Más augurios: “La recesión tendrá un impacto apreciable sobre el empleo, el principal indicador de la economía española. Se destruirá medio millón de puestos de trabajo este año, lo que impulsará la tasa del paro por encima del 23 por ciento”. Estado de alerta. El final del túnel no se otea ni con  prismáticos.

El efecto Rajoy, un bluff
Por su parte, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ha advertido en Berlín del riesgo de que España caiga en una “crisis de solvencia” si no aumenta la capacidad del fondo permanente de estabilidad europeo. Continuamos, pues, de forma que empieza a ser irresistible, dando tumbos en el trapecio y apenas sin red protectora. Los millones de parados siguen creciendo. Mientras tanto,  el efecto Rajoy  se está demostrando que es un bluff. Sus palmeros –como el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo- decían hace bien poco, durante la campaña  de las elecciones del 20-N  frases estólidas como ésta: “No tengo dudas de que si gana Rajoy, se acabará la crisis”.

El castillo era de arena
Otra guinda marca guindos: “El PP devolverá la ilusión y la confianza a los españoles. Votar PP es el voto de la ilusión”. Pero el castillo era de arena. Y, como desde luego era previsible, ya se está viniendo abajo. Rajoy no transmite a la ciudadanía lo que proclama en voz alta de cuando en cuando. El día de la investidura declaró: “Sé que las cosas no están fáciles, que van a ser difíciles, pero tengo ganas, tengo ilusión y tengo determinación para llevar España adelante”. Palabrería a granel. Antes o después, Rajoy hará bueno a Zapatero y, si no, tiempo al tiempo.

El discurso de Hollande
Debería el presidente del Gobierno español escuchar el discurso  de François Hollande, el candidato socialista a la Presidencia de la República francesa: “Mi adversario real no concurrirá a las elecciones, nunca será elegido y, sin embargo, gobierna: es el mundo de las finanzas”. Hollande –atención Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón- tiene razón y, además, ha tenido el coraje ahora de decir lo que millones de ciudadanos piensan. En el inicio de la crisis, Nicolás Sarkozy manifestó que había llegado el momento de “refundar sobre bases éticas el capitalismo”. No lo volvió a repetir jamás.

El pueblo soberano
Quienes gobiernan de verdad son, en efecto, los mercados, las finanzas y las agencias de calificación. Rajoy se cree que gobierna. ¿Aún no se ha enterado que él y sus colegas representan con más o menos acierto  una ficción?  La revolución francesa consiguió acabar con el Antiguo Régimen. La segunda revolución francesa la capitaneará probablemente Hollande. Hay que impedir que sea el dinero el que en realidad mande. Que manden los elegidos en las urnas por el pueblo soberano. ¡Tomémonos en serio la socialdemocracia ante de que sea definitivamente tarde!

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM