El ministro de Transportes, Óscar Puente, en su comparecencia en la Diputación Permanente. EP
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Dicen que el azar no existe, pero el azar, o lo que sea, ha querido que el terrible accidente de trenes en Toledo haya ocurrido en plena campaña electoral. La reacción de la derecha era de esperar: bulos, acosos, y puesta en funcionamiento de una maquinaria mediática siniestra para sacar rédito de la tragedia humana.
Ante su imposibilidad de recabar votos con argumentos democráticos, se nutren de la desgracia para hacer campaña y aniquilar soezmente al contrincante. Esa maquinaria del horror que no deja de verter bulos está en funcionamiento máximo en tiempos preelectorales y más tras la tragedia del accidente de Urda. Mienten más que hablan los que, como decía el periodista Emilio Romero, trabajan para 200 familias, y, según parece, también para Israel.
Alguna voz cualificada ha destacado, incluso, la posibilidad de que puede haber habido una planificación previa, al tener en cuenta que las empresas de seguridad subcontratadas tienen capital israelí. Y aquello de “el que pueda hacer que haga” puede traer mucha cola. Hay que huir de teorías conspiranoicas, pero también hay que abarcar todas las circunstancias y toda la información. Porque la realidad puede superar, y de hecho supera muchas veces, cualquier ficción, muy especialmente cuando se trata de qué son capaces las derechas para llegar a Moncloa.
En estos días, por ejemplo, hemos sabido que la editora de OK Diario, un medio de cabecera del Partido Popular, suculentamente financiado por las dos administraciones madrileñas del PP, ha pagado 242.000 euros para costear la defensa de Koldo García. Es decir, no fue el PSOE quien hiciera abono alguno para protegerle, sino ¡oh, sorpresa!, la protección le llegó por parte de la derecha. Presuntamente como pago por servicios prestados. La intuición más primaria nos hace imaginar cuáles fueron esos servicios, y señala muy seriamente la posibilidad de que el famoso caso de Koldo y Aldama ha sido una trama orquestada desde las derechas. No sería, ni será, la primera vez.
PP, Vox y Junts, el pasado 25 de junio en el pleno del Congreso, votaron en contra del real decreto ley que financiaba con 671 millones de euros a Renfe; dinero que iba destinado a renovar los trenes de servicio público y completar la flota de servicios comerciales. ¿Qué legitimidad moral tienen estas derechas para vociferar contra el mal funcionamiento de los trenes en España si ellos mismos son parte importante del problema? Y no sólo en este caso. Se oponen sistemáticamente a todo que suponga mejora o bienestar en la vida de los ciudadanos.
El mayor accidente de trenes en España en democracia es el que ocurrió en 2013, en Angrois, Santiago de Compostela, siendo presidente autonómico el señor Feijóo, dejando ochenta muertos y 150 heridos. No se trata de acudir al “y tú más”, pero conviene ser conscientes de que la diferente vara de medir de las derechas es vergonzosa; en esa tragedia desde el PP se expresaba que la petición de investigación por parte de otros grupos políticos era poco menos que una locura. Y a la señora ministra de Transportes de entonces, Ana Pastor, nadie le pidió dimitir y no se le exigió ninguna comparecencia. ¿Ante cuánto cinismo nos encontramos?
En los gobiernos Rajoy, los recortes en la financiación del sistema ferroviario fueron clamorosos; de aproximadamente el 70%. Bajo el gobierno de Sánchez esa financiación se incrementó cerca del 50% en alta velocidad, aunque aún no ha compensado del todo las tijeras de la derecha. Sin olvidar la liberalización (entre 2003 y 2013) del transporte ferroviario, impuesto por la Unión Europea (liderada por la derecha neoliberal); y la privatización de los servicios de mantenimiento y seguridad, ahora gestionados por empresas con contratas y subcontratas. Con todo lo que ello significa.
Pero la razón, con las derechas, no cuenta. La irracionalidad es lo suyo. Y Oscar Puente ha dimitido. Asume una responsabilidad política que no es suya, por todo lo expuesto, porque estuvo desde el minuto uno, y porque la tragedia no ha sido causada por ninguna orden ni ninguna gestión suyas. La presión era mucha, sobre todo por parte de los que nunca asumen responsabilidad alguna. Y me remito a casos como la Dana en Valencia, el caso Yak-42, atentados del 11M, 7.291 muertos en residencias de la comunidad de Madrid, y muchos etcéteras más. Puente ha sido y espero que siga siendo un gran activo para el PSOE y, en general, para todos los progresistas. Un gran apoyo para Sánchez. Gran político, muy inteligente y muy humano, y estoy segura de que muy buena gente. De una lucidez pasmosa, que es lo que este país necesita para enfrentarse a los carroñeros. España ha perdido a un gran ministro.
Por supuesto que no todos los políticos son iguales, es más, entre unos y otros puede haber diferencias abismales. Decía el escritor brasileño Jorge Amado: “Sólo puedo decir que derecha para mí quiere decir corrupción, hambre, miseria, dictadura; en cuanto para mí decir izquierda significa decir paz, no ver miseria, tener trabajo, cultura, libertad...”. Personalmente, cada día estoy más convencida de ello. Aunque mucho acrítico y mucho imbécil (con perdón) aún no se han dado cuenta.
Coral Bravo es Doctora en Filología




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