La escalada de odio no es casual. La política no deja de ser un reflejo de la sociedad del momento, y viceversa, en el que una y otra se retroalimentan. Evidentemente, hay quienes se desvinculan de las tendencias y, según cuál sea esa tendencia, mantienen un halo de esperanza.

En el sentido estrictamente parlamentario, no está todo perdido, desde luego, aunque los resultados de Extremadura, Aragón y Castilla y León puedan conducir a pensar lo contrario. Y en el social, queremos imaginar que lo que pasa en las urnas, en muchas ocasiones, se debe a otros factores que no tienen tanto que ver con el mensaje contra el diferente que siembra la extrema derecha.

Insultos, agresiones y doble vara de medir

Lo que es evidente es que el aparato mediático de ésta funciona a todo gas, y así ha quedado demostrado en las últimas semanas y meses, desde la agresión a Sarah Santaolalla, que fue además víctima en redes sociales de acoso por parte de sus detractores -también recibió muchos mensajes de cariño, que ella misma ha agradecido- hasta un partido de fútbol, pasando por la detención del exdiputado de Podemos Serigne Mbayé que algunos aplaudieron, o situaciones más graves y a gran escala en el ámbito internacional.

Respecto de esto último, mientras el Gobierno de España ensalza el ‘No a la Guerra’, los ultras, pero también un PP arrastrado por las posturas que pretenden retroceder en derechos y libertades por la aritmética electoral, aplaudieron la entrada ilegal de Estados Unidos en Venezuela o celebran los ataques de Donald Trump en Irán.

Todo a la vez que callan ante el genocidio que Israel lleva meses perpetrando en Gaza, donde la situación desde octubre de 2023 es si cabe más insostenible para la población gazatí o, de estricta actualidad, con la prohibición del país de Benjamín Netanyahu al patriarca latino de oficializar la misa de Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro que a Vox y compañía les costó condenar. El PP cargó contra Sánchez en las últimas horas después de este hecho insólito

El partido que el pasado martes enfrentó a España y Egipto es un buen ejemplo de cómo cala el mensaje. Y aunque no es el más grave si se compara con algunos de los narrados anteriormente, sí que es palpable. Un evento que, a priori, tenía todos los ingredientes para ser una fiesta: la selección no se jugaba nada, se disputaba en Barcelona, donde los últimos años la tensión política ha sido protagonista e incluso había futbolista que la afición podía ver con la elástica española por primera vez. Un encuentro, en definitiva, para ir al campo con tu hijo, por ejemplo, y pasar un rato agradable.

Sin embargo, el enfrentamiento se vio enturbiado por los cánticos racistas y xenófobos de parte de la grada, que entonó en reiteradas ocasiones la proclama “Musulmán el que no vote”, así como insultos a Joan García, portero del F.C Barcelona y ex del Espanyol (el enfrentamiento se disputó en el estadio de los periquitos) o gritos de “Hijo de p…” a Pedro Sánchez. Tampoco pasó desapercibido el expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Una 'cadena de mando' perfecta

Lo ocurrido en la Ciudad Condal, como en tantas otras ocasiones -recordemos que el verano pasado e diferentes fiestas se popularizaron las mismas palabras contra el presidente del Gobierno-, podría quedarse en una cosa de cuatro indeseables si se obvia a quienes hay detrás que, por otra parte, no se esconden.

Desde agitadores como Vito Quiles o Bertrand Ndongo -que se han hecho un nombre propio, cuanto menos discutible eso sí, en esto- hasta representantes de partidos políticos -casualmente siempre los mismos- pasando por medios de comunicación, que también tienden a ser los de siempre.

Cuando la todavía mayoría condenaba lo acontecido en Cornellá, Quiles, entre otros mensajes, mandaba “al cuerno” a “todos los analistas, opinadores y progres”. “Pitar el himno de España, quemar la bandera en una plaza y mancillar el escudo de la Nación es ‘libertad de expresión’. Pero un cántico en un partido de fútbol contra el rival es un ‘gesto racista”, escribía en la red social X.

Ndongo, por su parte, publicaba tuits de este tipo

A ellos les acompañaron otros como el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, que respondía a los periodistas que tildaban lo que había pasado de “barbaridad” diciendo que “barbaridad es que se hayan disparado las violaciones”, que “la mayoría de presos sean de nacionalidad extranjera”, que “España se haya consolidado como el país con más detenciones yihadistas en Europa” o que “se cedan más estadios para el Ramadán que para que juegue la selección de fútbol en Cataluña”.

Y el tercer eje, el mediático. OkDiario calificaba de “clamor” los insultos contra el responsable primero del Ejecutivo de coalición. Esta ‘cadena de mando’, a veces en otro orden, resultan en los comportamientos que se reproducen en las calles, donde antes daba vergüenza mostrar según qué comportamientos, ahora vuelven a llevarse con orgullo.

Más ataques lgtbifóbicos y menos feminismo

Algunos datos muestran tendencias al alta de los delitos de odio en este espacio. En el último año, según cifras de COGAM, un 16,3% de personas LGTBI han sido agredidas en el último año, lo que implica un incremento de las agresiones a las personas por su condición u orientación sexual, mientras que las fuerzas progresistas intentan avanzar en derechos hacia ellas con las piedras que las reaccionarias ponen en el camino.

También existe una brecha de género creciente entre la juventud, con un aumento notable de actitudes antifeministas y de rechazo por la igualdad entre el hombre y la mujer, entre los varones de entre 15 y 29 años. Los últimos números apuntan a que el porcentaje de jóvenes que se identifica como feministas descienden un 50%.

Las redes sociales, donde más se mueve el odio

Pero si hay un escenario en el que se aprecia odio ese es las redes sociales. La matemática confirma lo que se ve a simple con un rastreo rápido: que este sentimiento campa a sus anchas por internet, en la mayoría de ocasiones sin que haya consecuencias porque quienes lo promueven se esconden tras el anonimato.

De esta manera lo muestra el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, que contabilizó más de 68.000 mensajes en septiembre del año pasado, mientras que otros estudios apuntan a unos 190.000 en julio. En el conjunto del año éste tipo de agresiones tuvo un crecimiento contenido y registró picos coincidiendo con momentos de actualidad como los disturbios de Torre Pacheco.

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