El Gobierno de España ha elevado el tono diplomático frente a Israel tras la polémica decisión de impedir la celebración del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro de Jerusalén, mientras la oposición del Partido Popular ha optado por guardar silencio ante un episodio que ha generado una amplia condena internacional. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha confirmado este lunes que el Ejecutivo ha convocado a la encargada de negocios de Israel en España para trasladarle de manera formal la “protesta” del Gobierno. En declaraciones a RAC1, Albares ha afeado que la Policía israelí haya impedido al patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, oficiar la misa de Domingo de Ramos, una celebración clave del calendario cristiano que tradicionalmente se ha desarrollado sin incidentes.
El jefe de la diplomacia española ha subrayado que se trata de una decisión “inédita”, adoptada por el Gobierno de Benjamin Netanyahu y justificada por motivos de seguridad. Sin embargo, Albares ha sido contundente: el Ejecutivo ha trasladado que este tipo de actuaciones “no puede volver a repetirse” y ha defendido que el culto católico debe celebrarse con normalidad, tal y como ha ocurrido históricamente.
La reacción del Gobierno ha ido en línea con la postura expresada previamente por el presidente, Pedro Sánchez, quien ha denunciado en la red social X que la prohibición ha supuesto un “ataque injustificado a la libertad religiosa”. Sánchez ha criticado que las autoridades israelíes hayan impedido la celebración “sin explicación alguna, razones ni motivos”, y ha reclamado respeto al derecho internacional y a la diversidad de credos, advirtiendo de que “sin tolerancia es imposible convivir”.
Frente a esta posición, el PP ha evitado pronunciarse sobre la decisión de Netanyahu. Ningún dirigente del partido ha valorado públicamente la prohibición de una de las celebraciones más importantes de la Semana Santa, lo que contrasta con la respuesta de otros líderes internacionales como Giorgia Meloni o Emmanuel Macron, quienes han criticado la medida.
En lugar de ello, desde el PP han dirigido sus críticas hacia Sánchez. La dirigente popular García ha cargado contra el presidente del Gobierno, señalando que es “el presidente que no felicita la Navidad, pero sí felicita el Ramadán”. Además, ha afirmado que el mensaje publicado por Sánchez buscaba “la redención” ante una complicada semana judicial, en referencia a causas que afectan a figuras de su entorno político. Según García, la próxima semana se le va a convertir en una “semana de penitencia”.
El silencio del PP también se ha extendido a otros asuntos internacionales. García tampoco ha querido valorar los planes de Donald Trump para una posible invasión militar sobre Irán. En cambio, sí ha criticado la decisión del Ejecutivo español de vetar el uso del espacio aéreo a aviones que participen en bombardeos sobre el país persa, calificándola de “improvisada” y como reflejo de la “debilidad internacional” de Sánchez.
Las instituciones religiosas alzan la voz
Mientras tanto, desde el ámbito religioso, las críticas han sido especialmente contundentes. El Patriarcado Latino de Jerusalén ha condenado el incidente, calificándolo como un “grave precedente” que ignora la sensibilidad de millones de fieles en todo el mundo. La institución ha denunciado que impedir el acceso al cardenal Pizzaballa constituye una medida “irrazonable y desproporcionada”, y ha lamentado que la decisión haya sido “precipitada y fundamentalmente errónea”, vulnerando principios básicos como la libertad de culto y el respeto al statu quo.
Además, los responsables de las Iglesias de Jerusalén han recordado que, desde el inicio de los conflictos recientes en la región, han actuado con “plena responsabilidad” al aceptar restricciones, lo que refuerza su rechazo a una medida que consideran excesiva.
La crítica también ha llegado desde el Vaticano. El Papa, León XIV, ha señalado que “es la guerra la que ha interrumpido nuestro camino festivo”, y ha añadido que “Jesús llora una vez más por Jerusalén”, en una clara alusión a la situación en Palestina. El pontífice ha contrapuesto la figura de Jesús como “Rey de la paz” frente a un contexto marcado por la violencia, subrayando el contraste entre la mansedumbre y la escalada bélica.