremadamente devastadores para las personas, ya que, como se mencionaba, el fósforo blanco puede adherirse a la piel y seguir ardiendo, provocando quemaduras muy graves y difíciles de tratar.

A pesar de su peligrosidad, el fósforo blanco no ha sido completamente prohibido en el derecho internacional. En lugar de una prohibición total, existen regulaciones estrictas sobre cómo puede emplearse. Estas normas se establecieron principalmente con la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales de 1980, especialmente en su Protocolo III sobre armas incendiarias. Este protocolo prohíbe usar armas incendiarias contra civiles o en zonas con alta concentración de población civil.

Por lo tanto, el fósforo blanco puede seguir utilizándose legalmente en ciertos contextos militares, como crear pantallas de humo o iluminar el campo de batalla. Sin embargo, si se emplea de forma indiscriminada o deliberadamente contra población civil, puede considerarse crimen de guerra según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

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