El dormitorio sigue siendo uno de los principales espacios de intimidad en pareja, pero cada vez comparte protagonismo con las pantallas. Un estudio sobre intimidad y tecnología impulsado por Pikolin, realizado entre 500 personas de 25 a 65 años que viven en pareja, muestra que casi siete de cada diez parejas utilizan dispositivos en la cama antes de dormir. En el 60% de los casos, la última luz que se apaga en el dormitorio es la de una pantalla.
El uso del móvil se ha incorporado a la rutina nocturna como una costumbre más. Sin embargo, su presencia no es neutra. Cerca del 40% de las personas encuestadas cree que su pareja prefiere el teléfono antes que compartir ese momento del día. Esta sensación es más habitual entre quienes tienen entre 25 y 40 años, donde alcanza al 45%.
Menos conversación, menos presencia
Aunque muchas personas siguen viendo el dormitorio como un lugar clave para conectar con su pareja, las pantallas están reduciendo los momentos de charla, contacto y atención compartida. Una de cada tres personas reconoce que no suele hablar con su pareja antes de dormir, mientras que casi la mitad usa el móvil en la cama con la otra persona al lado.
Las emociones que se derivan de esta situación también aparecen en los datos. El 46% afirma sentirse invisible cuando su pareja utiliza el teléfono mientras están juntos en la cama. Un 37% reconoce sentirse culpable por dedicar más tiempo a la pantalla que a su relación, y una de cada tres personas se acuesta con la sensación de haber sido ignorada.
“La intimidad no desaparece de golpe, se va erosionando poco a poco cuando dejamos de estar presentes”, explica Anna Vicen Renner, coach de terapia de parejas. “La cama es uno de los últimos espacios donde la pareja puede encontrarse sin interrupciones. Cuando las pantallas ocupan ese lugar, se resiente la conexión emocional y, con el tiempo, también el deseo”.
Un motivo frecuente de discusión
El uso del móvil en el dormitorio no solo influye en la conexión emocional, también genera conflictos. El 43% de las personas encuestadas admite haber discutido alguna vez con su pareja por el uso del teléfono en la cama. Entre las parejas más jóvenes, el porcentaje sube hasta el 61%.
Además, casi la mitad considera que las pantallas actúan como una barrera directa para la intimidad y las relaciones sexuales. Esta percepción es aún más común entre los menores de 35 años.
“Estamos normalizando que cada uno se refugie en su pantalla justo en el momento del día que debería ser compartido”, señala Vicen Renner. “Eso genera frustración, culpa y una sensación de distancia que muchas parejas no saben cómo abordar”.
Se reconoce el problema, pero no se cambia el hábito
A pesar de que muchas personas perciben este impacto como negativo, el hábito se mantiene. El 62% desearía que el dormitorio fuera un espacio libre de pantallas y el 64% admite que, aunque sabe que el uso del móvil en la cama reduce la calidad del tiempo en pareja, sigue haciéndolo. Entre los jóvenes, el 76% reconoce que su intimidad se ve afectada por las pantallas antes de dormir.
Ana Robledo, directora de marketing de Pikolin, resume esta situación: “Vivimos hiperconectados, pero cada vez más desconectados de quien tenemos al lado. Cuidar la intimidad cotidiana empieza por la cama. El dormitorio debería seguir siendo un espacio de descanso, cuidado y conexión, recuperarlo como un lugar libre de distracciones es un primer paso para mejorar la relación con nuestras parejas”.