En el interior del congelador, normalmente en la parte inferior o en la pared trasera, hay un pequeño orificio que suele pasar desapercibido. No es un defecto de fabricación ni un simple remate del molde: es el canal de drenaje del aparato. Su función principal es evacuar el agua que se genera cuando se realiza la descongelación manual.

Ese desagüe permite que el hielo derretido salga de forma controlada y no se acumule en el fondo. Sin esta vía de salida, el agua puede quedarse dentro, volver a congelarse y crear placas de hielo cada vez más gruesas.

Además de evitar acumulaciones de agua, este sistema ayuda a mantener el interior del congelador en mejores condiciones higiénicas, reduciendo la aparición de malos olores y moho.

Cómo un orificio tan pequeño afecta al motor

La importancia de este conducto va más allá de la limpieza. Cuando el canal se obstruye con restos de comida, suciedad o hielo, el agua no drena. Al quedarse dentro, se congela de nuevo y forma capas de escarcha en las paredes internas.

Ese exceso de hielo actúa como aislante. Como consecuencia, el compresor —la pieza que se encarga de enfriar— tiene que trabajar más tiempo y con mayor esfuerzo para mantener la temperatura programada. Ese sobreesfuerzo incrementa el consumo eléctrico y acelera el desgaste de los componentes.

Mantener libre este paso de agua es, por tanto, una forma directa de cuidar el funcionamiento del congelador y alargar su vida útil.

Más hielo, más gasto en la factura

Descuidar el orificio de drenaje tiene un impacto económico. Una capa de apenas medio centímetro de escarcha puede elevar el consumo energético del aparato en más de un 10%. En algunos casos, el aumento puede llegar hasta el 20% debido al esfuerzo extra del compresor.

Además, cuando el congelador tiene dificultades para mantener la temperatura, los ciclos de encendido se vuelven más largos y frecuentes. Esto no solo repercute en la factura de la luz, sino que también puede provocar variaciones térmicas que afecten a la correcta conservación de los alimentos.

Un congelador que funciona de forma estable ayuda a conservar mejor los productos y a reducir el desperdicio de comida.

El riesgo de averías caras

El problema más serio de un drenaje atascado es el daño a largo plazo. Un compresor sometido a esfuerzo continuo tiene más probabilidades de averiarse antes de tiempo. Su sustitución es una de las reparaciones más costosas en este tipo de electrodomésticos y, en muchos casos, no compensa frente a la compra de un aparato nuevo.

Revisar y limpiar este pequeño orificio de forma periódica puede evitar averías importantes, pérdidas de alimentos por fallos inesperados y gastos imprevistos.

Cómo limpiar el orificio del congelador paso a paso

La limpieza del canal de drenaje es una tarea sencilla que no requiere conocimientos técnicos. Lo más recomendable es hacerla coincidir con la descongelación periódica del aparato.

Antes de empezar, es importante desenchufar el congelador para trabajar con seguridad. Una vez vacío, hay que localizar el orificio de drenaje. Con cuidado, se puede introducir un cepillo fino flexible, como los que se usan para pajitas, o un hilo de plástico semirrígido para retirar posibles restos sólidos superficiales.

Después, se puede usar una jeringa sin aguja llena de agua templada para introducir el líquido poco a poco en el conducto. El agua ayuda a disolver pequeños tapones de hielo o suciedad acumulada. Debe evitarse el uso de objetos metálicos o punzantes, ya que pueden dañar las paredes internas.

El agua debería acabar en una bandeja situada normalmente en la parte trasera del aparato, cerca del compresor. El proceso puede repetirse hasta que el agua fluya con normalidad. Antes de volver a enchufar el congelador, conviene secar bien el interior.

En los congeladores con descongelación manual, lo aconsejable es limpiar el orificio cada vez que se realice este proceso. En los modelos No-Frost, donde la descongelación es automática, basta con revisar y limpiar el drenaje una o dos veces al año.