El próximo 28 de abril España se juega mucho más que una nueva legislatura, se juega la vuelta al pasado o seguir viviendo en el siglo XXI. El más que previsible triunfo del PSOE en las elecciones no garantiza que Pedro Sánchez se mantenga en la Moncloa. Y a eso se agarran, como a un clavo ardiendo, los conservadores. El escenario elegido es la ultraderecha y la fórmula, la desesperación. Esa desesperación lleva a proponer barbaridades, a mentir, a caer en deslices freudianos o, directamente, al insulto. Una muestra de lo que nos espera si, finalmente, es la derecha la que suma.

La sobreexposición, la falta de escrúpulos y la verborragia de Pablo Casado generan un cóctel explosivo ante el que no se puede mirar hacia otro lado. Avisados estamos. No habrá excusas.

El último charco que ha pisado el candidato del Partido Popular es el del salario mínimo, anunciando que lo bajaría hasta los 850 euros en el año 2020. Después, lo sabido, culpar a los periodistas por reproducir lo que él había dicho y calificándolo de fake news. Pero este ha sido solamente un eslabón más en la larga cadena de despropósitos de los genoveses durante la precampaña. Ya resulta lejana aquella propuesta rocambolesca a cuenta de las mujeres inmigrantes embarazadas, pero mal haría el votante en olvidarla. Las explicaciones posteriores no alcanzaron para negar lo que se había dicho: poco menos que blindar a las mujeres en situación irregular a cambio de que entregaran sus hijos en adopción.

Para Pablo Casado todo es poco, así que, después de dedicarle hace unas semanas 19 insultos al presidente del Gobierno, en una desafortunada intervención (una más), le acusó de preferir “las manos manchadas de sangre que las manos pintadas de blanco”. Sí, aunque parezca increíble, el Partido Popular trae otra vez a una ETA ya desmantelada al centro del debate político. Como estrategia, no parece la mejor. Y si hablamos de humanidad, es deleznable.

La sobreexposición, la falta de escrúpulos y la verborragia de Pablo Casado generan un cóctel explosivo ante el que no se puede mirar hacia otro lado

Las mentiras flagrantes también cuentan. Y si el gobierno de Sánchez ha caído por la falta de apoyo a los Presupuestos por parte de los partidos independentistas catalanes, al no ser aceptados los 21 puntos propuestos por Torra, pues se dice que el Gobierno se entregó a los independentistas y que Sánchez aceptó los 21 puntos. Qué más da.

En esta vuelta al pasado no podía faltar el aborto. Y en este caso, la medalla es para Adolfo Suárez Illana, el número dos en las listas de Madrid. Lo único que se ha entendido de su explicación es que quiere derogar la ley de interrupción voluntaria del embarazo, porque se ha liado con los neandertales, los abortos en Nueva York y los cortes de cabezas. Afortunadamente, ha hablado con abogados de la ciudad norteamericana y le han aclarado que su afirmación no era correcta.

Hablando de nonatos, la perla ha sido de Isabel Díaz Ayuso, candidata de los populares a la Comunidad de Madrid, que anunció que los concebidos no nacidos contarán para las ayudas a familias numerosas. Si, por lo que fuera, el niño no naciera, ¿qué pasaría con esas ayudas? Díaz Ayuso tiene la respuesta: “no lo he pensado”.

Presas de su angustia se han echado al monte. Tanto, que hasta ruegan a sus compañeros de viaje de Vox que no se presenten en determinadas circunscripciones. Ya puestos, que pidan que no se presenten otros partidos a las elecciones, para así lograr una victoria segura.

No hay mejor metáfora del presente del PP que lo que ocurrió ayer en su sede de la calle Génova, en Madrid. Al intentar colgar el cartel con la cara de Casado y el lema “valor seguro”, se desprendió la fachada. Parece una advertencia de la providencia: España no merece un presidente como usted.

Enric Sopena es Presidente Ad Meritum y fundador de ElPlural.com